La justicia determinó que Héctor Pachón -quien debe dos millones de pesos por 13 multas de tránsito- no cometió homicidio agravado y, como no huyó del lugar, tampoco incurrió en delito.
La vÃctima es Sebastián Aguilar, de 14 años, uno de los menores que fue trasladado con trauma craneoencefálico a la Fundación Cardio Infantil. Otros 13 menores resultaron heridos.
Sebastián siempre se sentaba junto a la ventana, en la silla ubicada detrás del conductor de la ruta 21 del bus del Gimnasio Colombo Británico, ubicado cerca del aeropuerto de Guaymaral, en el norte de Bogotá.
El viernes, el pequeño repitió ese ritual, sentándose detrás del conductor Luis RodrÃguez, de 47 años, y al lado de su compañero de curso Sebastián Clavijo. Pero esa ubicación, que tanto se peleaba, le costó la vida.
El vehÃculo en el que viajaba Sebastián con otros 24 estudiantes, fue embestido por un bus de la empresa Transconfort, de placas SFY564 y conducido por Pachón, de 43 años, quien continuaba en atención médica en la clÃnica Shaio.
Hasta esta mañana, las autoridades recopilaban pruebas, pues aseguraban que Pachón tiene la mayor parte de la responsabilidad del accidente."Iba a alta velocidad y se cambió de carril, sin medir las consecuencias", le dijo a EL TIEMPO un oficial que está al frente de la investigación.
Según la FiscalÃa, Pachón tiene en su historial cuatro incidentes de accidentes de tránsito y una serie de multas de tránsito. En respuesta a la situación, la empresa Transconfort aseguró que el vehÃculo se encontraba en perfectas condiciones y que el conductor ha trabajado con la firma desde hace varios años.
Asà fue el accidente Los hechos ocurrieron hacia las 4:10 de la tarde, cuando el bus escolar transitaba a la altura de la calle 206 con carrera 7a, en sentido norte-sur.
En ese punto, según la SecretarÃa de Movilidad, la imprudencia del conductor del bus de servicio público, que circulaba a gran velocidad e invadió el carril contrario, provocó el fuerte choque con el bus escolar y dejó heridos a 14 niños -Sebastián incluido- y tres adultos: los dos conductores y la monitora de la ruta, Eucaris Garzón, de 52 años.
"El accidente sucedió por imprudencia del chofer del bus de servicio público, pero también hay que decir que en ese tramo la séptima es demasiado estrecha", dijo Luis Eduardo Rojas, padre de uno de los estudiantes del Gimnasio.
Sebastián y otros dos menores fueron trasladados rápidamente a la Fundación Cardio Infantil. Mientras que los otros niños - uno de ellos hermano de Sebastián, de 11 años- y los tres adultos que iban en el bus accidentado, fueron llevados al Hospital Simón BolÃvar y a las clÃnicas Shaio y Teletón.
Pero el severo trauma craneoencefálico que sufrió Sebastián terminó provocándole la muerte cuando era atendido en la Cardio Infantil.
Su amigo de ruta, Clavijo, como le dicen sus compañeros, fue llevado al Simón BolÃvar y luego trasladado a la ClÃnica del Country.
Mientras que los otros pequeños eran atendidos en los centros hospitalarios por presentar traumas cráneo encefálicos, fracturas de fémur y de rodillas.
Anoche, según el reporte de los médicos, las lesiones sufridas por los demás niños no revestÃan mayor gravedad, y su diagnóstico era de "salud estable".
Un gran imitador Los compañeros de curso de Sebastián, que era del Séptimo A, recordaban ayer en las afueras del Cardio Infantil sus parodias como cantante de rancheras y vallenatos.
"A él, a la hora del recreo, le gustaba ponerse la mano en la boca como si tuviera un micrófono y se ponÃa a cantar rancheras. Todos nos reÃamos al verlo", recuerda David Vargas, uno de los compañeros de estudio de Sebastián.
Una de sus mayores pasiones era el chocolate, y era capaz de consumirlo hasta cuando se estaba comiendo una hamburguesa.
Con sus compañeros de curso, Sebastián compartÃa además una gran pasión: el fútbol. Era, sobre todo, un hincha del Nacional.
Por eso esperaba con ansia poder ir hoy al partido que su amado equipo tendrÃa contra Millonarios.
Su conversación solÃa girar en torno al fútbol español y europeo, y su equipo internacional predilecto era el Barcelona.
Pero su obsesión por el fútbol no era solo de palabra. También era jugador y su posición favorita era la de volante. Ayer incluso, a la 1:30 de la tarde, con su cabello negro y engominado -para que no se le notara el largo- jugó un partido de fútbol contra los del curso noveno.
Pero él no pudo terminar el encuentro porque recibió un balonazo en la cara que le afectó la nariz y terminó en la enfermerÃa.Sin embargo, no perdió la alegrÃa y regresó a su clase.
Hacia las 3 y 25 de la tarde, cuando finalizó la jornada de clases, tomó rápidamente sus útiles para llegar puntual al bus de la ruta 21, donde perderÃa la vida por otro absurdo accidente de tránsito que afecta a un transporte escolar.
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