Aunque solo habla español, esto no ha sido una barrera para hacer conocer el drama de los secuestrados colombianos.
Dijo que lo que más ha cosechado en Europa es fuerza para regresar a Colombia a seguir caminando o a esperar en la Plaza de Bolívar hasta que se concrete el intercambio humanitario.
En Berlín, la quinta estación de su correría por Europa que comenzó el 15 de septiembre, el profesor Gustavo Moncayo dijo que ya ha comenzado a sentirse ansioso por volver a Colombia.
"En Francia, Bruselas, Italia, El Vaticano y aquí en la capital de Alemania, nos han reabastecido con un caudal de solidaridad y generosidad sin límite, pero también es cierto que los días pasan y mi hijo y los secuestrados siguen allá desperdiciándose cautivos en el monte" le dijo el docente nariñense a EL TIEMPO en una calle de Berlín.
"Así no hay alegría ni mano extendida que me permita desconectarme. Ni mi corazón ni mi mente están en paz", señaló, mientras transeúntes se le acercaban para comprobar si eso que lleva atado al pecho son cadenas de verdad y a mirar con detenimiento las fotos impresas en su camiseta blanca.
"Como me gustaría contarles uno a uno que ésta gente de las fotos son los miembros de mi familia, condenada al dolor y a estar desperdigada desde hace 10 años por el secuestro de Pablo Emilio (su hijo).", señaló, casi tentado a detener a la gente para hablarles del secuestro en Colombia.
Lo detiene la falta del idioma, pero se consuela al sacar de su mochila las fotos que atestiguan a qué personas y personajes europeos sí les ha podido contar su historia a lo largo de estos 38 días de viaje.
La lista es muy larga y Moncayo no recuerda todos los nombres.
Sus ilustres anfitriones Comenzando por París, ruedan las fotos de delegados del Ministerio de Exteriores, tres alcaldes menores, cientos de integrantes de los distintos comités de solidaridad con Íngrid Betancourt, el ex embajador francés en Colombia, Daniel Parfait, quien no se acordaba que ya se había entrevistado hace seis años con Moncayo y al ver la foto de entonces, consideró que al profesor le habían caído muchos más años encima de los que en realidad habían transcurrido entre los dos encuentros.
"Hasta una broma cariñosa me devuelve a mi tragedia y a la de los 3.000 colombianos secuestrados. Este 21 de octubre cumplí el primer año encadenado y en ese año el pelo se me blanqueó, ahora mis canas compiten con la blancura de la cabellera del Papa". Benedicto XVI lo recibió por cinco minutos el 10 de octubre, después de una eucaristía de la que Moncayo y su hija Yuri, participaron como "invitados de honor".
"No se trata de con quien uno se encuentre sino de lo que se va logrando" repitió Moncayo.
"En París no me recibió el presidente Sarkozy porque no se encontraba en Francia, pero logramos algo trascendente, enlazar la solidaridad francesa para con Íngrid con el drama de los demás secuestrados en Colombia" agregó.
Y si se le pregunta qué ha obtenido de toda esta correría y que piensa obtener en sus restantes destinos, España y Suiza, Moncayo deja por fin escapar una gran sonrisa y dice que lo que ha cosechado a manos llenas es fuerza para regresar a Colombia a seguir caminando o a esperar en la Plaza de Bolívar hasta que se concrete el intercambio.
"El Papa bendijo a mi hijo, dedicó sus oraciones del día para todos los secuestrados, apoyó la salida pacífica a este drama del secuestro, en los otros países nos han acogido, escuchado, comprendido y hasta hecho obsequios valiosos", indicó.
Tras esto contó que un francés le regaló un computador, el cantante Renaud le dio una cámara digital y los 4.000 euros que le obsequiaron en Berlín los integrantes de una respetable asociación apolítica por la Paz en el Mundo.
"Pero lo mejor que todos ellos en conjunto me han dado es ánimo y fuerza para seguir luchando por la liberación de mi hijo, aún cuando muchos me malentendían", afirmó.
Por eso, Moncayo anunció que, a menos de que a mediados de noviembre, cuando regrese a Colombia, ya se haya producido la libertad de su hijo, él se quedará en Bogotá insistiéndole pacíficamente al presidente Uribe y a las Farc para que "despejen en serio" la posibilidad de un intercambio humanitario.
"Si no me prestan una carpa en la Plaza de Bolívar, entonces me conseguiré un paraguas", concluyó.
PATRICIA SALAZAR F.PARA EL TIEMPO DESDE BERLÍN
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