Varios factores aparecen ahora para explicar la situación: el aumento en los costos por mayores precios del petróleo, los precios de los alimentos en alza y mayores términos de intercambio.
Así, el problema ya no parece ser de demanda, y a eso se agrega que la economía de Estados Unidos, que responde por el 25 por ciento del PIB, está en dificultades.
De hecho, si en los últimos días la palabra 'estanflación' (cuando hay estancamiento de la economía con inflación) viene sonando con tanta frecuencia, es porque hay quienes creen que Estados Unidos -locomotora de la economía mundial- ya se estancó o incluso entró en recesión.
Economistas como Paul Krugman creen que la economía de E.U. no se recupera por la vía de una reducción de las tasas de interés, como lo cree la Reserva Federal. La razón es que el asunto no es de liquidez, sino de solvencia por las pérdidas de la crisis hipotecaria que solo se corregirá con el paso del tiempo.
Pero el asunto no para ahí. Resulta que la situación está coincidiendo con una gran liquidez en el mundo, ya que nadie está dispuesto a mantener guardado el ahorro de años pasados, sino a gastarlo, lo cual puede acelerar aún más la inflación. Guillermo Calvo, economista argentino, es muy pesimista sobre el tema.
¿Y Colombia qué? Hasta noviembre pasado, en el Banco de la República se creía que la inflación podría estar en 4,5 por ciento al finalizar el 2007. La realidad superó todos los pronósticos. Llegó a 5,69 por ciento.
Los directores del Emisor creen que en Colombia todavía la inflación se explica por el desaforado consumo. Lo sustentan en que la demanda privada, la inversión y el gasto público crecieron el año pasado un 12 por ciento cuando la economía subió el 7 por ciento. La diferencia se absorbe en inflación y en déficit en la cuenta corriente del sector externo, el cual está llegando a un peligroso 5 por ciento del PIB.
Por eso creen que se debe seguir subiendo la tasa de interés. Y todo indica que esta será una de las medidas que adopte el Emisor en la próximas semanas, así se sacrifique parte del crecimiento.
"Este va a ser uno de los años más pesados que hemos vivido, tanto afuera como adentro. Y aquí no vamos a tener una economía disparada como el año pasado, y la inflación con problemas de control", opina uno de los directores del Banco de la Repúbica.
Y el dólar echa más leña Si se trata de las razones puramente monetarias que hacen subir los precios, y en las que se suelen centrar las políticas de los bancos centrales, este año hay una más con raíces en los acontecimientos de hace un año. Entre enero y abril del 2007, el Banco de la República compró 4.900 millones de dólares, animado por el Gobierno tratando, sin resultados, de que el dólar no bajara.
El efecto fue la acumulación de reservas internacionales que superaron los 20.000 millones de dólares.
Según un análisis de Citibank, las altas reservas han generado exceso de liquidez en el mercado, echándole más leña a la inflación. Por tal motivo, habría razones para apretar la política monetaria.
Alzas que avanzan con el tanque lleno Las alzas de la gasolina son solamente una cara de los efectos de los altísimos precios internacionales del petróleo. Además de los combustibles, el crudo caro termina arrastrando aumentos en la industria química.
Por este lado, el impacto del petróleo se ve en las subidas de jabones, blanqueadores y ceras. No en vano, durante el 2007 las ceras fueron el producto con mayor alza en el grupo de gastos de vivienda, comenta Camilo Herrera, de la firma Raddar. Así mismo, hay incrementos en medicinas, por lo cual el grupo de salud fue de los que más subió.
También está el impacto obvio en el transporte, con el encarecimiento del costo de viajar en avión o del bus urbano. El transporte, además, afecta al grupo de alimentos, que además recibe otro golpe del petróleo por el encarecimiento de los agroquímicos.
Ya el gobierno advirtió sobre las alzas de la gasolina que siguen hasta junio. Sin embargo podrán ser peor de lo esperado pues si el petróleo permanece cerca de los 100 dólares podrá variar la fórmula con la que se establecen los ajustes mensuales.
