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El escritor chino Gao Xingjian habla de su obra 'Contra los ismos' y de su exilio de 20 años
"Se oye el ruido ensordecedor de los tanques avanzando en fila india sobre el asfalto, envueltos por la oscuridad. No muy lejos, las metralletas y fusiles de asalto disparan sin cesar".
Eso escribe Xingjian en las primeras lÃneas de su obra de teatro 'La huida' con que inicia 'Contra los ismos', su último libro traducido al español.
De los condenados que murieron, de los condenados que se salvaron, escribió Gao Xingjian, de esa realidad que lo golpeó como una de las ráfagas que destrozaron las entusiastas formaciones de estudiantes aquel 4 junio de 1989 en la plaza de Tian'anmen, en PekÃn.
"Creo que la literatura, incluida la ficción, no tiene valor si no despierta lo real de la vida. Para mà es revelar el testimonio de la existencia humana", dice Gao en un francés que pronuncia con naturalidad gracias a sus 20 años de exilio en ParÃs. Desde allà anunció a los pocos dÃas de la masacre que renunciaba al Partido Comunista de China. Sus autoridades tildaron su obra de reaccionaria y lo declararon 'persona non grata'.
No era la primera vez que tenÃa problemas con ellos. Otra de sus obras de teatro, 'Parada de autobús', fue considerada antisocialista y perniciosa para China. Lo mismo que 'La otra orilla', de la que solo se permitió su representación sin diálogos.
Gao es el 'innombrable' en su paÃs. La distribución de sus libros está prohibida y su nombre no aparece en la lista oficial de los escritores chinos. El premio Nobel de Literatura del año 2000 tampoco lo salvó de este extraño anonimato. Es como si no existiera o hubieran borrado sus pasos.
A los 29 años pasó por la reclusión, en un campo de 'reeducación' donde tenÃa absolutamente prohibido escribir. Él escribió, de todos modos. EscondÃa los papeles en macetas, bajo la tierra o la estera de paja de su colchón, los quemaba y volvÃa a escribir, una y otra vez, asà comprendió que habÃa comenzado a convertirse en escritor.
Su lucha ha sido siempre solitaria, se resiste a ser clasificado, sometido. Por eso, piensa que la huida es la única salida. "En la vida nos encontramos en una huida permanente. Si no huimos de la opresión polÃtica, huimos de los demás, y por si fuera poco, debemos huir también de nosotros mismos", escribe en otra de las partes del libro 'Contra los ismos', que incluye ensayos sobre el teatro y el individuo.
¿Por qué el tÃtulo del libro?
"Los ismos son pensamientos fijos, inamovibles, vinculados a intereses, pero detrás siempre hay trasfondo polÃtico, no es un auténtico libre pensamiento. El quedarnos bloqueados por algunos ismos ideológicos implica un compromiso polÃtico muy fijo, hace perder la independencia intelectual del escritor. Los grandes escritores van más allá de la ideologÃa, incluso los que se dicen comprometidos. Si algunos tienen una obra más importante es porque ha ido más allá de la ideologÃa".
Está seguro de que como escritor es apenas un testigo, un hombre que sólo tiene la fuerza de su testimonio, que no cambia las cosas. Aunque las autoridades chinas no piensen igual. "Eso es problema de las autoridades. La literatura puede formar a la gente, despertar la conciencia humana, pero no puede cambiar al mundo. Es imposible, además ¿quién puede cambiarlo?"
Con esa conciencia escribe cada dÃa. Él es como el personaje del adulto en La huida que, en diálogo con el joven que le reprocha su falta de compromiso con el movimiento, responde "no tengo ningún interés en convertirme en una carta en manos de otra persona y que jueguen conmigo. Debo mantener mi propia voluntad, independiente e inamovible. ¡Por eso tengo que huir!"
Por eso huyó de China, asà como otros escritores en el mundo se van de sus paÃses, caso de Latinoamérica. "A menudo en los paÃses latinoamericanos hay un poder totalitario y los autores tienen que acercarse a dificultades que, con frecuencia, se parecen a las chinas. Hay muchas guerras, violencia, lo que ha marcado esa literatura, aunque los autores latinoamericanos, con relación a los autores chinos del mismo periodo, tienen más libertad y su literatura es mejor que la China donde ha habido mucha censura", dice
Gao ya no tiene que esconderse para escribir. Confiesa que ahora sà es feliz, aunque sufrió mucho. Como cuando le diagnosticaron equivocadamente un cáncer de pulmón y en una especie de reencuentro con China viajó cerca de 15.000 kilómetros por los bosques del sudoeste. Como un personaje más, compartió las leyendas, canciones y costumbres que plasmó en su gran novela, La montaña del alma.
¿Volverá a China algún dÃa?
"China es la que no quiere saber de mÃ".
JUAN GUILLERMO GAVIRIA R.
Especial para EL TIEMPO
Barcelona
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Cultura y entretenimiento
- Fecha de publicación
- 14 de abril de 2007
- Autor
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