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Miedo al castigo indígena del cepo corre a los emberas de las calles de Pereira

En el andén, una indígena y su hijo sorprenden a los transeúntes en el centro de Pereira. En los brazos del pequeño resaltan picaduras de zancudos y les sonríe a quienes se acercan.

Ella dice que le tocó pedir, pues a sus 24 años tiene otros dos hijos, de 10 y 5 años. Cuenta que a su esposo lo mató la guerrilla y por eso tuvo que dejar su casa en Puerto de Oro, un poblado en límites de Risaralda y Chocó.

Es casi la única de la etnia embera que se ve por estos días en varias cuadras alrededor de la Plaza de Bolívar.

El miedo al cepo, sentenciado por las autoridades indígenas de Risaralda como castigo a los emberas sorprendidos ejerciendo la mendicidad, los sacó corriendo de la ciudad.

"Se anunció la medida y empezaron a retornar a sus parcelas. El 20 de febrero hay una plenaria con autoridades indígenas de Antioquia y Chocó para ajustar algunos aspectos", explica Alberto Guasorna, presidente del Consejo Regional Indígena de Risaralda.

El cepo se aplicará desde los 14 años, cuando los emberas consideran que se es mayor de edad.

En Risaralda hay unos 25.000 indígenas, pero no hay un censo que precise cuántos viven de la caridad pública.

Como sea, Guasorna pide a la gente no darles limosna y dice que lo que se necesita es inversión social para que ellos no dejen sus tierras.

El secretario de Gobierno departamental, Germán Darío Saldarriaga, cree que muchos pasan de ciudad en ciudad pidiendo limosna.

En Ibagué, por ejemplo, hay unos 70 emberas, también de Chocó y Risaralda.

Miguel Espinosa, director de asuntos étnicos del Tolima, dice que muchas son madres que cargan a sus hijos y se mueven entre Ibagué, Neiva y Bogotá. Aclara que entre los pijaos, etnia del departamento, no existe la mendicidad.

En Medellín se calcula entre 150 y 200 que llegan de pueblos risaraldenses y chocoanos, en especial en diciembre y para la Feria de las Flores, y en Manizales dicen que los indígenas necesitados son de municipios ajenos a Caldas.

El diputado Arahugo Gañan Bueno no descarta también que en este departamento se aplique el castigo comunitario a los nativos que ejerzan la mendicidad.

La situación es diferente en Santander. Allí, denuncia el gobernador indígena Juan Bautista Agreda, los están usurpando.

"Tenemos nuestro trabajo de artesanías, pero hemos descubierto a personas que sin ser indígenas visten como ellos para pedir limosna".

A orillas del Sinú

Asuntos indígenas de Córdoba registra tres grupos familiares embera katío, que de las estribaciones del Nudo de Paramillo llegaron a Montería. Muchos, huyendo del acoso paramilitar.

Son 85 aborígenes distribuidos en la Casa Indígena, el sector del mercado del sur y a orillas el río Sinú.

La Hidroeléctrica de Urrá, en siete años, les ha transferido unos 16.850 millones. Sin importar la edad, reciben 139.168 mensuales. Sin embargo, muchos deambulan mendigando y no han sido censados.

CORRESPONSALES

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
26 de enero de 2008
Autor

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