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Historia de cuatro locos que hacen parte de la historia de los años 40 en Bogotá

Este fin de semana pasearán por el centro histórico de Bogotá para recordar esos años en que, en carne y hueso, hacían parte de la vida urbana de la ciudad.

La Loca Margarita

La 'Loca Margarita' nació en Fusagasugá (Cundinamarca) y era profesora. Fue furibunda fanática del Partido Liberal. En medio de la violencia partidista, fusilaron a su hijo, casi en sus brazos.

Viajó a Bogotá, donde se hizo amiga de prestantes familias capitalinas, y en particular de las damas de la sociedad con quienes departía en las tardes un chocolate con colaciones.

Caía muy bien por su forma de expresarse y por sus conocimientos. Misteriosamente, en muchas oportunidades se anticipaba prediciendo acontecimientos que luego sucedían con lujo de detalles.

Era fiel seguidora y admiradora del general Rafael Uribe Uribe, de quien predijo su muerte. Esa circunstancia terminó por desatar su locura total, ya que prácticamente fue testigo del hecho.

Se hizo amiga de otro loquito famoso, 'el Negro Chivas', con quien se encontraba sagradamente todas las tardes. Con él visitaba los más famosos cafés y discutía de política con los aparecidos.

Vivió humildemente, en una casa de su propiedad donde albergaba a personas de baja condición social: albañiles, obreros, prostitutas y vagos que se disputaban el derecho a darle  siempre algún elemento por su bondad al acogerlos.

Siempre la vieron descalza en la ciudad, pero cuentan que en su pieza se le veía una hilera de zapatos nuevos de color rojo bordeando la pared, todos regalados por sus amigos de tertulias.

Pese a su humilde condición siempre lucía limpia; ella tomaba un baño diario al lado de las aguateras más conocidas de la historia, entre las que se encontraba Petronila en el Chorro de Quevedo; luego del baño, se daba a sus paseos por las calles, portando una especie de bolsa donde siempre llevaba consigo las escrituras de su propiedad. 

Margarita se hizo famosa por el discurso que expresó justo la tarde del atentado al General, de ahí en adelante sería la más certera pregonera, provocadora y convocadora de masas del partido liberal en plena vía pública; de ahí nació su habitual grito de combate a mandíbula batiente ¡Viva el partido Liberal!

Pomponio

Fue conocido por su lenguaje florido y su elegancia llevada al extremo de la extravagancia, según los relatos de la época.

Era de una familia pudiente y estudiante del mejor colegio de la época, de donde fue expulsado por "problemas en su comportamiento y forma de ser".

La verdad sobre el origen de su locura se diluye entre diversas versiones. Una de ellas habla de su amor por una niña a la que intentó acercarse, y que lo hico víctima de la peor de las bromas, por cuenta de un grupo de teatreros, entre quienes se encontraba el hermano de su amada.

Cuenta la historia que el día en que iba a declararle su amor, los teatreros se hicieron pasar por ella y le jugaron toda clase de bromas y abusos, que terminaron en una brutal golpiza y en la frase ¿Pomponio, quieres queso?  A partir de ahí, la frase lo persiguió durante su infancia.

En aquella enrarecida tarde Pomponio sobrepó el límite del aguante, y se desbordó en defensa propia, verbal y física, contra el grupo de bromistas teatreros.

Otra versión de la historia cuenta que la locura de Pomponio se originó cuando su enamorada lo plantó a las puertas de la iglesia el día del matrimonio. De ahí en adelante -dicen- se relegó a su casa, no quería ver a nadie.  La fortuna heredada de sus padres era suficiente para vivir en medio de su servidumbre que, al final, también lo dejó.

Fue empleado como cartero gracias a algunas relaciones que tenía con personas vinculadas al nuevo y naciente oficio de la oficina de correos de Bogotá.

Pomponio tenía una memoria prodigiosa, incluso después de la golpiza. No se guiaba por las direcciones sino por el conocimiento de todas las personas y lugares donde habitaban.

Quienes lo conocieron relataban que cuando le entregaban un grupo de cartas las organizaba con prodigiosa habilidad y sin dudas ni errores.

Sus días terminaron en un manicomio por su deteriorado comportamiento psíquico.

El Negro Chivas

Chivas era un hombre de contextura fuerte, muy alto, de fisonomía y apariencia imponente.

Nació en Quibdó (capital de Chocó), y con la ayuda de sus padres viajó a Bogotá a seguir sus estudios de Derecho en la Universidad Libre. En su ciudad dejó con promesa de matrimonio a una hermosa mulata.

