En lo más alto del arco toral -soporte sobre el que se sostiene la estructura del techo del templo- se impone la terrible imagen con cuernos, barba y una mordaza en la boca.
Se hizo popular en Colombia porque era la imagen de presentación de la serie de televisión Los pecados de Inés de Hinojosa.
Cuenta la historia local que fue instalada por los sacerdotes jesuitas que construyeron el templo en 1632, con el propósito de que los indígenas entendieran el concepto del bien y del mal.
Otros afirman que el propósito fue el de obligar a los aborígenes a levantar la mirada ante el altar mayor del templo, donde está la imagen de Cristo.
Algunos más cuentan que, como los indígenas adoraban figuras como la del toro, los jesuitas acudieron a la imagen del diablo para que, por los cachos, la asimilaran y se dejaran evangelizar.
Lo anterior lo sustenta Neyiht Lohana Gaitán Rincón, una niña de 9 años que cumple labores de guía turística. "El diablo fue colocado ahí porque los españoles en esa época trajeron varios dioses, como el del mal y el del bien. El del mal, el diablo, era para asustarlos, y el del bien, Dios, era para robarlos", afirma.
"El diablo de Tópaga está amordazado para simbolizar que el demonio se encuentra atado en la casa de Dios", afirma el párroco del municipio, Marco Antonio Cucaita.
"Los españoles instalaron en la iglesia un altar con espejos para atraer a los indígenas. Con esto lograron llamar su atención, pero no conseguían que ellos miraran la imagen de Cristo en el altar mayor", precisa Pedro, un anciano de Tópaga.
El padre Marco Antonio Cucaita cuenta que algunos padres amenazan a sus hijos con el diablo del templo para que se porten bien en la casa y en el colegio, pero que cuando los muchachos crecen ya le pierden el miedo al conocer la verdadera historia.
Sin embargo, los más asombrados son los forasteros que no comprenden, y hasta se asustan, al ver en las alturas de la iglesia una imagen así. No obstante, se ha convertido en todo un atractivo turístico.
El diablo que se queda.
Aunque no se lo achaca precisamente al demonio, el párroco de Tópaga se queja porque malhechores se han llevado varias obras antiguas de la iglesia.
"Por ser monumento nacional no podemos intervenir la iglesia. Hace dos años venimos gestionando ante el Ministerio de Cultura que nos dejen pintar el templo o que ellos le hagan mantenimiento, pero no hemos recibido respuesta positiva del gobierno", precisa el párroco. Sin embargo, en la restauración no se le pasa por la cabeza quitar al diablo, pues pese a temores y leyendas, hace parte de la historia del pueblo.
HÉCTOR H. RODRÍGUEZ A.ENVIADO ESPECIAL DE EL TIEMPOTÓPAGA (BOYACÁ)
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