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Un hombre puede convertirse en mujer por 150 mil pesos, en Bogotá

Al lugar, 'Casa de Reinas', la más famosa sala de transformismo de la ciudad, llegan abogados, empresarios, estudiantes y hasta padres de familia.

Una pasarela blanca y varios cuadros de la diva de divas, Marilyn Monroe, les dan la bienvenida a los 5 clientes que cada día, en promedio, solicitan los servicios de este singular sitio, que ya completa 15 años de existencia.

"Los que nos buscan son personas que siempre han ocultado su condición y que aquí logran sacar esa mujer que tienen dentro", dice Ramón Guevara, el creador de este lugar, que nació en Ciudad Bolívar, pero que desde hace cuatro años funciona en una discreta calle de Chapinero.

"Y todos quedan felices después de que los arreglamos. Incluso aquellos que viven la experiencia solo una vez y deciden que no es para ellos", añade Guevara, más conocido en el gremio como 'Linda Lucía Callejas', nombre que adoptó en honor a la reina paisa coronada en 1989.

'Marily' y 'Cristal' "Esto es una doble vida. En el día soy uno y en las noches soy otra", dice Alejandro Díaz*, mientras aguanta la respiración para que el vestido le entre fácil. A su lado, Leo prepara los tacones y los pedazos de icopor que en minutos le permitirán lucir una gran 'cola'.

La voz de Ramón Guevara interrumpe la conversación para avisarles que ha llegado la hora de empezar el proceso de transformación.

En un salón del segundo piso de la Casa de Reinas Linda Lucía Callejas -lleno de pelucas, accesorios y vestidos- una sesión de maquillaje profesional empieza a darle vida a Marily y a Cristal Callejas.

Las dos, o mejor, los dos, han llegado hasta Casa de Reinas para cumplir un sueño reprimido durante años: convertirse en atractivas mujeres, aunque sea por unas horas.

'Linda', toda una institución.

Desde que se convirtió en mujer por primera vez, hace tres lustros, 'Linda Lucía' ha ganado 22 títulos en reinados transformistas, entre ellos: Miss Colombia, Miss Universo, Diva de divas, Estrella de oro y Orquidea de Orquideas.

En virtud de su gran fama, todas las 'mujeres' que pasan por su manos adoptan su apellido de transformista, como agradecimiento por sus enseñanzas.

"A mi siempre me han dicho madre porque yo les enseño y los guío por el buen camino", dice 'Linda Lucía', que ya tiene dos cirugías de naríz y confiesa al menos una 'lipo'.

Y es que Casa de Reinas, además de ser un sitio para transformarse, alquilar un vestido, tomar clases de pasarela, de glamour o de baile, es ante todo un refugio de aquellos hombres que disfrutan con convertirse en mujeres por un rato.

"Nosotros no somos travestis -explica 'Linda Lucía'-. Somos hombres comunes y corrientes a los que nos gusta transformarnos en mujer. Y se trata de ser una mujer glamorosa con mucha elegancia y mucho perfume. Cosa muy distinta a convertirse en una mujer las 24 horas del día".

Para salir de rumba.

Los viernes y los sábados son los días más concurridos en Casa de Reinas. Fácilmente pueden llegar entre 12 y 15 clientes a transformarse, muchos de ellos para salir luego a una discoteca.

"La mayoría de nuestros clientes son señores cercanos a los 40 años", cuenta 'Linda Lucía', quien añade que a lo largo de estos 15 años han pasado por sus manos más de mil personas.

Alejandro, que durante el día trabaja como estilista, se sale un poco del perfil, pues solo tiene 28 años. Se transformó por primera vez hace tres meses, y ahora es cliente habitual de Casa de Reinas.

Este santandereano de 28 años confiesa que descubrió su homosexualidad desde niño, pero siempre la ha mantenido oculta. Por eso su identidad de mujer nocturna -cuando asume el rol de Marily-, es un secreto muy bien guardado.

"Hay muchas personas que no entienden de qué se trata", asegura Díaz, quien dice que el proceso tampoco es fácil.

"Tuve que depilarme todo el cuerpo. Pero lo peor fue el desafío de los tacones. Al principio sientes que te vas a caer y que tienes que estar agarrado de algo. Pero cuando los dominas, quieres estar con ellos todo el tiempo".

Casa de Reinas le cobra 150 mil pesos por convertirlo en Marily, y el precio incluye unas clases de pasarela, para que aprenda a caminar como mujer.

El momento más importante: el de maquillarse.

De eso se encarga personalmente 'Linda Lucía'.

El primer paso: varias capas de base para tapar la barba y los rasgos masculinos. "Como las cejas no se pueden depilar hay que camuflarlas con un latex especial para que quede lizo y así poder definirlas", explica 'Linda Lucía' al tiempo que la cara de Alejandro empieza a refinarse.

Al final, tras 45 minutos de trabajo, introduce dos correctores de nariz para hacerla más respingada y le pega las pestañas postizas.

En ese momento, Alejandro queda convertido en una provocativa mujer. "Cuando uno ya está maquillado y se ve al espejo -cuenta- se siente mujer y empieza a adoptar otras posturas. A cruzar la pierna y a enderezar el pie para que el tacón se vea con clase".

La prueba de fuego.

Pero la mejor parte de este proceso de transformación es salir a la calle.

'Linda Lucía' cuenta que la mayoría quiere arreglarse para salir a recorrer la ciudad como mujeres y poder sentir "cómo los ven y cómo se sienten en ese rol".

"A muchos los llevamos a los mejores centros comerciales. Y a los que lo piden, los acompañamos para que no se intimiden. Pero eso es solo las primeras veces, porque luego se sienten más seguros y se van solos".

Especialmente cuando se dan cuenta de que muchos de los hombres que pasan cerca de 'ellas' se quedan literalmente boquiabiertos.

Alejandro cuenta su experiencia: "siempre supe que tenía una mujer por dentro y saber que gracias a este proceso de transformación puedo despertar toda clase de sensaciones en los hombres es algo espectacular. Lo sé por las miradas y los piropos que me echan cuando voy por la calle. Y es muy satisfactorio ver que puedo encarnar lo que es una mujer, sin ridiculizarla".

"Lo que uno más admira es la valentía que tienen algunos primíparos -dice el propietario de Casa de Reinas-. Yo, que llevo tantos años transformándome, aún no soy capaz de salir a la calle de día. Pero muchos sí lo hacen. Y eso es tener mucha berraquera".

(*) Nombre ficticio a solicitud del entrevistado ESTEFANÍA COLMENARES H.Redactora de EL TIEMPOestcol@eltiempo.com.co

Publicación
eltiempo.com
Sección
Bogotá
Fecha de publicación
13 de mayo de 2007
Autor

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