Juan Silvín -o Coquín, ha dos versiones sobre su apellido- sobrevivía en Bogotá: su ropero no pasaba de cuatro vestidos de paño con mala vejez, colgados en un rincón como únicas prendas de vestir para asistir a clases. Su pieza, de presencia muy pobre, estaba ubicada en uno de los peores sectores de la zona.

Un día recibió una carta en la que le decían que sus padres habían muerto en un accidente. Preso de la extrema humildad, no tuvo siquiera con qué viajar a enterrar a sus viejos y, según la historia, ahí empezó el proceso de su locura.

Sin padres, se quedó sin ayuda para su manutención, empeñó sus vestidos, único tesoro junto a los libros que lo acompañaban. Abandonó la universidad y empezó a desentenderse del mundo: en ese momento su única prenda era una gabardina -que le había mandado a regalar el político de turno Diego Luis Córdoba- que nunca se volvió a quitar, un pantalón, unos zapatos viejos maltrechos por sus interminables caminatas, y una gorra de visera. 

El puntillazo final a su locura, lo dio la mujer que había dejado en promesa de matrimonio en Chocó; en otra noticia le decían que se había volado con un chofer blanco, al que apodaban 'as de oros'. Para él fue el límite. Se desquició. Cuentan que desde ese día se le empezó a ver en las plazas de Las Nieves y de Bolívar concentrado horas enteras mirando al sol, y murmurando palabras de desafío.

Con el paso del tiempo las pupilas se le empezaron a desorbitar, su globo ocular se torno rojo, quemado por el sol, las lágrimas se le agotaron. Ahora sobrevivía con lo que la gente amablemente le depositaba en un tarrito que ponía en el suelo, mientras cada día iniciaba su desafío con el astro mayor a quien él mismo designó como el 'as de oros': depositó la representación de este personaje que se voló con su novia en el mismo sol, era una pelea de orden universal.

Era corto de palabras, pocos conocidos, mucho menos amigos contando tan sólo a un lustabotas de la época. Un día cualquiera mientras peleaba con el astro rey, una persona se le acercó y le insinuó que se iba a quedar ciego, que dejara de hacer eso. Hacía mucho tiempo que el Negro Chivas no escuchaba la voz melodiosa de una mujer, en esta oportunidad era la de una mujer desdentada, entrada en años pero con mayor vitalidad que la suya, era La Loca Margarita, con la que se haría entrañable amigo; hay quienes aseguran incluso que pudieron llegar a ser novios, pero nadie se atrevió a afirmarlo.

El Bobo del tranvía

Bobo de nacimiento y con un profundo amor fraternal hacia su bella hermana: Antoñín, como pocos lo conocieron, era el encargado de cuidarla y acompañarla hasta su colegio en Chapinero en todo el recorrido del tranvía. 

Cuenta la historia, que cansada de esta circunstancia -que impedía que se le acercaran pretendientes- y por el temor de que la gente pensara que sus hijos podrían nacer bobos por tener un hermano así la joven le propuso a su hermano que se gastara la plata del pasaje en bizcochos -que a él le fascinaban-. Le propuso que la acompañara al colegio corriendo detrás del tranvía, y el aceptó sin problemas. Su estado físico era envidia de los mejores deportistas.

De su locura cuentan que comenzó un día en que su hermana y un grupo de amigos le hicieron una jugada para que ella se pudiera volar con un de los muchachos.

Los cómplices del novio invitaron al bobo a comer bizcochos y pasteles a pocos pasos de la parada del tren, justo en el momento en el que la hermana tenía que abordarlo. Cuando terminó de comer descubrió que su hermana ya lo había abordado y en medio de su desesperación comenzó a lanzarse a todos los vagones de los tranvías del camino, para ver en cual de ellos iba su hermana.

La lucidez de Antonín se esfumó en el momento en que lo atropelló uno de los tranvías. Vuelto en sí, y frenético por la búsqueda, se acostumbró, de ahí en adelante, a correr detrás de los vagones y a colaborar con los mismos para que la gente pagara, para que los gamines no se 'colincharan' y, entre chiste y chanza, terminar titulado por un grupo de estudiantes como el director y jefe supremo de tráfico de Bogotá, con uniforme y condecoraciones incluidas.

Terminó sus días en un manicomio.

Los cuatro estarán este fin de semana en las calles contando su historia de boca de los cuenteros.
 

Publicación
eltiempo.com
Sección
Bogotá
Fecha de publicación
6 de agosto de 2007
Autor

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