La afirmación es de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde), que reúne a las 30 mayores economÃas del mundo.
Temen que el auge de los biocombustibles para evitar las emisiones de gases contaminantes sea, como titula la organización en su informe, "peor remedio que la enfermedad".
Según el informe, pasar del 1 al 11 por ciento la parte de biocombustibles en el consumo total de carburantes de aquà a 2050 producirá graves problemas. "En teorÃa -dice el informe- hay tierras suficientes en el planeta para alimentar una población en expansión a la vez que se producen biocombustibles. Pero la transformación de tierras para la producción de energÃa a partir de biomasa hará subir el precio de los alimentos" entre un 20 y un 50 por ciento en los próximos 10 años.
Además, tampoco le ve ventajas medioambientales, porque la tentación será de "reemplazar ecosistemas protegidos, bosques y zonas húmedas por cultivos destinados a producir biocombustibles".
El informe también responde a quienes dicen que las reducciones de gases contaminantes pueden reducirse un 40 por ciento empleando biocombustibles en lugar de carburantes clásicos. Según la Ocde, si se tiene en cuenta la acidificación de los suelos, el uso de pesticidas y los atentados a la biodiversidad, el etanol y el biodiesel pueden resultar incluso más dañinos que la gasolina normal.
El informe concluye: "la capacidad de los biocombustibles para cubrir una parte de las necesidades energéticas del transporte sin hacer que aumenten los precios de los alimentos o castigar el medioambiente es muy limitada".
A Brasil, primer productor mundial de biocombustibles, ya le advirtió el comisario europeo de Comercio, Peter Mandelson, durante la conferencia sobre el tema celebrada en Bruselas en julio: "Los europeos no pagarán más para adquirir biocombustible si el etanol que mueve sus coches proviene de la quema de campos y cultivos, ni tampoco si se elabora a costa de la selva amazónica".
La Ocde también recomienda al Gobierno brasileño que utilice sus fuentes energéticas no solo para exportarlas, sino también para investigar en bioenergÃa, creando asà nuevas actividades económicas.
El auge de los biocombustibles también perjudicará a la ganaderÃa, según la Ocde por el aumento del costo de alimentar a los animales. Lo explicó Jacques Diouf, director de la FAO, al diario francés Liberation: "el auge de los biocarburantes supondrá un aumento del 9 por ciento del gasto global de importación alimentaria de los paÃses en desarrollo".
Además, casi no hay biocarburantes sin subvención. Estados Unidos, según el Banco Mundial, les regala 7.000 millones de dólares en subvenciones anualmente. La Ocde también cree que existe el riesgo de que la demanda sea mayor que la oferta, "fomentando un desarrollo dañino". El informe pide que la Agencia Internacional de la EnergÃa, la propia Ocde, Naciones Unidas, la FAO y el Banco Mundial estudien estos problemas en común, para evaluar mejor las consecuencias de las tecnologÃas actuales y futuras de producción de biocombustibles.
El informe también critica que los gobiernos fomenten el uso de biocombustibles con subvenciones y preconiza que se haga al contrario, creando impuestos a partir de la fórmula "el que contamina paga".
También propone que, en el marco de la OMC, se negocie una bajada de los derechos de aduana que pagan los biocombusbibles, para permitir asà a los paÃses en desarrollo aprovecharse de las condiciones climáticas del hemisferio sur, más favorables para su producción.
Certificar el proceso es clave Colombia lo tiene todo para el desarrollo de los biocombustibles sin necesidad de recurrir a la deforestación de bosque tropical como en otros paÃses de la región, dijo Tim Killen, investigador senior de Conservation International.
Killen visitó recientemente el paÃs por una invitación de la Embajada de los Estados Unidos para conocer de cerca la experiencia del paÃs en los biocombustibles.
El investigador consideró, sin embargo, que para posicionar al paÃs como un abastecedor mundial de estos nuevos combustibles verdes deberá trabajar en una certificación tipo ISO para demostrarles a los mercados, especialmente los europeos, que la producción de etanol y biodiesel no tiene impactos negativos en el medio ambiente, que no está desplazando área cultivable y que se le está pagando lo justo a los agricultores. "Colombia tiene que aprovechar porque el mercado (de biocombustibles) va a crecer con una curva casi exponencial", dijo.
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