Si fuera por plata, los artesanos siempre irÃan a pérdida. Pero los compensa cuando medio millón de personas vibran con sus carrozas creadas desde el fondo del alma popular.
Ahora los anima un desafÃo porque en los últimos dos años han llegado veedores internacionales a mirar si la fiesta de Pasto merece ser declarada por la Unesco como patrimonio de la humanidad.En abril del 2007 habÃa sido declarado patrimonio cultural colombiano.
Roberto Otero, quien acaba de ganar el concurso de carrozas, dice que los artesanos no viven del oficio, sino de repartir alegrÃa y están dispuestos a conseguir la meta.
'Encuentro' Su carroza, Tinkunni (encuentro, en quechua), de 15 metros de alto y 17 de largo, reflejó la forma cómo nació el Carnaval, que llegó a ser prohibido por los españoles a los indÃgenas y negros, pero luego los unió en una sola fiesta.
Sigifredo Narváez, el artesano más veterano y ganador del primer concurso en 1952, siente que el Carnaval mantiene su esencia como juego y expresión cultural. Con el apoyo de su hijo Hernán, este año volvió a concursar y, por unos dÃas, olvidó la venta de ataúdes infantiles que le da el sustento.
Su ejemplo, como el del maestro Alfonso Zambrano quien en los años 50 le puso el movimiento a las carrozas, tiene herederos listos a mostrar que el Carnaval es un tesoro.
Están en esos talleres con olor a cola, barro y vinilo, a los que se agregan Ãcopor y fibra de vidrio. El reglamento del concurso obliga a que las carrozas sean en un 70 por ciento en material de reciclaje, dice Leonardo Sansón, director de Corpocarnaval.
Hugo Moncayo, Raúl Ordóñez, Onésimo Delgado y Javier Caicedo saben que sus obras solo serán vistas unas horas, pero "es el placer de cumplir un sueño, que termina cuando anochece", dicen.
Ribert Insuasty trabajó cinco meses su carroza en una cerrajerÃa de Yaquanquer, municipio a 30 minutos de Pasto. "Se me facilita por el espacio y ahorro de la energÃa".
Aportes Este año a los 22 artesanos, elegidos entre más de 200 propuestas, se les dieron aportes de cinco millones de pesos.
Sin contar mano de obra ni disfraces para los acompañantes de cada carroza, en papel se va más de medio millón de pesos, en Ãcopor o madera hasta dos millones y 1,5 millones en el vehÃculo del desfile.
José Chicaiza dice que "para nadie es un secreto que invertimos hasta lo que no tenemos, pero si nos dan la mano mostraremos que este es el Carnaval que el mundo no debe perderse".
LEONARDO CASTROESPECIAL PARA EL TIEMPOPASTO
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