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Por qué un colombiano llegó a los 111 años de edad, investigan en Estados Unidos

Se trata de Daniel Guzmán García, de Villahermosa (Tolima), quien dice que ya descubrió la fórmula por la que ha vivido tanto: "No hablo mal de nadie".

A él, un moderno maletín sintético le pareció curioso, pero se sorprendió aún más al ver las jeringas y los frasquitos con tapas de colores.

Entonces, le explicaron que su sangre iría a Estados Unidos, donde científicos escudriñan los secretos de quienes como él han pasado la centuria.

De una, Daniel, que acaba de cumplir 111 años, puso el brazo y uno de sus nietos, el médico Andrés, tomó la muestra que en enero, con sello de carga especializada, fue enviada en una caja a la Universidad de Boston.

La prestigiosa universidad se enteró de la existencia de Daniel por uno de sus hijos, Néstor, que es corredor de bolsa en Estados Unidos, y de inmediato le propuso, a través de una carta, que hiciera parte de los estudios de genética que realizan con varias personas en el mundo sobre la longevidad.

A los investigadores les llamó la atención que pueda hacer cosas por sí mismo, pues son pocos los que lo logran cuando pasan la barrera de los 110 años. A este grupo lo llaman 'supercentenarios'.

Pero este tolimense, que ha sido seminarista, torero, billarista, abogado, juez, concejal y alcalde encargado, después de vivir en tres siglos, ya tiene sus propias respuestas para haber llegado a esa edad.

Su larga vida la atribuye a que creció en Villahermosa, un municipio del Tolima con predios hasta el nevado del Ruiz. También, a sus madrugadas a orar por su descendencia, a los chocolates espesos del desayuno y a las caminatas, ahora bajo el sol y la brisa del sur de Cali.

Solo que a él, de cabello blanco, que le gusta vestirse de traje negro, camisa blanca y corbatín, se le hace que el mayor secreto es no hablar mal de nadie.

"Anduve mucho, pero nunca fui malo", dice con el orgullo de saber que los médicos le encuentran la tensión y el ritmo cardíaco de un muchacho.

El oído es lo único que le cuesta. Sus hijos son casi traductores a voces y lectura de labios.

"¿Mi papá? Mi papá era muy bueno, muy simpático y valiente. Se llamaba Visencio y fue comisario mayor", repite como si lo viera en la Guerra de Los Mil Días y la violencia partidista en esos municipios de la Cordillera Central.

"¿Mi mamá? Rosita, le decían todos cuando servía a los trabajadores o a los que venían de la pelea", apunta entre chispazos del pasado.

Azul hasta las uñas El folio 185 del Libro de Bautismos IV de la Arquidiócesis de Ibagué prueba que nació el 6 de febrero de 1897 en Villahermosa. Su cédula es de las antiguas, pero le ha servido para votar por unos 20 presidentes. "Soy conservador hasta las uñas", dice.

El primer recuerdo es ese agite, cuando guerreaban 'chusma' y 'pájaros' mientras que Colombia se quedaba sin Panamá.

En 1917 Daniel, con sus conocimientos de latín, griego y francés, fue a dar al seminario, pero a esa vocación le ganó el amor por una de sus primas. La relación se truncó cuando ella se fue a confesar y el cura le habló de los riesgos genéticos. Entonces, se convirtió en monja.

Fue torero hasta cuando su mamá, Clara Rosa, le contó que sufría mucho cuando se iba para la plaza.En 1925, viajó a Bogotá y de forma autodidacta se volvió experto en derecho. Por entonces la destreza para el billar le dio las carambolas para subsistir.

Por allá, con leyes y decretos en la cabeza, se ganó la amistad de políticos en el Congreso y hasta del presidente, general Pedro Nel Ospina (1922-1926), que colgaba el honor de comandar victorias conservadoras en guerras criollas. Dos años después, Daniel volvió a su pueblo a fundar el periódico La Luz y en el 30 empezó su vida pública, cuando lo designaron concejal.

A sus 34 años, a las 4 de la madrugada del 27 de abril de 1931, se casó en secreto con Julia Rosa Marín. Tuvieron 12 hijos, de los que sobreviven nueve: Daniel, Ligia, Nelly, Alirio, Néstor, Fulvio, Gonzalo, Beatriz y Gloria.

En 1935 llevó el primer radio al pueblo. La gente se sentaba en su sala a escuchar la caja sonora. Eran tiempos de andar en mula y apenas se sabía qué era un carro.

Un año después el Concejo de su localidad lo designó personero y en 1939, juez. En 1950 fue Alcalde encargado y ocho años más tarde el Tribunal Superior del Tolima lo reconoció como el 'mejor juez del departamento', pero nunca se jubiló ni pensionó.

A punta de caminatas El 17 de diciembre de 1994, en Cali, Daniel se quedó sin Julia Rosa. Fueron días dolorosos, pero él se aferró al amor de su familia. Solo lo tuvo convaleciente una operación, hace 30 años, y una caída de la cama hace unos meses. Pero sigue firme.

Gloria, una de sus hijas, dice que a las 4 de cada tarde pide pista para salir a caminar por las calles caleñas de Capri. "Buenos días, señora bonita", dice y saluda de beso en mano. Algunos antiguos compañeros de paseo ya no están.

"Es el personaje más bello que conocemos", comenta María Élida Rojas, una vecina.

Hace poco viajó en avión a Estados Unidos y en la aerolínea lo esperaban con silla de ruedas, pero él dijo que podía andar en sus propios zapatos.

Los domingos no falta a la iglesia, donde en más de un bautizo el padre Luis Eduardo Pérez le ha pedido que les cuente a todos cómo se puede vivir tanto.

Eso es lo que científicamente busca descubrir Genetic of Longevity Study, de la Universidad de Boston, que además de las pruebas le enviaron formatos para hacer la historia genealógica de los Guzmán García, que han tenido más de un ochentón entre sus integrantes.

Y mientras investigan su sangre, Danielito, como le gusta que lo llamen, dice: "Yo soy viejito, pero quiero vivir otro ratico".

JOSÉ LUIS VALENCIA CORRESPONSAL DE EL TIEMPOCALI

Publicación
eltiempo.com
Sección
Nación
Fecha de publicación
17 de febrero de 2008
Autor

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