Según el Consejo de Estado, la Armada debe cubrir los costos del tratamiento contra la enfermedad y aumentar la indemnización que recibe por la incapacidad que sufre.
A Hurtado le diagnosticaron la enfermedad cuando le iba a donar sangre a su hija de 11 años, después de que sufrió un grave accidente en febrero del año pasado.
Él se ofreció a donar sangre, pero los médicos no pudieron aceptarla. En cambio, tuvieron que darle la mala noticia de que estaba contagiado con el VIH.Hurtado, que estuvo más de 12 años en la Armada Nacional, salió en el 2000 en uso de la facultad discrecional. Para ese momento ya eran visibles en su cuerpo y en su mente las secuelas que le dejó más de una década dándole la cara al peligro todos los dÃas.En 1995, una carga explosiva le estalló a pocos metros, por lo que quedó con fuertes dolores en los pies. Hasta el 2001, cuando tuvo que ir al médico de la Armada para que lo atendiera, se le encontró que aún tenÃa esquirlas en su cadera, tibia y pie derecho.
El acto del Tribunal Médico Laboral de Revisión Militar y de PolicÃa no solo le encontró partes del artefacto, sino que diagnosticó que sufrÃa de estrés postraumático por lo que vio, escuchó e hizo en la guerra. SufrÃa de pánico y las pesadillas sobre estar en zonas de batalla lo atormentaban cada uno de sus dÃas.La situación mental y fÃsica de Hurtado era tan grave que los médicos lo mandaron al servicio siquiátriaco el primero de febrero del 2002, en el Hospital Militar.Los especialistas evaluaron lo que le dejaron al menos 14 fuertes combates en la selva. "Presenta trastornos de conducta. En el último vio morir a varios compañeros", escribieron los médicos que lo examinaron.En el 2004 se le terminaron los tratamientos fÃsicos y mentales en el hospital y se le reconocieron prestaciones sociales e indemnización por disminución de su capacidad laboral en un 58,12 por ciento.
Sin embargo, está pensión no le alcanza para el tratamiento. Tampoco, el trabajo que consiguió como vigilante en el sector de San Victorino, en Bogotá, donde se gana un salario mÃnimo con el que viven sus tres hijos pequeños y su esposa.
La decisión del Consejo de Estado permite que la incapacidad sea revisada y si es por lo menos del 75 por ciento, su pensión se incremente. La decisión dependerá de una Junta Médico-Laboral Militar.El tribunal consideró que los miembros de las Fuerzas Militares que son desvinculados y que sufren disminuciones de su capacidad laboral por combatir tienen derecho a recibir el servicio médico para la recuperación de su estado de salud.
"La negativa de la Armada de seguir prestándole a Hurtado los servicios de salud hasta lograr su recuperación, quebranta los derechos fundamentales a la vida y a la salud", dijo el Consejo.
Sida, otro enemigo en la guerra El pasado 30 de noviembre, el Ministerio de Defensa expidió la resolución 5400 para que se conforme el Comité de Prevención y Control del sida de las Fuerzas Armadas, con el fin de prevenir y enseñar derechos sexuales y reproductivos. La medida se suma a una tomada por la PolicÃa Nacional en octubre del 2006, cuando se ordenó la compra de 462.962 preservativos para prevenir el sida. El problema es grave. En el 2001 hubo dos casos en ocho meses cuando la Fuerza de Despliegue Rápido llegó a Vichada y el GuainÃa.La enfermedad está también presente en la guerrilla.Una mujer que desertó de las Farc en septiembre del 2006 contó que en un solo frente habÃa 35 casos de personas infectadas. "La mayorÃa de los comandantes deben estar igual que nosotras, porque a todas nos hicieron tener relaciones sexuales", aseguró.En el 2005, las Fuerzas Militares hallaron un campamento de las Farc con 60 guerrilleros infectados con sida y que habÃan sido apartados en la selva del sur del paÃs del resto de cuadrillas y frentes.
REDACCIÓN JUSTICIA
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