En la sala 4 de la funeraria Apogeo, sur de Bogotá, brilla un ataúd blanco, con una foto encima de un muchacho de 20 años, con la apariencia de un niño que sonrÃe y sostiene un balón de fútbol.
Su nombre era Haillerman Daniel Méndez Cuéllar, un joven al que le faltaron cuatro dÃas para recibir el tratamiento, que esperó toda su vida, para salvarse de la extraña enfermedad con la que nació. En una silla de la sala de velación, su mamá, Martha Elena Cuellar Cortés, de 40 años, recuerda ese 20 de abril de 1987 cuando Haillerman vino al mundo en el hospital de Bosa. "Fue mi primer hijo. Jugaba Colombia con Brasil. Nació cuando Colombia metió el segundo gol, el de ganar. Los enfermeros gritaban gol y yo gritaba en la sala del dolor".Su niñez fue normal, en una casa humilde, perdida en los laberintos de Bosa, en el sur de la capital. Gateó, caminó, habló, como todos los niños. Iba a la escuela San Pablo y jugaba fútbol. Era hincha de Millonarios. Soñaba con ser futbolista y medir 1,83 metros como su padre, Francisco Méndez, que trabajaba de vigilante. Lo único raro era que le daban mucha gripa y era barrigón. "Pensaba que eran lombrices y lo purgaba". Pero su mal era más grave. A los 7 años, en un control, un médico le dijo a Martha: "Uyy, este chino, tiene un sÃndrome". Lo remitieron a un especialista que le dijo solo con verlo que sufrÃa de Mucopolisacaridosis (MPS), una extraña enfermedad genética. Martha, que ya tenÃa otros dos hijos, David y Adriana, no hizo más que llorar.Fueron donde un genetista, que, con un examen, les confirmó que al niño le hacÃa falta la enzima Iduranato-L-sulfatasa. Se trataba de una MPS tipo II, conocida como el sÃndrome de Hunter. Una triste loterÃa, que en el mundo le cae a una persona entre 162.000. "Nos dijo que no tenÃa cura, que vivirÃa 10 años, que no fuéramos a creer que con rezos o bebedizos se sanaba". La transformaciónEl pronóstico no se cumplió, pero a los 10 años Haillerman sufrió una convulsión. La enfermedad habÃa despertado y sus células comenzaron a morir. Desde entonces, se fue transformando lentamente. Comenzó a perder la visión y el oÃdo. Le crecÃa rápido el cabello y las cejas. Se le dificultaba respirar. Sus manos se le pusieron rÃgidas, como garras. Y su cabeza comenzó a crecer, mientras su esqueleto dejó de estirarse y se detuvo en los 1,26 metros. En el colegio le decÃan Herman Monster, gorila. Llegaba triste a casa, pero volvÃa. QuerÃa ser bachiller. "TenÃa un gran corazón y perdonaba". Cuando cumplió 15 años, Martha le confesó el mal que sufrÃa. Haillerman le dijo: "Mamá, ya no puedo ser futbolista, pero los enanos pueden estudiar. Voy a ser gerente de una empresa o astronauta". No eran tiempos buenos. Martha se separó de su esposo. Le tocó vender empanadas y rifas y limpiar casas ajenas. Trataban de olvidar lo grave de la enfermedad, pero en grado once, Haillerman no veÃa ni el tablero y se caÃa en clase. En un centro para ciegos le enseñaron a moverse por la casa, a leer en Braile y le dieron un telescopio para caminar por las calles. Su mamá le leÃa los temas y él escribÃa las tareas con letras gigantes. "Pese a todo su esfuerzo, no se graduó. Unos profesores dijeron que no habÃa cumplido la metas. Le dolió mucho y dijo que iba a terminar en la nocturna". Pero no volvió a un salón. Ya era el 2005 y no podÃa moverse solo. Se quedó en casa. "Esa fue su cárcel", dice Martha. No veÃa ni con el telescopio, dormÃa hasta 16 horas y oÃa los partidos sentado en una silla al lado del televisor. Crean una esperanzaEn agosto del año pasado, cuando lo llevaron por una convulsión a la ClÃnica del Niño, nació una esperanza. La doctora Marta Solano, una neuropediatra, le dijo a su