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Camisetas de Pablo Escobar son el nuevo 'souvenir' colombiano para turistas

Camisetas con su estampa, elaboradas con algodón barato en todas las tallas y colores, se camuflan entre las camisetas del 'Che' Guevara y las de equipos de fútbol.

Esas prendas tienen impresas las palabras 'El Patrón', acompañando una de sus fotos más famosas: la del cartel de 'Se busca'. Luce bigote y una mirada serena, casi papal.

"Dicen que era un asesino, pero no me consta. Igual está muerto", afirma Fernando Rojas, vendedor ambulante que ofrece la camiseta. "Lo menos que pido es 20 mil pesos, y diario se llevan diez".

Edgardo Watts también las ofrece cerca de la Torre del Reloj, pero sus cuentas de cuántas vende son menos alegres: tres por día. "Él fue un capo bueno, que construyó casas para la gente pobre de Medellín. Por eso hasta los paisas las llevan", cuenta.

Pero son gringos, españoles e israelíes los que más las quieren, coinciden los vendedores. "Los italianos la buscan mucho. La ven y dicen 'Escobar'. Él fue grande allá en su tierra, fue el que más coca les mandó", dice Watts. La compran entre risas y toques de nariz, agrega.

Nadie recuerda de dónde surgió la idea de usar la imagen de Escobar como souvenir, pero todos consiguen las prendas en la misma fábrica.

Tabú Jairo Orozco, otro vendedor, dice que tiene la de Escobar, pero no le gusta mostrarla. Baja la mirada y afirma: "Las guardo porque son más costosas y se ensucian".

Rodeada de móviles de guacamayas, Mercedes Cárdenas cuenta que nunca la vendería en su almacén de artesanías: "Para algunos fue bueno, para otros, malo. A mí ni fu ni fa". Lo suyo son las de dibujos de cocheros, de murallas y de mensajes como Alguien que me quiere mucho me trajo esta camisa. "No la vendo porque podría herir a personas afectadas por él".

Aunque está en todas partes, la prenda es motivo de escándalo. "Una vez un colombiano me dijo que por qué vendía la camisa de un man tan malo", recuerda Rojas.

La polémica no es nueva. En el 2004, el Gobierno colombiano protestó formalmente por unas camisetas similares que se vendían en Milán (Italia). Su fabricante dijo que no hacía apología del delito.

La figura de Escobar es una sombra que aún ronda a los colombianos y su imagen remueve una herida sin sanar. En abril del 2006, un cartel invitando a elegirlo como presidente bajo el lema de 'Soberanía e Independencia' llenó de color las paredes de Medellín y Bogotá, y de indignación a miles de personas. Las autoridades retiraron los afiches con rapidez y al final se supo que se trataba de una intervención artística.

Escobar, drogas, Colombia "¿Escobar, la mafia? -pregunta Colette Mahieu, una joven australiana- No es cool, sino que representa una parte intrigante de la historia de la droga para los extranjeros".

Una pareja de alemanes la llevaría por "diversión", pero dice no se la pondría en Colombia: "Es un juego mental: Escobar, drogas, Colombia". Alma Klein y su novio Jacob llevan 3 meses en el país. "Uno viene con lo de las drogas en mente, pero su país es más que eso", afirman.

Alberto Morales, mexicano, la compró como muestra de la "narcocultura"."No creo que sea ejemplo para seguir -dice-, pero me llaman la atención sus excesos. Y es un ícono, como las latas de Warhol". Cuenta que en su país también hubo malestar en los 90 por las camisas de un asesino en serie, 'El Mochaorejas', pero "se vendieron como pan caliente".

Más allá de los prejuicios éticos, los vendedores se defienden: "Lo único que hacemos es venderla, y ajá, se la llevan, gusta", dice Watts.

CAMILO SIXTO BAQUERO M.REDACTOR ELTIEMPO.COMCARTAGENAcambaq@eltiempo.com.co

Publicación
eltiempo.com
Sección
Nación
Fecha de publicación
15 de octubre de 2007
Autor

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