No es fácil llegar a ser una diva.
Cuesta mucho tiempo, y mantenerse, aún más. Los años no son amigos de tal estatus. No obstante, este es el caso de Fanny Mikey, un sÃmbolo nacional. Es ella (no cansa decirlo) la directora del festival de teatro más grande del mundo, y eso en un paÃs que no tiene una gran tradición en el arte.Sale de un molde inventado al final del siglo VI para las grandes actrices y cantantes. Una de las más famosas fue Sarah Bernhardt. En sus alturas se atrevió a presentarse en el papel del joven prÃncipe de Dinamarca, Hamlet. Argumentaba que no existÃan más grandes papeles para grandes actrices. Además en la presentación entró en silla de ruedas porque le habÃan amputado una pierna.Fanny no tiene problemas de salud, pero sà el atrevimiento para hacer cosas. Y, generalmente, las logra con el mismo éxito de Sarah. TenÃamos un almuerzo en el restaurante 29 Cocina y Bar para probar nuevos platos de su carta.Como la diva que es, se paró en la puerta para que la gente notara su llegada. Ella nunca pasa desapercibida. TenÃa una abertura en su falda, y por un segundo se podÃan ver sus famosas piernas. La picardÃa que se ve en sus ojos está todavÃa allÃ; nace de su sentido del humor negro. Cruza el restaurante como Isadora Duncan.Apenas se sentó nos dio las estadÃsticas de su festival. Pobres patrocinadores (¿quién se atreve a decirle que no?). El médico (vaya médico) le habÃa prohibido el vino. Pero querÃa acompañar su almuerzo con uno. Escogió un malbec de la Patagonia. Como gran sorpresa, me contó que no le interesaba mucho la comida, aunque la he visto en todos los restaurantes de la ciudad. Para ella un pernil de pollo con un naco serÃa perfecto.Y asà no coma carne, hace la excepción con los chorizos. Menos mal que su mano derecha, Ana Martha de Pizarro, es una experta y alcahueta, que la empuja a probar de todo.El restaurante 29 Cocina y Bar sirve comida americana de la nueva tendencia. Es una mezcla de lo bueno de la cocina de Italia y Francia, con algunos toques de irreverencia.Pedimos unas entradas para el centro de la mesa con el fin de compartir. Cuando nos las trajeron, brillaban sus ojos. El chef, Daniel Kaplan, habÃa dado en el blanco; uno de los platos era chorizos de salmón y pollo. No le llamó mucho la atención el de Nueva Orleans, andaouille, pues el picante no es de su gusto. También habÃa una ensalada de queso de cabra, un producto nuevo en el mercado que les está moviendo el piso gastronómico a los buenos chefs y a los exigentes comensales. Aquà lo sirvieron con una vinagreta hecha con uvas y lechugas orgánicas. La mezcla de sabores, perfecta, sedujo la lengua malvada, pero poco exigente en comida, de la diva.También probó las croquetas de champiñones con queso de cabra ahumado.El restaurante se especializa en risottos, algo muy raro entre nosotros. Aunque el que le sirvieron era muy diferente de su amado naco, se le veÃa una luz en sus ojos, porque su parte gocetas la llevaba a probar.El de mariscos, camarones, almejas y pulpo bebé estaba delicioso (el pulpo algo duro). El risotto de pato con pato confitado es un clásico, por usar los ingredientes de esta escuela de cocina. Pero lo que más nos impresionó fue el de pimentón, de un color rojo intenso. Todos en la mesa lo pensaron, pero yo, como el atrevido, lo dije: "Este plato debe llevar el nombre risotto de Fanny Mikey". A lo que ella agregó: "Solo Fanny; ya la gente sabe cuál Fanny". Porque es exactamente del color de su pelo. Esperamos que el chef haga caso, porque en la época originaria de las divas, uno de los honores que se les brindaban era el de denominar platos con sus nombres o con el de alguno de sus personajes.Cuando se es diva, los postres están prohibidos; hay que mantener la lÃnea. Pero ella es creyente de la escuela de pensamiento que dice que "lo que se come con el dedo no engorda". Los probó todos.Después de un excelente expreso y un no menos delicioso almuerzo con semejante compañÃa, nos fuimos a ganar la vida. No envidio a Fanny: ella debe tratar con 46 grupos que vienen del exterior en barcos, aviones y camiones. Cada uno de sus miembros tiene un ego del tamaño de la Catedral de Sal y es necio y exigente. Los egos del mundo gastronómico apenas están empezando a salir.KENDON MACDONALD SMITHvivirparacomer@eltiempo.com.co
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