Lo ideó hace cinco años cuando supo que en Ibagué un par de hermanos, como en la pelÃcula 'Los niños del cielo', se turnaban los zapatos para ir a la escuela.
Es un banco que no busca clientes, sino pequeños que no alcanzan el derecho a un calzado.
De todo este tiempo de regalar zapatos a niños del oriente y las laderas de Cali, lo que menos olvida es la cara de uno que lloró y salió palabreando de una escuela porque entre las docenas de pares que él llevaba no habÃa una talla para cambiar sus chanclas desgastadas.
Ese dÃa Jeison sentÃa tristeza, a pesar de la alegrÃa que le habÃa provocado ver que un centenar de chiquillos habÃan conseguido sus primeros zapatos nuevos.
El banco es una de esas ideas casi tercas de Jeison, un muchacho de 24 años que nació con parálisis cerebral, pero que es inatajable en sus empeños a favor de personas que viven la escasez.
Quiere devolver asà todo lo que han hecho por él desde que nació.
Miriam, su mamá, dice que a la hora del parto le salieron primero los pies. El alumbramiento fue toda una lucha para que el bebé no muriera por falta de oxÃgeno. El cerebro y las piernas de Jeison sufrieron los estragos.
A lo 2 años no caminaba ni tenÃa habla. TenÃa 3 cuando mataron a su papá.
"Me quedé sola con mis tres hijos, y gracias a que los médicos le operaron las piernas Jeison pudo estirarse un poco", cuenta Miriam.
Después el niño superó todas las expectativas. Era intenso en sus terapias. Su manera de caminar aparatosa fue cambiando, aunque sigue usando zapatos ortopédicos y no deja los ejercicios.
Lo mismo pasa con su voz, que sale entre esfuerzos de garganta, pero tan clara que es el vocero y creador de una asociación de personas con discapacidades en el Valle. Allà hace desde mensajero y promotor, hasta de gerente, para buscar padrinos.
La asociación ha tenido el respaldo de profesionales, practicantes y entidades como la Escuela Nacional del Deporte para la recuperación fÃsica y mental.
En la propia casa de su barrio Ricardo Balcázar Jeison montó una especie de consultorio gratuito para niños con discapacidades.
Allà su mamá y su padre adoptivo lo apoyan porque saben los trabajos por los que ha pasado. El sueño es dotar talleres grandes de panaderÃa, pastelerÃa y costura para que las madres y los mismos pacientes puedan ganar un poco en calidad de vida.
Vive al debe.
El banco de zapatos nunca tiene superávit. "Vivimos al debe porque depende de las donaciones, pero somos felices con lo que nos regalen para los muchachos", dice Jeison.
Se rÃe cuando afirma que este banco no vive de los intereses ni los réditos, y que tampoco les pide fiadores a los beneficiarios. "Aquà no atropellamos, calzamos", agrega.
La misión usualmente se queda corta frente a la demanda en esos barrios del oriente rodeados de invasiones, donde los pequeños y aún los más grandes no tienen siempre asegurado el almuerzo.
A las donaciones no les faltan corazones como los de Venus de Colombia, Adidas o Calzado Maravilla. O cualquier persona que trae desde zapatos usados en buen estado hasta algunos comprados.
El viernes pasado el banco alegró a los niños del hogar Santa Mónica de Fe y AlegrÃa, en el populoso barrio Alfonso Bonilla Aragón.
La profesora Elena Leat dice que en los jardines tuvieron que hacer lista de los niños más necesitados para entregar 87 pares. No habÃa para todos. Allison, una chiquilla de trenzas, se quedó sin estreno porque justo calzaba 22 y era una talla demasiado pequeña. Se puso sus chanclas y salió silenciosa.
En algunas escuelas no faltan los niños que convierten sus viejos zapatos en chanclas porque sus pies están creciendo. "Les tienen que romper la parte de atrás para poner seguir usándolos. Otros prefieren andar descalzos y no van a la escuela porque temen que no los dejen entrar asÃ", dice Alicia Raigoza, la mamá agradecida de uno de los beneficiarios. Es el contraste que ha vivido Jeison con su banco en más de 80 visitas para entregar unos 5.000 pares.
Luzmar Obando, mamá de una niña con discapacidad, dice que conocerlo a él ha sido todo un regalo porque le enseñó a luchar por su hija.
Jeison siente que es una tarea que le encomendaron desde lo alto por haber tenido la oportunidad de hablar y caminar.
Convenio solidario de 9.600 pares Los apremios de cientos de vallecaucanos no son fáciles de cubrir. Independiente del esfuerzo de Jeison Aristizábal avanzan otras iniciativas solidarias.
Una de ellas se forjó a partir de un convenio de la Gobernación del Valle con el Centro de Desarrollo Productivo del Cuero (CPD), también para entregar zapatos en escuelas públicas.
En el CPD, que opera en un sector popular de Cali, se fabricaron 9.600 pares, gracias a la mano de obra de 400 indÃgenas, negros, mujeres y desplazados.
Se invirtieron 163,2 millones de pesos.
La secretaria de Desarrollo Social, Lida Pachón, dice que, además de la entrega de los zapatos, el programa deja una satisfacción especial porque con la capacitación a quienes los hacen facilitan un modo de manutención para ellos y sus familias.
JOSÉ LUIS VALENCIA CORRESPONSAL DE EL TIEMPOCALI
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