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En Belalcázar (Cauca) duermen vestidos por temor a erupción del volcán nevado del Huila

En ese municipio, de 33 mil pobladores (3.500 en el casco urbano), han tenido que afrontar dos avalanchas del río Páez por la erupción del Huila.

Por: Redaccin ELTIEMPO

La más grave fue la del 6 de junio de 1994, que dejó unos mil muertos, incluyendo a cinco socorristas de la Cruz Roja.

El 29 de marzo pasado, Ingeominas declaró la alerta naranja y advirtió de una posible erupción en cuestión de días o semanas, que podría afectar otra vez el pueblo.

El Comité Local de Prevención de Desastres ordenó el cierre del único colegio del municipio, que alberga a 1.100 estudiantes, declaró la alerta máxima en el hospital y programó reuniones extraordinarias con los líderes de los 15 resguardos indígenas que hay en la zona.

En el pueblo, aunque algunos dicen que ya se acostumbraron al miedo, desde el día en que se declaró la alerta máxima se agotaron los tapabocas, las gasas, el Isodine y el agua oxigenada en la única farmacia. También se agotaron en las tiendas las velas y las baterías para linternas.

Luz Estela Lemus, empleada de servicios generales del Hospital de Belalcázar, de 35 años, tiene dos pares de botas de caucho al lado de su cama (para ella y su esposo Alirio) y una maleta con carpa, botiquín y víveres.

Todos los días, a las 12 en punto, en este alejado pueblo clavado entre las montañas de las cordilleras Oriental y Occidental suena la sirena que les recuerda, por lo menos a quienes viven en el casco urbano, que están en alerta. Saben que si suena dos veces es porque se vino la avalancha y tienen 20 minutos para evacuar.

La gente sabe qué hacer, dice con cierta tranquilidad Jorge Quintero, director de la Cruz Roja en Belalcázar, quien dirigió un simulacro de desalojo, el pasado 12 de febrero.

"Hasta los niños saben que si están en clases y se da la avalancha deben salir corriendo a alguna de las ocho rutas de evacuación y no ir a sus casas a buscar a sus padres, porque podrían correr riesgos", explica.

Otros pobladores, como Olga Velásquez, dueña de una peluquería, han alquilado habitaciones en fincas de la parte alta de la cordillera para almacenar colchones y víveres, por lo menos para una semana en caso de una tragedia.

No hay albergues

Los pobladores no son los únicos que no están bien preparados. Quintero se queja porque en su entidad de socorro no tienen equipos de rescate, camillas, vehículos suficientes, motobombas, carpas, mascarillas industriales, ni camillas canasto para transportar heridos.

Ni siquiera tienen equipos básicos como cuerdas, linternas y botiquines, asegura el socorrista, que se turna con sus 28 compañeros para hacer de centinelas del volcán.

En la misma situación están los Bomberos y la Defensa Civil, que piden a gritos apoyo.

Ante las campañas oficiales, indígenas y campesinos se organizaron por cuadrillas con pico y pala para arreglar las rutas de evacuación, que están en pésimo estado, sin señalización y sin iluminación.

Para arreglarlas, dice el alcalde, James Yasnó, se requieren 270 millones de pesos.

Tampoco hay albergues, pues las llamadas 'zonas seguras' son tres lugares desolados en los que no hay nada.

El Sistema Nacional de Prevención de Desastres envió 12.000
hojas de zinc para este fin y se espera que la Corporación Regional del Cauca, CRC, done madera incautada para construirlos.

"El problema aquí es que quieren ayudar cuando ya haya pasado la tragedia, pero nosotros no queremos ser otro Armero, por eso, con las uñas, nos estamos preparando para la erupción", asegura Yasnó.

En un café Internet, que a su vez funciona como oficina de una organización indígena, se mantienen en pantalla los sismógrafos del Ingeominas, que dan cuenta de los movimientos del volcán en línea directa.

"El volcán se mantiene con altibajos. Desde el lunes hay períodos de incremento de la actividad y otros donde se disminuye, por eso consideramos que la alerta continúa, el sistema está muy inestable", dijo ayer Adriana Agudelo, coordinadora del observatorio vulcanológico y sismológico de Popayán.

Los indígenas que viven en zona rural, casi el 80 por ciento de la población total, son los más vulnerables ante una eventual avalancha del Páez.

En algunas zonas de alto riesgo, como el cañón del río Símbola, en los caseríos de Maravillas, La Aurora, Pueblo Nuevo y Calderitas, no tienen sistemas de comunicación ni energía eléctrica, lo que impide, ante una eventual avalancha, alertar a sus pobladores. En la comunidad de La Estrella se ubicó un radio base, pero no funciona bien porque requiere de paneles solares para funcionar, que no han llegado

En el resguardo de Wila, se presenta una dificultad adicional: el conflicto armado. En la zona, de influencia guerrillera y a donde llegó el Ejército en enero del 2008, los constantes enfrentamientos y el temor en sus habitantes dificultan las labores de prevención y atención de los organismos de socorro.

Por eso, este fin de semana, 15 gobernadores indígenas discutirán la situación en una reunión extraordinaria que espera instaurar en su zona las mismas medidas que se tomaron en el casco urbano.

Así se afectaría la zona con 4 tipos de avalancha

1. Según un estudio de Ingeominas, si bajan por el Páez 75 millones de metros cúbicos de agua y lodo no se afectaría el casco urbano de Belalcázar.

2. Si bajan 320 millones de metros cúbicos (como en la avalancha del 6 junio de 1994) se afectarían 160 viviendas del pueblo.

3. Si baja una avalancha de 600 millones de metros cúbicos se afectaría la zona baja del pueblo, la cancha de fútbol y la escuela.

4. Si se produce el deshielo de la superficie del volcán, que está agrietada, se generaría una avalancha de mil millones de metros cúbicos de agua, que afectarían todo el pueblo. Solo quedarían en pie el parque y la torre de la iglesia.

El miedo también se siente en cinco municipios del Huila

Otro departamento que se vería seriamente afectado con una avalancha en el río Páez es el Huila.

Especialmente se afectarían los municipios de Hobo, Nátaga, Paicol, Tesalia y La Plata.

En este último se afectarían 300 familias.

Además, por la cercanía con el Cauca, se prevé que puedan llegar damnificados y desplazados, como ocurrió en 1994. Los Bomberos de ese municipio no tienen equipos de rescate y hace tres meses que no les pagan su salario.

"En Cauca sería la mayor catástrofe, pero a Huila llega la bomba social, los desplazados, enfermos y damnificados. No tenemos logística, no tenemos equipos y los cuerpos de socorro están sin dotación para atender la emergencia anunciada", dijo Valentín Clavijo, secretario de gobierno de La Plata.

JORGE ELIÉCER QUINTERO
ENVIADO ESPECIAL DE EL TIEMPO
BELALCÁZAR (CAUCA)

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