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'El septimazo', en Bogotá, es un espacio para la diversión

Todos los viernes a partir de las 5 p.m., desde la calle 26 hasta La Plaza de Bolívar, la carrera séptima vive una metamorfosis. Estas son algunas de sus historias.

Lo que durante el día es una pista de asfalto repleta de carros, empañada por la contaminación y saturada de pitos de bocina, se transforma, al caer el sol, en una plaza para el entretenimiento, donde pululan  artistas callejeros, vendedores ambulantes, estudiantes mirones, parejas de enamorados, y sobre todo, especialistas del rebusque.

La carrera séptima, en su origen la Calle Real de la Época Colonial, atraviesa la ciudad de norte a sur; es una ruta muy representativa de Bogotá, pues  ha sido y sigue siendo escenario de ceremonias civiles, religiosas y manifestaciones sociales. Desde la década de los 40, los bogotanos acostumbran a salir a disfrutar del septimazo, que en principio era una plaza de mercado. 

A primera vista, el septimazo se ofrece como un espectáculo de situaciones excepcionales y hasta extravagantes: Un cieguito sentado en un banco murmulla  una canción del pacifico, a su lado, unos parlantes de 2 metros amplifican la voz de una negra que canta salsa y baila alborotada en la mitad de la calle; mas allá, un grupo de curiosos se reúnen alrededor de un cuy para adivinar en cual de las doce jaulas que lo rodean se va a resguardar el roedor;  más acá, un vendedor de chontaduros atiende a cuatro personas a la vez, mientras que, justo atrás de el, varios jóvenes hacen fila para patear una pelota de microfútbol en dirección de unas latas organizadas en forma de pirámide.

Luis Felipe Pinedo vende revistas y libros de segunda todos los viernes en la esquina de la carrera séptima con la calle 22.

Hace 20 años que trabaja en este negocio pero hace apenas tres meses que está instalado en el septimazo. "Esto es una vaina muy buena mientras haga buen clima; un día me tomé una foto con Shakira y con el presidente Uribe", dice el vendedor.

Ángela Prado, una estudiante de colegio de 15 años que frecuenta El Septimazo en compañía de su madre y de su hermana menor  para 'comprar chucherías', cree que "hay mucha gente joven y se ven cosas trabajadas y bien elaboradas", aunque aclara que viene "a comprar pero a caminar también".

Además, la calle se convierte en un espacio de paz ciudadana.

El auxiliar bachiller de policía Muñoz asegura que el septimazo "es relajado, no hay novedades". Explica que son muy pocos los robos que se presentan, pero además su trabajo es muy diferente al del orden público: Hace parte de la orquesta musical de la Policía, al igual que el resto de sus compañeros que vigilan la zona. También hay personal de la fuerza disponible, de la Dijín, y policías de civil.

Según el sitio oficial de la ciudad de Bogotá, http://www.bogota.gov.co, El Septimazo fue ideado para combatir el sedentarismo que gangrena a los habitantes de las grandes ciudades.

La Alcaldía de Bogotá pretende promover la actividad física en el único espacio en donde el hombre de ciudad se siente cómodo, esto es: en la calle.

Sin embargo, más que un espacio para hacer ejercicio, El Septimazo se ha convertido en una feria para gozar.

DAVID FRANCO
Pontificia Universidad Javeriana

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
6 de marzo de 2008
Autor

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