Helicópteros ecuatorianos sobrevuelan desde el sábado la zona donde cayó Raúl Reyes y quienes lo acompañaban en un campamento en territorio ecuatoriano.
Atrás de Banamarum , la última finca colombiana que colinda con Ecuador, se libró el combate que acabó con la vida de Raúl Reyes, el hombre fuerte del secretariado de las Farc.
El bombardeo en la madrugada del pasado sábado retumbó en la humilde casa de madera, construida a orillas del rÃo San Miguel, y en el caserÃo de Puerto Colombia, a cinco minutos en lancha desde ahÃ.
"Toda la casa se estremeció, parecÃa que estuviera temblando", coincidÃan en afirmar las seis familias que habitan en Puerto Colombia.
La gente contó ocho explosiones en cuestión de segundos, pero después se desencadenarÃa un tiroteo que se prolongó durante todo el dÃa y toda la noche.
"Están dando plomo", dijo Pedro, uno de los niños que habita en Banamarum y se volvió a dormir porque en el Putumayo la gente ha terminado por acostumbrarse al sonido de las balas.
A lo que no estaban acostumbrados era a ver helicópteros ecuatorianos sobrevolando encima de sus caserÃos, a lo largo del rÃo San Miguel, el que baña la frontera con el vecino paÃs. Ayer se dejaron ver durante todo el dÃa.
En tierra, militares ecuatorianos trabajaban en el desminado de la zona donde las Fuerzas Militares colombianas acabaron con la vida de Raúl Reyes y 17 de sus compañeros, entre ellos dos mujeres, Nubia y Gloria.
Un largo camino De Puerto AsÃs a Teteyé, un caserÃo donde habitan 11 familias que se encierran después de las 3.00 de la tarde y que solo las separa el rÃo San Miguel de Pueblo Nuevo, la población ecuatoriana donde se abastecen de alimentos, están disgustados porque la gente cree que ahà fue donde mataron a Raúl Reyes.
"No fue aquÃ, fue en Ecuador", aclaran algunos campesinos y lancheros.
De Puerto AsÃs a Teteyé hay una hora y media por vÃa destapada y el vehÃculo hay que pasarlo en un ferri a través del rÃo Putumayo.
Desde Teteyé hasta la última finca colombiana que colinda con tierra ecuatoriana hay una hora y media en lancha y a Santa Rosa, caserÃo indÃgena ecuatoriano que bordea la zona de combate, dos horas y media.
Después aparece una trocha donde ya ni los arrieros que transportan combustible se atreven a pasar. Tienen miedo de las minas antipersona. Y desde este punto en Santa Rosa a donde cayó abatido el hombre del secretariado de las Farc, hay que recorrer cinco kilómetros a pie.
GLORIA INÉS ARIAS Enviada Especial de EL TIEMPO SANTA ROSA (ECUADOR)
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