Artistas tienen su 'casa propia' en la sede de cooperativa de artistas, Cooperartes

Artistas tienen su 'casa propia' en la sede de cooperativa de artistas, Cooperartes

En esa edificación de ocho habitaciones, que ahora son estudios, han dado charlas o clases personajes como Antonio Roda, Nijole Sivickas, Luis Caballero, Santiago Cárdenas y David Manzur.

20 de julio de 2007, 05:00 am

La sede también se convirtió en el lugar de trabajo apetecido por cuanto artista busca empezar su carrera. 

Y parece que cuenta con cierta magia, porque ahora trabajan allí artistas como Mateo López, premiado en la más reciente Bienal de Cuenca, Ecuador; Franklin Aguirre, que organiza la Bienal de Venecia, en Bogotá, y hasta hace algo más de un año, Eva Celín, ganadora del Premio Botero.

Si las musas se pasaran unos días por Bogotá, probablemente se hospedarían en esa casa del barrio Chapinero, que desde hace 24 años ha alojado a muchos de los más destacados artistas plásticos colombianos. 

"Tener un taller aquí es un privilegio -dice Lía García, una joven artista- porque uno se siente obligado a pintar, pues ve que al lado de uno hay otros que también trabajan. Se aprende mucho".

Lía llegó a la casa a recibir clases después de terminar el bachillerato y se quedó. Ahora, luego de estudiar artes en la Universidad Nacional, es profesora de los niños, jóvenes y adultos que van a esa casa de dos pisos.

"Hay clases de arte dos días a la semana. Algo bueno es que los estudiantes entran a los estudios y ven lo que están trabajando los artistas", comenta la pintora y profesora de la Universidad Nacional María Morán, que ahora dirige el lugar.

Franklin Aguirre tiene un estudio con sus cuadros en gran formato y una mesa repleta de pinceles: "Lo vi y me pareció alucinante. Los estudios de este tipo son una estrategia común en el arte contemporáneo, pero escasa en Bogotá. Aquí hay espacio para pintar, dar mis clases y hay una galería para colgar mis obras cuando se las quiero mostrar a los críticos o a los coleccionistas". 

Eso sin contar que cuando se le acaba el café o el azúcar, el artista vecino lo auxilia. Santiago Cárdenas, uno de los fundadores de la cooperativa, dice: "El arte es una actividad individual, pero los artistas necesitan un sitio de reunión para discutir. Eso han formado las escuelas. Cuando la gente habla de la escuela de París o de Nueva York, no se refiere a instituciones sino a lo que surgía cuando los artistas intercambian ideas. Nadie puede salir adelante solo".

Eso sí, la cooperativa -fundada en 1983- es otra historia, según María: "Poner a pagar a un artista una cuota de 20 mil pesos es algo imposible". Pero lo que no logra el orden lo puede el compromiso: "Si se necesita un arreglo, digamos cambiar el techo, alguien da dos obras y las vendemos", dice María. Así se sostiene la casa: con las clases y los exiguos 150 a 300 mil pesos de arrendamiento y las donaciones de los artistas.

El cupo, claro, está lleno y si es de los que quiere alquilar un estudio en el lugar, debe anotarse, y la lista es larga. 

DIEGO GUERRERO
Redactor de EL TIEMPO