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'Bestia' chupasangre asusta a los campesinos de Chiscas: ha matado 310 animales

Por estos días, en Loma de Corderos, los labriegos alistan viejas escopetas de fisto y permanecen atentos a la más mínima señal de peligro.

Por: Redaccin ELTIEMPO

En esa alejada zona de Chiscas, a 300 km. de Tunja, en inmediaciones del Nevado del Cocuy, nadie sabe qué ha matado 300 cabras, nueve ovejas y un ternero en los últimos doce meses.

Los ataques, que se han dado entre abril y noviembre del 2006, se reanudaron el pasado 13 de abril.

Eliécer Pérez, director de la Unidad Municipal de Asistencia Técnica Agropecuaria (Umata), descarta que se trate de un puma o un tigrillo. Tampoco cree que sea obra de un zorro o una comadreja, pues los animales aparecen con una perforación en el cuello y mueren desangrados.

En la madrugada del pasado 2 de noviembre, Jesús Antoniles y Narciso Galvis se extrañaron porque sus perros -'Tarzán' y 'Toby'- ladraban con insistencia. Al asomarse vieron que devoraban a un bicho que no conocían.

"Tenía una cresta y parecía un monstruo de lo feo. Los perros lo mataron y se lo llevé a la Umata", comenta Jesús, de 65 años. Él y otros campesinos creen que es el misterioso 'chupacabras', una bestia de la que habla la mitología de México, Puerto Rico y Perú. Pero, su existencia no la ha probado la ciencia.

Sea un ser mitológico o un puma, lo cierto es que los siete mil pobladores de Chiscas están desvelados.

No dejan rastro

No terminan de entender por qué sus animales aparecen secos por dentro.

Solo saben que el que los mata actúa con sigilo y precisión: los toma por el cuello, les clava al parecer un colmillo y les succiona la sangre.

"Mis cuatro cabras amanecieron tendidas en el piso, solo con un hueco en el pescuezo. La carne estaba blanca por dentro, seca y sin una gota de sangre", contó Miguel León, el primer agricultor víctima de esa criatura.

Además, explica que si el depredador fuera un puma, se comería alguna presa.

Y mientras biólogos analizan los restos del supuesto atacante muerto, los campesinos han echado mano de escopetas y perros para buscar a uno nuevo que en dos ataques ya les mató a 10 animales. Los labriegos están convencidos de que a sus rebaños los está desangrando un engendro sobrenatural.

JOSÉ ALBERTO MOJICA P.
Enviado especial de EL TIEMPO
Chiscas (Boyacá)

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