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| Actualizado hace 12 minutos

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Joven víctima de 'cabezas rapadas' estudiaba dos carreras y era guitarrista de una banda hardcore

Julián Javier Prieto, de 24 años, fue atacado por un grupo de 30 jóvenes, de entre 15 y 20 años, armados con navajas, dagas y bisturís. Falleció a causa de tres puñaladas.

Mientras los agresores no cesaban de gritar "Oi. Oi. Oi. Oi. Oi....", su expresión de ataque, uno de ellos hundía su navaja en el cuerpo de Julián Javier -guitarrista del grupo musical Pitbull -.

Luego, estos 'skinheads' atacaron a seis de los músicos y amigos que esa noche acompañaban a Prieto, y que apenas se enteraron del ataque salieron a buscar a los agresores trenzandose en una pelea con los 'skin'.

"Esos manes gritaban Oi. Oi. Oi', como si estuvieran celebrando un gol. Alzaban los brazos, lanzaban el grito y luego bajaban las manos con los puñales que tenían pa' bajarse a todo el mundo", contaron los amigos de Prieto, amante del género roquero hardcore, y quien recibió heridas de puñal en el cuello, tórax y espalda. Heridas que terminaron causándole la muerte poco después de la medianoche en la Clínica El Country.

Después de un 'toque'

Todo comenzó hacia las 11:40 p.m., cuando Prieto salió de la tienda 'Rikotto', en la calle 79 con carrera 11, donde tomaba cerveza para celebrar 'un toque' de su banda con otros grupos de rock en el Club Social Gótica.

El joven músico acababa de dejar a una amiga en un taxi cuando fue brutalmente agredido en plena vía pública y, al parecer, sin causa alguna.

Nadie sabe qué pasó exactamente, pero algunas voces señalaron que un skin le dio un cabezazo sin mediar palabra, y que Prieto se defendió con un puño. Y luego vinieron las puñaladas.

"Cuando nos dimos cuenta y salimos, nos tocó defendernos a punta de botella y patadas", contaron los amigos del músico asesinado.

Al final, también resultaron heridos: Daniel Vega, baterista de Pitbull -que se encuentra aún en la Clínica El Bosque, porque una puñalada le afectó un pulmón-; Édgar Augusto de Castro, guitarrista de Pitbull; y Anderson Amette, cantante del grupo Moshpit. Estos dos últimos, fueron dados de alta ayer.

Testigos de lo ocurrido contaron que ellos llegaron a la tienda 'Rikotto' para terminar allí la celebración de un sábado que había sido "la chimba", es decir: fenomenal.

Julián Javier estaba eufórico porque a Pitbull le había ido bien en el "toque", el primero que hacían en el reconocido club Gótica. Allí actuaron con grupos como Kontragolpe, Repulsión y Moshpit, otros grupos roqueros locales.

Esa noche Julián no paraba de hablar sobre la presentación que el próximo 24 de noviembre compartirían con el grupo argentino Urbanos HC.

Además -narraron sus amigos- Prieto "estaba super encarretado con una nena".

Los 'skinhead' acabaron así con la vida de un universitario inquieto que estudiaba dos carreras: séptimo semestre de sociología en la Universidad Santo Tomás, y Filosofía en la Universidad Nacional. Y que desde hacía 10 años tocaba guitarra<CF100> en bandas hardcore. Estuvo con el grupo Ataque en Contra, y hace cuatro años ingresó a Pitbull.

Julián Javier vivía en Suba con sus padres -Pedro Nel Prieto y Carmen Lourdes Herrera- y sus hermanos Sergio Alejandro y Norman. Leía con admiración al pensador Foucault. "Ojalá que haya justicia contra los que agredieron a mi hijo", pidió Carmen.

Ayer, en la sala de velación, compañeros de Julián pusieron frente a su ataúd una inmensa foto de él con su guitarra eléctrica, un cartel que lo exaltaba como sociólogo y varios mensajes de "parceros" que fueron encabezados afectuosamente así: Julián Prieto, 'el Yero'.

Los puntos 'rojos' de la zona rosa

Venta de droga callejera en la esquina de la calle 82 con carrera 13, y sobre la carrera 15, entre otros puntos.

Proliferación de prostíbulos, incluso a pocas cuadras de reconocidos centros comerciales.

Violación a las normas de uso del suelo por parte de propietarios de negocios de que han instalado bares y tabernas por fuera de los límites de la Zona Rosa, con fachadas de restaurantes y cafeterías.

Comercialización de artículos robados, como relojes, plumas, gafas y cadenas.

Riñas en el costado sur del centro comercial Atlantis.

'Carteristas' pendientes de cualquier descuido.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Bogotá
Fecha de publicación
10 de septiembre de 2007
Autor

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