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Estación Ricaurte: la pesadilla de TransMilenio

Es un paso obligado para trasbordar de la línea NQS a Las Américas y en las horas pico pueden llegar a circular 7.500 pasajeros.

Cuando el expreso F23 llega a ella, en el centro-occidente de Bogotá, el repetitivo 'ti-ti-ti-ti' de sus puertas abiertas, el reguetón de la discoteca 'blue jeans', frente a la estación y el taconeo de los transeúntes sobre el piso metálico, se suman a los 'aayyy' y 'permisoooo de los que pelean por entrar y salir al bus articulado de TransMilenio.

Diana Moreno, una secretaria que utiliza esta ruta diariamente, es víctima de los tumultos que se forman en la estación, quizás la más congestionada y bulliciosa de las 107 que tiene el sistema.

Hace un mes, fueron tales los empujones, que Diana y otros usuarios se cayeron y la gente les pasaba por encima como si se tratara de una estampida. "Creí que me iba a morir. Duré llorando más de quince minutos", recuerda Diana.

Este no es el incidente más grave que se ha presentado en la estación Ricaurte. El pasado 20 de noviembre, la hora pico coincidió con el partido de Colombia-Argentina y el flujo de pasajeros, que querían llegar temprano a sus casas, aumentó en un 40 por ciento.

Al afán de los aficionados se sumó la lluvia, que los pasajeros esquivaron evitando pasar por los puentes sin techo que comunican los paraderos.

Esto frenó la circulación de los enormes buses rojos y poco a poco se formó un enorme trancón de personas. El aire comenzó a faltar, varias mujeres resultaron asfixiadas y hasta una persona convulsionó. Incluso, algunos medios alcanzaron a pensar que se trataba de un nuevo bloqueo al sistema.

TransMilenio afirma que para evitar estas situaciones se han tomado medidas, como aumentar la frecuencia en los servicios con mayor demanda, pero EL TIEMPO comprobó, durante varias visitas al lugar, que la estación sigue presentando graves congestiones, especialmente entre las 6:30 y 6:45 p.m.

Un punto de interconexión

La odisea comienza cuando una voz anuncia: "próxima parada: Ricaurte".

Se abren las puertas de los expresos que llegan por la carrera 30 y cientos de personas caminan lo más rápido que pueden hacia el túnel que comunica la línea NQS con Las Américas.

El desplazamiento se hace con relativa tranquilidad. Eso sí, sorteando obstáculos como dos vendedoras de cocadas, en cada lado del túnel, y un hombre repartiendo volantes que ofrecen el trabajo que "usted siempre quiso tener".

Pero al salir del túnel, los usuarios llegan a la estrecha plataforma de la línea Las Américas y se estrellan con la congestión del primer paradero: el de la ruta F23, que va desde la estación Las Aguas hasta el portal de Las Américas, y puede acumular hasta 50 personas esperándolo en una sola puerta, pese a que circula cada minuto y medio. Subirse o bajarse en ese expreso es toda una pesadilla.

Esta ruta puede transportar 140.000 pasajeros diarios, el equivalente a toda la capacidad del sistema Megabus de Pereira.

En el paradero de la F23 la aglomeración de personas es tal, que es el único, de los seis que existen en esa estación, que debe ser supervisado por una funcionaria de TransMilenio.

El tumulto no permite que se cierren las puertas de vidrio, que lucen un deteriorado letrero que reza: 'Ricaurte', y los pasajeros ya saben que si empujan las puertas, estas se devolverán sin cerrarse, así que esperan el expreso al filo de la plataforma.

Esto tiene inconformes a los pasajeros. Mónica Murillo, trabajadora social que vive en el Tintal, recuerda que al salir del túnel, hace dos meses, "se caminaba con tanta estrechez que los pasajeros se salían por las cercas metálicas de los puentes y preferían coger bus convencional".

Jimmy Alexander Gaitán, estudiante de arquitectura, considera que estas congestiones se prestan hasta para peleas."La gente se insulta y no falta el que quiera salir dando golpes", dice.

Esto sin contar los robos, que a Patricia Espinosa, una vendedora, le han costado varios celulares.

Pese a esto, Diana Moreno, la misma que duró llorando 15 minutos después de ser arrollada por una turba de pasajeros, afirma que sigue utilizando el servicio porque es el único que le sirve, pero reconoce que la estación Ricaurte "cada vez me da más miedo".

Publicación
eltiempo.com
Sección
Bogotá
Fecha de publicación
7 de diciembre de 2007
Autor

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