"Actuar es crear"

"Actuar es crear"

El polaco Pawel Nowicki, director de 'La Tempestad', dice que el teatro es un dinosaurio que busca sobrevivir.

25 de mayo 2007 , 12:00 a.m.

TRAS SIETE AÑOS VIVIENDO en su país, el director polaco de teatro Pawel Nowicki, artífice de obras tan emblemáticas como Quarteto y La hojarasca, regresó a Colombia a montar La Tempestad, de William Shakespeare, que se presenta por estos días en la sala Leonardus, de Bogotá. Nowicki habló con CAMBIO sobre el devenir de la dramaturgia nacional, el papel de los actores y la amenaza de la televisión.

CAMBIO: Una vez instalado en Polonia por siete años, ¿por qué decidió regresar a Colombia?

Pawel Nowicki: Para construir un puente. Kapuscinski, que era amigo mío, siempre me insistió en la importancia del encuentro entre las culturas y yo quiero hacerlo con Polonia y Colombia.

Pero usted ya había decidido quedarse en Colombia. Tenía incluso visa de residente. ¿Por qué se fue?

Primero, porque la nostalgia por mi país comenzó a llamar. Segundo, porque había algunas propuestas en Polonia, y tercero, porque tuve que salir de Caracol cuando llegó la nueva administración.

La primera vez que vino, en 1990, ¿cómo lo recibió Colombia?

Muy bien, pero fue más bien difícil. Venir a Colombia era una aventura, y comenzó el primer día.  Me instalé en la carrera 8a con calle 22, en Bogotá, y me atracaban tres veces al día. Luego pude pasarme a La Soledad y la cosa cambió.

De 1990 a hoy, ¿qué ha cambiado en el teatro nacional?

Las discusiones son parecidas, no han cambiado mucho. Por un lado va el teatro ideológico; por el otro, una fuerte doctrina estética, abanderada por Ricardo Camacho, etcétera. Sin embargo, hay algunos cambios fuertes. No existen ni el TPB, ni La Mamma, y me acaban de contar que el Teatro Libre ya vendió su sede de Chapinero. Es preocupante, como también lo es el hecho de que propuestas bastante sólidas como las de Mapa Teatro se hayan quedado cortas.

Bueno, pero por razones económicas...

Los problemas económicos del teatro no son exclusividad de Colombia, son del mundo entero. La gente de teatro tiene cada vez menos plata.

¿Y cómo solucionar el dilema?

Es inevitable el apoyo estatal. Al menos en el corto plazo, que los gobiernos locales se comprometan a invertir y que sostengan las iniciativas; de otra manera es imposible.

¿Cómo explicar que los teatros se llenen durante el 'Festival Iberoamericano de Teatro' y luego desaparezca ese impulso por parte del público?

Es un fenómeno normal. El teatro no pude competir contra la televisión. Una obra exitosa produce 30.000 espectadores en una temporada. Un solo capítulo de televisión es visto por 5 millones de personas. Es una realidad: el teatro es un dinosaurio que busca sobrevivir.

¿Entonces, ganó la televisión?

El problema es equipararse con ella. En Polonia quisieron hacer arte con la televisión y fracasaron porque la televisión no es arte, el teatro sí.

¿Cómo así?

El teatro busca la verdad, la televisión miente. La verdad no es fascinante, es generalmente cruel y hasta aburrida. En cambio, las mentiras de la televisión son divertidas. Puede que la gente no sepa exactamente lo que quiere, pero tiene muy claro lo que no quiere, y los productores de televisión lo saben. En cambio, el teatro busca las verdades independientemente de cómo le lleguen al público. El teatro es un arte de actor y en la televisión nadie actúa sino que se comporta. Así las cosas, es natural que el teatro sea para las minorías.

Dicen que a las crisis eternas del teatro se les ha sumado la deserción de los actores hacia la televisión. ¿Qué opina?

Yo he tenido la fortuna de trabajar con actores muy buenos que después han hecho televisión, como Róbinson Díaz y Elkin Díaz, egresados de la Escuela Nacional de Arte Dramático. El problema con la televisión es que no requiere de actores, porque no es necesario actuar sino comportarse y eso es sencillo. El buen actor busca en cada personaje su propia verdad, y la busca cada día, en cada interpretación en el escenario. Durante este proceso a veces suceden cosas maravillosas, irrepetibles. Lo que me gusta del teatro es eso: poder decir en algún momento cosas que son imposibles de decir. Eso en televisión no se puede porque no hay tiempo.

De acuerdo con esto, un buen actor también es capaz de arrastrar público al teatro.

El público no tiene ni idea si el actor es bueno o malo. Lo que atrae no es la actuación sino la popularidad.

¿Hay buenos actores en Colombia?

Hay excelentes actores. Sin embargo, en esta profesión es importante la suerte, el olfato que tenga el director para darse cuenta. Hay actores privilegiados como Róbinson Díaz que responden inmediatamente, pero hay otros que se demoran en responder uno o dos meses y el director debe detectar si vale la pena esperarlo antes de deshacerse de él.

Otro problema es que el trabajo de un actor es duro y permanente. Su material es él mismo y muchas veces los recursos que utiliza a los 20 años, no le sirven cuando tiene 30. Hay actores que se quedan, que se estancan. La amenaza de la televisión es que los actores de teatro cada vez se comportan más y crean menos. Y el naturalismo, qué duda cabe, mata al teatro.

¿Pero hay mejor preparación ahora que hace 30 años?

Cuando yo estaba en la Escuela Nacional de Arte Dramático, había un mal programa, pero gozábamos de una atmósfera excelente. Hoy, en general, el problema es que no hay suficientes buenos maestros.

Hablando de 'La Tempestad', ¿Shakespeare sigue siendo el modelo?

Shakespeare es toda una aventura, es un modelo que, sin embargo, debe uno traicionar para sacarle los mejores frutos. Con todo, mi autor preferido es Moliere.

¿Qué proyecto ha querido hacer en Colombia y no ha podido?

Me encantaría hacer una adaptación de Cien años de soledad, pero no he podido por los enormes costos de derechos de autor.