Los cachacos son la tribu que tradicionalmente ha ocupado la Sabana de Bogotá.
Con el tiempo han ido cediendo terreno frente a tribus más robustas y han quedado en dos resguardos: los barrios La Candelaria y Chapinero. Yo sospecho que son descendientes de los criollos (los españoles que vivÃan en las Américas). Pero ellos han resuelto que en tiempos mÃticos sus ancestros son los ingleses de sangre azul.Con el tiempo han quedado sin poder económico por su ambición de ser doctores (profesión que ha perdido todo su valor). Pues, sin tres muchachas en la cocina, tres de adentro, más, por lo menos, un chofer, no pueden sobrevivir. AsÃ, para garantizar la supervivencia, han buscado trabajo en el Gobierno. Las embajadas y los consulados son un ejemplo también.Su comida es muy especial, pero también ha tenido su bajón. Muchos platos se han perdido del recetario. Es una lástima, porque cada dÃa los cachacos están consumiendo más y más platos de una dieta muy internacional. Gabriel Pardo, director de la Corporación La Candelaria, ha sido un excelente ejemplo de lo que se puede hacer para levantar un barrio que se está cayendo y que ha motivado a sus habitantes a estar orgullosos de vivir en un sitio único de la ciudad. Uno de los placeres de caminar por el barrio es ver la vida que tienen las calles. Allà se encuentra la mayor concentración de extranjeros turistas del paÃs, estudiantes, bohemios y artistas y gente de desde el estrato 6 al 2, miembros del Gobierno, del Congreso, etc.Gabriel entiende que su papel es el de promulgar la cultura de su barrio en términos generales. Por eso inventó el Festival Gastronómico Cachaco, que va hasta el 15 de octubre. Los restaurantes inscritos -22 en esta primera edición- recrearon un plato cachaco sin importar sus propias tendencias. Visitamos los 22 en dos dÃas. La intención fue escoger seis finalistas. Veinte restaurantes tuvieron el nivel de finalistas, pero solo quedaron seis. Se pueden destacar la arquitectura del barrio y los precios de los platos. ¿Qué tal un ajiaco por 6.500 pesos (esto me cuesta el parqueadero en el supermercado mientras hago las compras)? Es más barato coger un taxi e ir al centro y disfrutar de un excelente ajiaco que comer uno malo en el norte.El jurado era de pelÃcula: Leonor Espinosa (la diva de los fogones), Carlos Ordóñez (más sabe el diablo...), Martha Senn (la mejor fachada del barrio) y Andrés Jaramillo (el rey Midas de los restauranteros).El primer finalista fue San Pedro, con un ajiaco; luego quedó el Hotel de La Ópera, con un puchero; Anderson's (los dueños son una pareja: él gringo, ella pastusa; quién sabe si es una mezcla de sangres agraciada), con un lomo al trapo, con un guiso hecho de tomates y cebolla larga a la parrilla; Zouk ofreció una sobrebarriga con salsa de romero y papas chorreadas, y La Puerta Falsa compitió con tamal, chocolate y almojábana.Entregamos los premios en la oficina de la Corporación. El ganador a la Mejor Presentación de un Plato fue Cuarteto, con su puchero servido en una hoja de repollo sin cocinar. El reconocimiento al más creativo lo obtuvo Andante Mantrapo, con su sopa de arroz. La mejor investigación la hizo Vasija de Barro, con la historia del ajiaco. El mejor servicio lo prestó Manzana, y el premio por la mejor adecuación del espacio fue para La Sociedad.El ganador del mejor plato fue La Puerta Falsa con su tamal. El restaurante lleva 190 años en manos de la misma familia y sirviendo el mismo plato a 3.500 pesos. El lugar lleva más tiempo que la suma de las edades de los jurados (obviamente ¡sin incluir la edad de Carlos Ordóñez!).Para el siguiente concurso serÃa bueno tener un rango más grande de platos. ¿Qué pasó con los pepinos rellenos, la mazamorra chiquita, el cuchuco, etc.? Es hora de recuperarlos.Recomiendo a mis lectores visitar el barrio y aprovechar su arquitectura, su cultura y su gastronomÃa. ¡Nació la Zona C!KENDON MACDONALD SMITHvivirparacomer@eltiempo.com.co
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