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Aunque no se condenó a Colombia, resolución de la OEA dejó más satisfecha a Ecuador

Fueron 17 horas de alta tensión y muchas frustraciones que al final culminaron en una tibia decisión donde no se aceptó el argumento de la 'legítima defensa'.

Eso, a grandes rasgos, es el resumen del Consejo de Ministros de Relaciones Exteriores que se dieron en cita la sede de la OEA en Washington para tratar de poner punto final a la crisis que se generó entre ambos países tras la incursión militar que acabó con la vida de Raúl Reyes y otros 17 guerilleros de las Farc en territorio ecuatoriano

Para la mayoría de los cancilleres que acudieron, 19 en total, y el resto de las 34 delegaciones, el punto de partida debía ser la Resolución acordada en la Cumbre de presidente del Grupo De Río en República Dominicana.

Alegaban, con algo de sentido, que los Cancilleres o la OEA no podían ser inferiores a lo que había sido pactado por los jefes de Estado en República Dominicana.

Pero el obstáculo, desde el inicio, fue tanto Colombia como Ecuador intentaron desviarse de ese mandato: Colombia tratando de conseguir una resolución menos crítica y que recogiera las recomendaciones de la Misión de la OEA que viajó a la zona fronteriza y que sugería, entre otras cosas, crear una misión de verificación para asegurar que se cumplieran los compromisos bilaterales de cooperación fronteriza ya existentes y hasta fortalecerlos.

Y Ecuador pretendiendo no solo que se dejarán por escrito los mismos puntos acordados en República Dominicana, sino buscando una condena formal del ente hemisférico y pretendiendo
excluir cualquier mención que no se refiriera al incidente puntual.

Específicamente, el que hablaba del compromiso de los países a combatir a grupos irregulares, pues eso implicaba reconocer que fallaba a la hora de contener a las Farc.

El caso colombiano


Lo que pocos entendieron de la Cumbre del Grupo de Río fue que debajo de los abrazos y aplausos que pusieron fin al rompimiento de las relaciones con Venezuela, Nicaragua y Ecuador había quedado una fuerte Resolución que dejó mal parado al país.

El presidente Álvaro Uribe aceptó la violación de la soberanía, pedía excusas, prometía nunca más repetirlo y reiteraba todos los artículos de derecho internacional que hablan de la inviolabilidad del territorio de otro país. Lo más fuerte, sin embargo, fue el "rechazo" de los países a la incursión colombiana y la exclusión de cualquier mención a que Colombia había obrado en "legítima defensa".

La orden pues era suavizar Río y asegurarse que de la cita de Cancilleres saliera el establecimiento de un mecanismo de verificación que garantizará la cooperación ecuatoriana en zona de fronteras. Y buena parte creía que algo podía lograr: la OEA con el todo poderoso Estados Unidos en el asiento grande y con "otros aliados" como México y algunos centroamericanos era un escenario más ideal que Río. Creía, también, que los hallazgos en el computador de Raúl Reyes, que daban cuentan de los nexos entre Venezuela y Ecuador con las Farc, fortalecían su mano.

Suavizarla quería decir, por ejemplo, que no se hiciera mención de los artículos 19 y 21 de la Carta de la OEA que hablan de inviolabilidad. Y por eso amenazó toda la noche con exigir que, de incluirse, debía quedar también el 22, que habla de legítima defensa.

Suavizarla también era eliminar el "rechazo", pues eso implicaba un juicio de valor que no reconoce que pudo haber una justa causa. En ambos puntos tenía a E.U. de su lado. El corazón de la política de seguridad de la administración Bush, y que legitimó las invasiones de Irak y Afganistán -al igual que otras pasadas o futuras-, se basa en estas premisas.

Para muchos cancilleres, sin embargo, no tenía sentido que Colombia no estuviera a la altura de lo convenido por el propio Uribe solo por que estaba en un foro que le era más favorable. Como tampoco que Ecuador pretendiera ir más allá en su esfuerzo de condenar al país o evadir el compromiso de combatir a grupos ilegales cuando el mismo presidente Rafael Correa así lo había pactado.

Las posiciones extremas, por supuesto, eran más una estrategia de negociación. Como cuando el vendedor y comprador de una casa se sientan a debatir el precio de una casa. Y en eso se fueron las 17 horas, sin contar el domingo que también estuvo lleno de reuniones bilaterales entre países.

"Nuestro objetivo central -dice el canciller Fernando Araujo- era dar vuelta a la página y concentrarse en los mecanismos que ayuden a prevenir este tipo de incidentes. Y había que negociar unas cosas por otras".

Y durante buena parte del día las cosas avanzaron bien pues Ecuador aceptaba las recomendaciones del informe de la misión de la OEA y, por lo tanto, cualquiera otra concesión en el articulado de la Resolución del grupo de Río se traducía en contundente victoria. Pero se atravesó Venezuela, al que le preocupaba el concepto de la misión para verificar el cumplimiento de los acuerdos fronterizos. Ceder en eso implicaba que, a futuro, le podían enviar una misión semejante al la frontera colombo venezolana y se creaba un precedente.

Ecuador, que a esa hora ya estaba resignado, se opuso también.
Al final, Colombia no tuvo más remedio que aceptar que se incluyera todo el articulado de Río, incluido el "rechazo" y sin mención de la "legítima defensa". Estados Unidos se quedó solo y si bien dejó pasar la resolución, su opuso específicamente al punto que habla de "rechazo" a la incursión militar. A Quito también se la aplicaron pues se mantuvo el artículo de República Dominica que habla del compromiso a combatir a grupos irregulares.

Y partieron diferencias en el caso de la Misión de verificación. En la práctica no habrá una misión dedicada específicamente al tema fronterizo como recomendaba el informe y quería Colombia.
Lo que habrá es una "misión de observación" que buscará implementar lo pactado en la Resolución de este martes. Bogotá insiste en que si los países reiteraron su compromiso de luchar contra grupos irregulares, eso quiere decir que la misión de observación debe vigilar que lo hagan. No solo Ecuador sino Venezuela.

Así mismo, la Misión también deberá reportar o vigilar que Colombia respete la soberanía ecuatoriana. Y debe rendir un informe en junio durante la Asamblea General que se realizará en Medellín. Pero, en el fondo, es una misión con pocos dientes. Lo más lamentable, en todo caso, es que los Cancilleres no acogieron el informe del Secretario General, José Miguel Insulza, y que contemplaba seis recomendaciones muy específicas. Solo "tomaron nota" del mismo. Y eso, en la práctica, equivale a muy poco.

SERGIO GÓMEZ MASERI
CORRESPONSALDE EL TIEMPO
WASHINGTON

Publicación
eltiempo.com
Sección
Política
Fecha de publicación
17 de marzo de 2008
Autor

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