A Miguel Daza, un ex raspachÃn que se convirtió en lÃder de la erradicación manual de cultivos de coca en el sur de BolÃvar, lo mató la violencia contra la que luchó en los últimos años de su vida
El pasado martes, los mismos vecinos que lo conocieron como 'tomatrago' y 'buscapleitos' y que después lo siguieron como el vocero de las comunidades más olvidadas del sur de BolÃvar acompañaron su entierro, que paralizó los municipios de Santa Rosa del Sur y San Pablo.
HabÃa nacido en Santa Rosa del Sur, pero muy pequeño, sus padres lo llevaron a los Llanos Orientales. Desde los 8 años se fue de su casa a rebuscarse la vida. Trabajó como jornalero en fincas ganaderas, aprendió a conducir tractor y mientras se iba haciendo hombre conoció los secretos para hacer producir la tierra.
Cuando cumplió los 18 años se fue al Ejército pero se retiró al morir su mejor amigo, vÃctima de un mortero. Trabajó un tiempo en Bogotá como celador y después regresó a su pueblo natal.
Era 1995, pleno auge de la coca en Santa Rosa. Se metió en la ilusión de la plata fácil como dueño y raspachÃn de una pequeña parcela en la vereda San Isidro. Además, abrió una cantina, en la que podÃa vender en un fin de semana 300 canastas de cerveza y varias cajas de whisky.
Pero no llevaba una vida tranquila. Vio morir a decenas de conocidos y tuvo que lidiar con las amenazas y las 'vacunas' de guerrilleros y paramilitares.
En el 2001 empezaron las fumigaciones contra la coca y la AlcaldÃa empezó a organizar charlas para que los campesinos pensaran en cultivos alternativos. Entonces, Miguel fundó la Asociación de Pequeños Erradicadores de Coca del corregimiento de San Isidro, con otros 120 campesinos, cuando ya mandaban los 'paras' en la zona.
El único con matas de cacao Se decidió a arrancar todas las matas de coca de su parcela y se puso a sembrar cacao. En el 2002, con la ayuda de la Usaid, el programa de asistencia social del Gobierno de Estados Unidos, Miguel empezó a impulsar proyectos de sustitución con sus vecinos.
Ese mismo año lideró el rescate de dos integrantes de la Fundación Panamericana para el Desarrollo que tenÃan las Farc. Con los demás habitantes rodearon el campamento guerrillero durante 15 dÃas hasta que los soltaron.
Su lucha siguió. El 2 de abril del 2004, con 180 campesinos de Simità y Santa Rosa, fundó la Asociación de Productores de Cacao del Sur del BolÃvar, Aprocasur, la entidad que gerenciaba hasta el dÃa que lo mataron.
La mayorÃa de sus integrantes eran antiguos raspachines que dejaron la coca por el cacao. "Miguel Daza era el mayor inspirador de ese modelo. DecÃa firmemente que el cacao era un generador de paz y por eso creó un lema: 'bosques de chocolate para la vida' ", cuenta un amigo.
Por su labor, fue invitado en marzo del año pasado a la Casa de Nariño para que mostrara sus logros al presidente de Estados Unidos, George Bush. Esa foto con el hombre más poderoso del planeta estaba colgada en su casa.
Los años lo convirtieron en un hombre espiritual, tranquilo y muy preocupado por su familia, sobre todo por sus cuatro hijas. Su mayor preocupación era que fueran profesionales.
Pero los asesinos de Miguel, de 36 años, le troncaron ese sueño y otros, entre los que estaban construir un parque temático en la región con el tema de los cultivos de cacao y llegar a ser abogado.
El pasado lunes, cuando iba a una vereda para hablar con los campesinos, su vehÃculo fue interceptado por hombres encapuchados y fuertemente armados en el sitio Santodomingo en la vÃa entre San Pablo y SimitÃ.
Lo asesinaron de un disparo de fusil en la cabeza. A su lado cayó Jhon MartÃnez, el conductor, y un poco más lejos fue asesinado un habitante de la zona por haber presenciado los hechos.
Las posibles causas del homicidio son un gran interrogante, pero en la zona el narcotráfico ha reverdecido de la mano de 'Los Mellizos', el cartel del Norte del Valle y el rearme de las autodefensas. Aunque no se descarta que la guerrilla le haya cobrado su independencia.
José Merlesio Zendale, alcalde de Santa Rosa del Sur, dice que puede haber también una extraña alianza entre guerrilla y paramilitares, apoyada por los carteles de la mafia que buscan controlar la región.
Un amigo cercano dijo que con la muerte de Miguel Daza el paÃs perdió a un lÃder, de esos que lamentablemente no se conocen porque apenas están en proceso de crecimiento. "Era un hombre preocupado por su familia y por la naturaleza y un gran soñador del desarrollo de los campesinos", dijo.
NÉSTOR RAÚL BAUTISTA REDACCIÓN DE EL TIEMPO
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