Cerrar

  • ¿Necesita Dinero?

Publicidad

ElTIEMPO.COM

Archivo

Patrocinado por:

Por 5.500 pesos se pueden bañar los viajeros que llegan al terminal de transportes de Bogotá

Ese precio les da derecho a jabón, toalla, pantuflas y cepillo de dientes. Unas 40 personas, entre hombres y mujeres, visitan las duchas diariamente,

"Son pocos, pues a los baños del terminal entran 3'500.000 personas al año. Mucha gente no sabe que tenemos este servicio", dice el administrador Eliseo Salinas, que agrega que los mayores clientes son las personas que vienen a sacar visas y se devuelven por la noche.

Jarinson González, un trabajador de Buenaventura, es uno de los usuarios del servicio.

Tras 12 horas de viaje desde Buenaventura, durmiendo en una cómoda silla de la línea Gacela, se despertó el viernes en la terminal y se fue con su pequeña maleta a echarse una ducha de agua caliente.Eran las 7:30 de la mañana. Caminó por un corredor ambientado por los vapores de los tamales que venden en locales adornados con bolsas de achiras hasta el techo y llegó hasta una puerta del módulo verde, donde arriba un letrero anunciaba: Baños Públicos / Duchas / Public Restrooms / Shower.Parece un baño más. Un pasajero desprevenido puede pasar mil veces por el frente y no percatarse de que en este lugar, ubicado entre dos casinos con tragamonedas, existen desde hace seis años seis duchas para hombres y mujeres, al servicio las 24 horas.Jarinson descubrió las duchas hace varios meses, en una de sus visitas de trabajo a Bogotá, cuando le preguntó a un vigilante si había un sitio para bañarse. Desde entonces es un cliente habitual cada vez que lo manda la empresa a hacer diligencias de trabajo a Bogotá.Con su pequeña maleta, se metió al baño, enchapado de pies a cabeza con baldosas blancas y le pagó 5.500 pesos a Luz Stella Quiroga, la empleada de turno. "A unos viajeros les parece caro y piden rebaja, pero no se les puede hacer, ese es el precio, es que no es solo la ducha, sino que se les da un kit de aseo", dice Quiroga.Al pasar por la registradora, Jarinson recibió el kit. Una bolsa con una toalla blanca, un cuadrado de unos 80 centímetros, desechable; una pantuflas de tela; una bolsa de champú Sedal para cabello normal; un cepillo de dientes desechable, que se oprime y le sale una gota de crema dental con un ligero sabor a menta, y un jabón pequeño, marca Pétalos, conocido en el mundo de los moteles como 'jabón chiquito', con su aroma de perfume barato.El baño es extraño, para cargar el rótulo de público. Es inmaculado. No tiene corazones pintados en sus paredes, ni groserías escritas. Además de las duchas, tiene tres baterías de sanitarios, tres orinales y unas pequeñas bancas para cambiarse. "Está carito, pero eso sí, está bien el baño, limpiecito. Y uno se ahorra la plata del hotel", dice Jarinson.En el lugar está también Diego Dulcey Lavino, de 29 años, que llegó esa mañana de Pereira en Velotax. Era la primera vez que los visitaba."Esos viajes son muy aburridores. Uno llega todo sudado, despelucado y feíto", dice el joven, que llegó a Bogotá para visitar uno cultivos de flores de la sabana y que siempre acostumbra a venir en avión. A un lado estaba Marco Antonio, de 40 años, que descubrió las duchas cuando vino de Cali un día a la cita para pedir la visa de Estados Unidos. "Pese a que llegué recién bañado, no me la dieron", se ríe. Aseo cada 15 minutos Aunque no se conocen, los visitantes del baño parecen amigos de un equipo de fútbol que acaban de jugar un partido. Todos sacan de sus maletas sus pantaloncillos limpios, los talcos, el desodorante, frente a los otros. Se quitan la ropa y se meten a las duchas, unos en calzoncillos, otros en tanga 'narizona'.A Jarinson las pantuflas de tela le quedaron apretadas. "De esta vainas uno no sabe cuál es la izquierda ni cuál es la derecha y me quedan pequeñas". Pero calzadas con ellas se mete a la ducha y luego grita: "Hermano, el agüita no está como muy caliente". Otro visitante comenta que la prefiere fría. "Cuando hay mucha gente se acaba la caliente, toca esperar", repunta la empleada de los baños. Después de la ducha, los viajeros renovados se visten. "La toalla es muy pequeña, no tapa nada", dice el negro Jarinson, con una sonrisa sin tres dientes.Unos se bañan los dientes con el cepillo del kit, pero otros prefieren hacerlo con el personal y con su crema dental. Arcesio Parra, un fotógrafo caleño, que venía a buscar un repuesto para su cámara, se afeita con espuma y todo, sin camisa, como si estuviera en su casa. Mientras otros viajeros entran con su kit y sus morrales.Cada quince minutos pasa una señora del aseo por las duchas y las limpia. Recoge lo que sobra de los jabones. "Los hombres son los más desordenados, a veces dejan pantaloncillos y ropa vieja, pero la mujeres son más limpias", dice Quiroga.Las duchas son como un trofeo para mostrar en el terminal. "Se ve todo limpio. El servicio es excelente. Uno no se imagina que el Terminal tenga unos baños así. Ni el aeropuerto, ni en otros terminales del país que conozco hay duchas", dice Dulcey, mientras termina de vestirse y de echarse perfume. "Es que con estos cachacos hay que llegar bien presentados, uno no puede ir a una cita mal arreglado", comenta. Jarinson se toma el arreglo con calma. Se echa talcos y mete la toalla del kit en su maletín: "Eso sí, la toallita no hay que dejarla, esa siempre me la llevo pa' la casa, sirve pa' limpiar los zapatos. Esos cinco mil pesitos no se pueden botar", dice.Recoge toda su ropa y se va oliendo a 'jabón chiquito', rumbo a su cita, sonriendo. "Eso llega uno a la oficina como si hubiera acabado de llegar en avión".

LUIS ALBERTO MIÑO RUEDASUBEDITOR DE REPORTAJES

Publicación
eltiempo.com
Sección
Bogotá
Fecha de publicación
22 de septiembre de 2007
Autor

Publicidad

COPYRIGHT © 2009 CEET Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular. Ver Términos y Condiciones.

GDA Miembro de GDA. Grupo de Diarios América