La SecretarÃa Distrital de Planeación afirmó que mientras Bogotá tiene 4900 inmuebles considerados bienes de interés cultural, Nueva York reconoce sólo 450 de estos ejemplares.
Si no fuera porque la conclusión simple de este enunciado es la necesidad de una nueva revisión a los catálogos patrimoniales del Distrito, la comparación resultarÃa ingenua. No sólo porque se trata de culturas arquitectónicas y urbanÃsticas muy distintas sino también porque el manejo del patrimonio neoyorquino es más complejo de aquello que percibe Planeación. HabrÃa que anotar que Bogotá dedicó una década de la gestión en el campo a la elaboración y revisión de las listas de su patrimonio arquitectónico, sin que ese ejercicio hubiera aportado a la conservación efectiva del patrimonio cultural. Mientras la ciudad hacÃa listados, las capitales de América Latina proponÃan la rehabilitación fÃsica y social de sus áreas céntricas. Si bien se recuperó y apropió el patrimonio edificado, se creó además empleo y se atendió a la población vulnerable del centro. Este laboratorio de centros instauró una nueva manera de hacer ciudad, que permitió la inclusión del patrimonio cultural en la agenda polÃtica y de las áreas céntricas en el modelo de ciudad.Bogotá ha avanzado en los aspectos culturales del patrimonio, pero no asà en los urbanÃsticos y de gestión. Y aunque no todo está perdido, la ciudad dejó escapar recientemente la oportunidad de una actuación promisoria en el patrimonio cultural. Ni la reglamentación de las Unidades de Planificación Zonal, ni el Plan Zonal del Centro, ni el Plan Especial de Protección del Centro Histórico, otorgaron al patrimonio cultural el papel que le corresponde en la estructura urbana, ni lograron concebir un proyecto urbano para el patrimonio del centro. Será, entonces, su revisión y la del POT aquello que favorezca enmendar la tarea. La ciudad está aún a tiempo de dar un giro radical a la gestión de su patrimonio cultural y la coyuntura de un cambio de administración puede beneficiar este propósito. Caminar por el sendero ya iniciado de las polÃticas públicas y encontrar los nichos de oportunidad que la vivienda patrimonial debe tener en las polÃticas más generales de hábitat y vivienda, puede conducir a mejores puertos. El experimento de pasar de la restauración arquitectónica monumental a la rehabilitación urbana y social de este patrimonio, es una faena inaplazable. Por supuesto, la complejidad de estos compromisos demanda el liderazgo de unos cuadros técnicos y directivos con trayectoria, reconocimiento y visiones en el campo. En fin, estas son apenas algunas ideas. Lo importante ahora es poner la discusión sobre el tapete. La izquierda democrática, actualmente en el poder, tiene la oportunidad de considerar el patrimonio cultural como otro frente de gestión. MarÃa Eugenia MartÃnezArquitecta, investigadora del CIDS de la universidad Externado de Colombia
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