Alimentos bajo presión en el mundo Buena parte de las razones que tienen a los alimentos subiendo de precio son internacionales y son difíciles de controlar (o imposibles) como los fenómenos climáticos, inundaciones o sequías como las que afectaron la cosecha de trigo en Australia.
El mismo trigo, así como la soya, han sufrido también por restricciones a las exportaciones impuestas por Argentina.
Y otra presión nada despreciable sobre los precios de los cereales es la alta demanda de India y China para alimentar tanto su población como para animales.
Los altos precios del petróleo aumentan el atractivo de los biocombustibles, por lo cual parte de las cosechas de maíz o caña no se destinan a la alimentación sino a producir carburantes. En Italia, el fenómeno se ha sentido por el desplazamiento de cultivos de trigo por cultivos de girasol para producir los biocombustibles.
Y, de nuevo, el precio del petróleo golpea, al encarecer los fletes de los buques graneleros.
Los antecedentes del escenario actual Desde finales de los años noventa, la inflación comenzó a dejar de ser importante entre las preocupaciones de quienes tienen a su cargo el manejo de la economía. Incluso, en Colombia el costo de vida cayó en 1999 por debajo de la barrera sicológica del 10 por ciento después de haber pasado eso en otros países de la región.
De esa manera se olvidaban, aquí y en otros países, de la idea de que el alto costo de vida era un factor que atentaba contra la democracia o incluso hubo quienes decían en los setenta que alta inflación era casi sinónimo de gobiernos autoritarios.
En el caso colombiano, el logro de una inflación cada año menor que la anterior fue un punto central de la Constitución de 1991 que quitó al gobierno el manejo del asunto y se lo entregó al Banco Central.
Los defensores del modelo dijeron que todo se debió al éxito de haber entregado a una autoridad independiente la responsabilidad de la estabilidad de la moneda y comenzaron a pregonar que la alta inflación era cosa de la historia. También atribuyeron los buenos resultados a la apertura de la economía que se dio desde comienzos de los noventa y que amplió la oferta de bienes y servicios.
En forma paralela con la baja inflación, el crecimiento de la economía se aceleró. De esa forma, se estaba corroborando una idea de texto que pregonaba que inflación y crecimiento de la economía no eran compatibles. Esa idea y los resultados no han sido exclusivos de Colombia, sino de todo el mundo, sin importar su nivel de desarrollo.
Desde 1999, cuando la inflación estuvo por primera vez en mucho tiempo por debajo de 10 por ciento, el costo de vida siguió descendiendo año tras año, hasta ponerse en un nivel de 4,48 por ciento para el 2006.
Durante esos años, el manejo de la inflación se acomodaba al clásico texto de economía: explicado por un problema de demanda para cuyo control se usaban los también clásicos instrumentos monetarios: restricción a la liquidez y la tasa de interés hacía buena parte del trabajo.
Pero desde el año pasado, comenzaron a evidenciarse factores distintos que parecen desvirtuar el manejo tradicional ortodoxo de la inflación y que el mundo no veía desde comienzos de los años setenta, cuando los altos precios internacionales del petróleo en ese momento dieron pie a que se hablara de 'inflación importada'.
Por primera vez en la última década, en el 2006 la inflación dejó de caer y aquí como en otros países el asunto volvió a convertirse en la preocupación más importante con el agravante de que el crecimiento de la economía también ha comenzado a ceder. Cuando se dan los dos fenómenos, los expertos hablan de estanflación, esto es, estancamiento con inflación.
SILVERIO GÓMEZMAURICIO GALINDO** EDITOR MULTIMEDIA DE CASA EDITORIAL EL TIEMPO, Y EDITOR DE ECONOMÍA Y NEGOCIOS
Publicidad
COPYRIGHT © 2009 CEET Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular. Ver Términos y Condiciones.