Cerrar

Publicidad

Últimas Noticias de Colombia y el Mundo - ELTIEMPO.COM

Últimas Noticias

Ver más últimas noticias

Patrocinado por:

Turistas franceses visitaron el humedal Córdoba

Procedentes de Francia llegaron a Bogotá 15 turistas con el propósito de conocer el humedal Córdoba y observar las aves migratorias que vuelan desde Canadá, Alaska y Estados Unidos.

No son ornitólogos, simplemente son personas que se emocionan al enterarse de la existencia de una joya, como ellos calificaron el humedal, en medio de una sector densamente poblado y que es considerado internacionalmente como un AICA, o área de importancia internacional para la conservación de las aves, un lugar que ofrece un hábitat esencial para muchas especies y en particular para las que están amenazadas, como es el caso del nuestra tingua bogotana y del pibí boreal que le huye al invierno canadiense. 

Los franceses también estaban huyendo del invierno europeo, pero como les habían dicho que Bogotá era una ciudad fría estaban muy bien abrigados para el día tan soleado. Llegaron con mirada de emoción, expectantes, no se podían quedar quietos, parecían un grupo de niños que visitan por primera vez un parque de diversiones y es que este caso lo era. 

Marie France Charek fue la primera en manifestar su emoción y preguntó si todavía estábamos en Bogotá. "¡Por supuesto! - fue la respuesta de la guía- estamos en el norte de la ciudad, en una localidad que se llama Suba y el humedal, al que vamos a entrar colinda con varios barrios como Niza Córdoba, Pontevedra, Lagos de Córdoba y Niza Antigua, cuando ingresemos - dijo - ustedes van a ver muchas de las casas, es más, está dividido por tres avenidas importantes: la Córdoba, la 127, la Suba y la Boyacá.  

La guía la realizó María Paola Higuera, ecóloga que trabaja desde hace dos años con la Asociación Bogotana de Ornitología y quien además vive en las inmediaciones del humedal. 

Botas pantaneras, sombreros, binoculares, cámaras y muchísimo protector solar, además de un ánimo infinito, fueron los  aditamentos con los que ingresaron a través de un discreto boquete sobre la avenida Córdoba. 

Las preguntas iban y venían, ¿es seguro?. Situación primordial para adentrase en terreno desconocido. María Paola les contestó sin vacilar que no se preocuparan: "Hace varios años era un lugar muy inseguro, pero en colaboración con la policía se ha logrado contrarrestar, aunque no es recomendable entrar solo porque aquí viven personas en situación de indigencia". 

Nicole Venoit, de la fundación bogotana Accueil (recibir), encargada de la visita de los franceses tuvo que investigar las características del sector antes de autorizar el ingreso y manifestó que: "No sabía que en la ciudad existiera un lugar con estas características, no entiendo porqué no está en las guías turísticas, aun mas con lo que tiene para ofrecer, porque se llega fácilmente, conecta con varias avenidas y es una zona con interés ambiental no solo para los turistas sino también para los mismos bogotanos, que creo que también lo desconocen", aseguró. 

Así fue como se inició la caminata que duró cerca de tres horas. Al principio todos iban en grupo y preguntaban sobre los árboles, las flores, la mirla que saltaba de un lado para otro. Se llevaron cientos de fotos de las flores de las acacias, de los jazmines, de la lengua de vaca, del bosquecito; de ellos junto a los árboles, de ellos mirando el espejo de agua. Pero también intentaron fotografiar las garzas, sí las garzas calentanas que llegaron hace un tiempo y se instalaron en el humedal. 

Garza, garza, garza ... Lo repetían una y otra vez con la intención de memorizar esta palabra y cuando escucharon la explicación sobre su llegada al humedal les impresionó verificar que el calentamiento de la tierra es algo verídico y comprobable. 

Con libreta en mano, Carmen Bratsuer tomo nota de todo lo que escuchaba, escribía de una forma particular, tratando de interpretar el nombre en español y recordarlo en francés. 

Hizo un listado de todo, parecía que estaba haciendo un inventario del humedal y sus especies de fauna y flora. "Para mi es una sorpresa visitar este sitio dentro de una ciudad. En Francia uno tiene que salir de las ciudades y viajar horas para encontrar algo medio parecido, definitivamente es un privilegio vivir cerca a esta joya", comentó Carmen Bratsuer. 

Carmen estaba escribiendo porque va a publicar el informe de la visita en una revista francesa para jubilados que destaca los sitios de interés que visitan estas personas. Para mi sorpresa,dijo que era una publicación muy leída y que así animaría a otros franceses para que vengan a conocer este sitio maravilloso, como ella lo calificó. 

Silvia Bagoud, Beatriz Sonnerat y Veronique Sztorch no soltaron sus cámaras, fotografiaron todo lo que se les pasó enfrente. Con sus binoculares no dejaban de mirar las tinguas, que nadaban desentendidas en medio del espejo de agua. Pero gritaron de la emoción cuando vieron dos gavilanes canadienses intentando cazar una paloma y un pequeño pibí salir de entre las ramas de un árbol. 

¡Muy linda!, ¡maravillosa!, ¡qué calor!, fueron las expresiones que más repitieron. El sol calentó, los sacos empezaron a ser una carga insoportable, pero su ánimo no declinaba. Al medio día, con el cansancio de la jornada programaron otra visita, pero esta vez para el ocaso, para llevarse el recuerdo de "un atardecer a orillas del humedal Córdoba". 

ANA CAROLINA ZAPATA OSPINA
REDACTORA  EL TIEMPO ZONA

PERIODISMO CIUDADANO
zona@eltiempo.com.co
 

Publicación
eltiempo.com
Sección
Bogotá
Fecha de publicación
28 de noviembre de 2007
Autor

Publicidad

Paute aqu