EL TIEMPO encontró a una adolescente que dejó de ir porque no soportaba las burlas de sus compañeras y un maestro que castigaba a sus alumnos punzándoles la cabeza con un lápiz.
También conoció un colegio al que los estudiantes van armados para defenderse.
Pero al igual que eso, está la historia de superación del colegio antes llamado Naciones Unidas II y hoy José Jaime Rojas, en honor al rector que fue asesinado hace ya casi un año, por uno de sus estudiantes.
Los testimonios aparecen luego de ser revelado la semana anterior una encuesta donde 56 de cada 100 estudiantes declararon haber sido robados en su propio colegio y 32 de cada 100 que han sido vÃctima de maltrato fÃsico por parte de sus propios compañeros.
'Nos roban con destornilladores' Al hermano de Julián le preguntaban a qué horas salÃa el que tenÃa celular con cámara. Y eso bastó para que su mamá lo cambiara de colegio. Pero Julián no se amañó en la institución nueva y volvió a su colegio en la localidad de Engativá.
En el último año lo han robado tres veces en la puerta. "La última vez me enterraron un destornillador en la pierna. Me rompieron el bluyÃn y me hicieron una herida", cuenta. Los agresores son sus mismos compañeros de colegio, que se juntan con otros que fueron expulsados y atacan en grupo en la puerta del colegio.
Julián nunca ha denunciado esto a sus profesores por temor a represalias. Sus compañeros cargan 'patecabras' que exhiben a la salida para defenderse. Más o menos una vez a la semana la policÃa custodia la salida del colegio, el resto de los dÃas los estudiantes se defienden solos.
"Cuando sale el último, el celador cierra la puerta y se encierra en el colegio. Los profesores salen en sus carros sin ningún problema".
Pese a esta situación Julián no cambia su colegio. "Ahà están mis amigos, afirma.
Tortura con la punta del lápiz "Tres años duró mi hija en ese colegio bilingüe, y los dos primeros fue la mejor estudiante. Hasta que empezó primero de primaria.
"SofÃa no se querÃa levantar. Lloraba antes de entrar al colegio y la cara se le iluminaba cuando la recogÃamos, como que descansaba. Un dÃa me contó que su director de grupo le decÃa que no era una niña inteligente, que era una mediocre que no servÃa para nada. Y cuando ya tenÃa demasiada rabia le enterraba la punta del lápiz en la cabeza.
"Yo le descubrà pequeñas costras en el cráneo y confronté al profesor. Me imagino que lo hacÃa en esa parte del cuerpo para que no quedara evidencia. Él nunca lo negó y cuando hablé con sus superiores dijeron que tomarÃan medidas.
"Yo saqué a la niña del colegio, seis meses antes de que se cumpliera el año escolar, pero el profesor sigue trabajando ahÃ. En ese colegio no les importa la parte emocional de los niños. Solo les preocupa la parte académica.
'Mis compañeras le pegaron hasta a mi mamá' "Quisiera nunca haber nacido", escribió Erica en una carta al coordinador de su colegio en la zona franca de Fontibón. La redactó encerrada en un salón, por miedo a ser golpeada a la salida.
Los problemas empezaron cuando aceptó ser novia de Mauricio, un niño de sexto, un grado más abajo de ella. Empezó a correr el rumor de que él la habÃa apostado y que los amigos le pagarÃan 20 mil pesos por cada mes que estuviera con ella.
"Unas niñas de noveno empezaron cantándome canciones. Me decÃan pobrecita, cachona, zorra, cagona. Cuando pasaban por mi lado me estrujaban y me decÃan que a la salida me iban a pegar", cuenta Érica.
Entonces la niña, de 13 años, dejó de ir al colegio. Se vestÃa y salÃa con su morral de su casa, pero se iba donde una amiga que estudiaba en la jornada contraria.
La entrega de boletines evidenció las faltas, y su mamá empezó a llevarla hasta el colegio. "La primera vez me devolvà llorando y después decÃa que iba a sacar una fotocopia y me volaba", cuenta. Una vez la mamá fue a hablar del problema con el coordinador y un grupo de 8 niñas las cogieron a golpes a las dos frente a su oficina. Hicieron varias reuniones con las directivas, pero las niñas la buscaban a la salida del colegio.
Erica superó las 30 faltas durante el año y por eso perdió el cupo en el colegio. Las niñas que la molestaba sà pudieron seguir estudiando allÃ.
*Nombres cambiados.
Reemplazó a rector asesinado por un estudiante "Dudé mucho en aceptar ser rectora de este colegio, después de que al anterior rector lo mató un estudiante con un arma blanca, hace menos de un año.
"Mi familia al principio no querÃa que yo tomara el trabajo, pero yo decidà aceptar. Sentà que Dios querÃa que hiciera eso. Además me asustaba reemplazar a una persona con la que trabajé y admiré tanto.
"Me encontré con una comunidad adolorida. El 80 por ciento de los profesores se fueron. Me quedé con menos de 10 y tuvimos que traer a unos nuevos.
"Era común que los alumnos cuestionaran a los maestros 'si al rector que era tan bueno lo mataron ¿qué le harán a usted?'" "Asà que tuvimos que empezar un gran proceso de reconciliación para manejar el duelo. Contamos con el apoyo de la fundación Paideia, la Cámara de Comercio de Bogotá y la SecretarÃa de Educación.
"Lo primero que hicimos fue abrir espacios para escuchar a los estudiantes. Saber qué pensaban, qué sentÃan y cómo creÃan que podÃamos mejorar la situación.
"Hicimos jornadas de desarme fÃsico y espiritual. Los muchachos escribieron en papel las cosas de las que querÃan desarmarse y luego las quemaron.
"Tenemos un pacto del desarme que fue iniciativa de los alumnos. Cuando un compañero ve a otro armado nos informa de inmediato. Y los bisturÃs que utilizamos en clase, son recogidos y guardados por los profesores.
"Los programas artÃsticos fueron muy importantes para lograr el buen clima escolar que tenemos hoy. Por ejemplo, hacÃamos talleres a partir de obras de teatro sobre el respeto a la diferencia.
"Yo puedo medir que las cosas han mejorado en la buena disposición de los alumnos y profesores para colaborar en actividades extracurriculares, y para denunciar lo que no está funcionando bien".
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