mamá que la ciencia habÃa encontrado un tratamiento para su mal. Meses atrás habÃan aprobado en Estados Unidos que la empresa Shire comercializara la enzima que le faltaba y ya estaba en el mercado con el nombre de Elaprese Udursulfase. El 20 de septiembre, la doctora le formuló 12 dosis. Entonces comenzó la lucha de la Martha para conseguir el tratamiento con la EPS del ISS. Todo parecÃa en contra. Una ampolla costaba unos 3.000 dólares y en el Seguro no sabÃan ni dónde conseguirla. El abogado Germán Rincón le ayudó. Hicieron un derecho de petición, radicado el 30 de octubre del año pasado.Mientras tanto, los dolores de cabeza atormentaban al joven. "No pensaba en la muerte, solo en volver a estudiar, en ser gerente, tener novia, en el fútbol", dice Martha.Sin respuestas, pusieron una tutela que falló el juez Luis Murillo y le ordenó el 28 de febrero del 2007 a la EPS a darle el tratamiento en 20 dÃas. Martha soñaba con que su hijo pudiera volver a escribir, que respirara mejor y que lograra sus sueños En Argentina encontraron la enzima, donde Shire tiene su sede para América. Pero pasaron 1,2,3,4 y 20 dÃas sin noticias. Mientras los funcionarios del seguro adelantaban los trámites para comprar el tratamiento, buscaban los recursos y la autorización del Invima, Martha les escribÃa mails a los argentinos del laboratorio para que le ayudaran, llamaba también al Invima para que agilizaran los papeleos y hasta logró una entrevista con los directivos de la EPS. De dÃas se pasó a meses. Marzo, abril, mayo, junio, julio, agosto y nada de noticias. Haillerman le preguntaba molesto a su mamá: "¿Será que me van a dar por fin el medicamento?". Ella iba a una oficina del Seguro del centro a cada rato a preguntar. Llegó septiembre y la batalla parecÃa ganada. El sábado 22 llegaron las dosis en un avión a Eldorado, pero fueron llevadas a un cuarto especial. Faltaba el trámite de nacionalización. "Me dijeron que me llamaban. Ya habÃa pedido cita con el neurólogo para que se la aplicaran de inmediato", recuerda Martha. Domingo, lunes, martes, miércoles y nada. El jueves, se levantó dispuesta a ir a la oficina del Seguro a preguntar qué habÃa pasado. Le iba a dar el desayuno a Haillerman, lo sentó en una silla, pero de repente convulsionó y cayó al suelo. Se reventó la boca y quedó inconsciente. Lo llevó a la ClÃnica del Niño. Lo operaron de urgencias y lo dejaron en cuidados intensivos.No volvió a abrir los ojos. El domingo, el corazón de Haillerman se detuvo a las 10:40 de la mañana, mientras las dosis de la enzima que le hacÃa falta desde niño seguÃan en una bodega del aeropuerto."El teléfono no sonó. De nada sirvió todo lo que luchamos", recuerda Martha. El lunes, mientras era velado en el Apogeo, llegó la carta de nacionalización. Al dÃa siguiente lo sepultaron y desde entonces, en su casa, una vela alumbra su foto como un santo, con Marcio Cruz y Andrés Pérez, sus Ãdolos, a quienes conoció una noche de fútbol en el CampÃn.
'Haillerman habrÃa mejorado' "No se puede decir que Haillerman murió porque no recibió el tratamiento, pero si lo hubiera recibido con el tiempo habrÃa mejorado su vida. No habrÃa vuelto a ver, pero respirarÃa mejor y frenarÃa otros problemas. Uno debe brindarle al paciente todo para mejorar su vida, sin importar lo que cueste", dice la doctora Marta Solano. La MPS tipo II hace parte de las enfermedades de depósito lisosomal, consideradas 'raras' o 'huérfanas' por la ciencia, porque hasta ahora la están descifrando. Existen 7 tipos de MPS y ya han creado enzimas para tres. Más información en: www.acopel.org.co LUIS ALBERTO MIÑO RUEDASUBEDITOR DE REPORTAJES
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