Seguro las ha visto por ahÃ. Usan pantalones escurridos, sacos amplios para esconder sus formas y tenis rotos para pisar fuerte; llevan el pelo desordenado y sucio; no se maquillan ni se adornan; saludan con una groserÃa y se despiden con otra, y se esfuerzan por eliminar de ellas toda seña de feminidad.
Si no fuera porque se llaman Andrea, Mariana o Catalina y porque detrás de ellas hay una mamá diciéndoles que sean femeninas, podrÃan pasar por sus hermanos.
Pero no son hombres. Son las adolescentes de la nueva generación que insisten en parecerse a ellos y en tomar su lugar en el juego de roles en que se mueven los mundos masculino y femenimo.Buscan escapar del rol.
¿Pero qué las llevó a dejar el rosado y las muñecas 'Barbies' que las acompañaron hasta los 11 o 12 años y pasar a ser adolescentes que reniegan de su género?.
Según la psicóloga chilena Pilar Sordo, la razón de ese cambio no es otra que parecerse lo menos posible a sus mamás y abuelas, de quienes heredaron (inconscientemente) la idea de que ser mujer es problemático, aburrido y poco productivo.
Para ello, dice Sordo -autora del libro ¡Viva la Diferencia!...Y el compemento también que se lanza en la Feria del Libro, que comienza el jueves-, están llegando a extremos, como dejar de comer o vomitar (anorexia y bulimia) para frenar el crecimiento; experimentar con alcohol y drogas (adicción), y ser peligrosamente agresivas en el sexo, probando relaciones bisexuales o lésbicas antes de cumplir la mayorÃa de edad.
Masculinas e infelices.
Ellas son lo que en generaciones anteriores se conocÃa como 'marimacho' (y que era la excepción) y que en Estados Unidos se popularizó bajo el nombre de 'tomboys' o mujeres que prefieren la ropa y la forma de ser masculina.
Hoy, sin embargo, parecen ser la mayorÃa y han asumido esa actitud convencidas de que actuar asà las llevará a obtener éxito y logros.
"Tienen todo lo que los hombres tienen y sin embargo, en su interior, no se sienten felices", dice Sordo. La razón de esta disyuntiva es que, en el fondo, siguen siendo mujeres, es decir les gusta ser protegidas y conquistadas, pero desde su nuevo rol no saben cómo lograrlo.
Los hombres tampoco saben cómo acercárseles. "No saben si volverse suaves y delicados o si ser más agresivos que ellas", explica Sordo.
Las consecuencias de ese intercambio de papeles no se han hecho esperar: jovencitas rabiosas, jóvenes frustrados y padres aterrados ante la realidad que ven en sus casas. De no darse un cambio de actitud, dice la experta, a largo plazo se verán mujeres infértiles (por los abusos cometidos) y hogares violentos. Un panorama aterrador. Ojo a estas señales de alerta en las niñas.
No comer para frenar el crecimiento de busto y caderas, e incluso provocarse la amenorrea o falta de menstruación, como señal de no querer ser mujer.
Preferir a las mujeres a la hora de bailar o coquetear. Esto puede llevar a experiencias lésbicas que suelen confundirlas a esa edad.
Creer que firmeza de carácter es lo mismo que agresividad.
'La culpa es de los adultos' Antes de presentar su libro '¡Viva la Diferencia!... y el complemento también', Pilar Sordo habló con EL TIEMPO desde Chile.
¿Cómo llegó a sus conclusiones sobre la masculinización de las jóvenes?.
Durante un año hice trabajo de campo con jóvenes chilenos, asistiendo a sus fiestas y discotecas y mezclándome entre ellos para escucharlos y explorar sus pensamientos.
¿Cómo es entonces el panorama actual de hombres y mujeres?.
Niñas que se niegan a crecer y a lucir como mujeres, porque no quieren parecerse a sus mamás, y hombres que están perdidos porque no saben cómo relacionarse con ellas.
¿Es esta es una tendencia pasajera?.
Espero que sà y que el tema empiece a retroceder y que se cansen de probar tanta tonterÃa. Los jóvenes de hoy en dÃa se están haciendo mucho daño.
¿Qué consejo darÃa a los padres?.
Primero, que asuman que la culpa es de los adultos, especialmente de las mujeres porque con nuestra quejadera hicimos que las nuevas generaciones no quisieran ser como nosotras. Por lo demás, informarse sobre el tema, recurrir al diálogo y a la dulzura que son efectivas contra la agresividad.
¿Y qué piensan ellos? Frente a este rol de ellas los hombres también han cambiado. "No es raro ver a niños llorando en una esquina del patio del colegio ante la agresividad de una niña", dice Sordo. Las variaciones en el carácter de los jovencitos van desde el afeminamiento hasta la agresividad total para tratar de ponerse al nivel de niñas cada vez más masculinas. También están desorientados, ya que las formas de conquista que habÃan aprendido de sus padres no les funcionan. Según ellos, frente a las mujeres de hoy tienen dos alternativas de respuesta: o tener tragos en la cabeza para que no les importe el rechazo, o ser muy agresivos para lograr su objetivo de conquista. Cualquiera de los dos escenarios es negativo para las relaciones hombre-mujer, pues uno fomenta el abuso del alcohol y la droga y el otro suele acercar a los jóvenes a extremos de violencia que pueden prolongarse hasta la vida adulta.TATIANA MUNÉVAR B.SUBEDITORA DE VIDA DE HOYtatmun@eltiempo.com.co
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