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Se están secando las quebradas en los cerros orientales de Bogotá

El 40 por ciento de los riachuelos que nacían allí desaparecieron en el último siglo, y hoy solo quedan 110. El daño ecológico representa una amenaza constante para la población.

De acuerdo con Julio Fierro, geólogo de la Universidad Nacional, en la medida en que hay menos corrientes de agua, la vegetación se reduce a su alrededor. "Y si no hay un buen manto de vegetación -explica-, el agua que llueve no tiene un árbol que la frene por el camino y así puede correr más fácilmente en su descenso por los cerros. En un invierno puede llegar a causar estragos".

Uno de esos desastres ocurrió precisamente en mayo del 2005, cuando un fuerte aguacero arrastró sedimentos y otros materiales de los cerros que bajaron desbocados, junto con las aguas desbordadas de la quebrada Las Delicias, por la calle 62 y otras vías de Chapinero, afectando a 12 viviendas y 30 personas.

La mano del hombre es la causante del daño No ha sido la naturaleza ni el tiempo el causante de que ese bosque oriental esté quedando poco a poco sin fuentes hídricas y con zonas 'peladas', grises, sin vegetación nativa.

La población creciente de la ciudad ha sido la principal causante del 'raquitismo' hídrico en los cerros: por la deforestación debido a la tala de árboles, explotación de canteras, urbanización volcada en la reserva forestal, por los incendios y las quemas. También han contribuido a la 'sequedad' de ese suelo los miles de eucaliptos allí sembrados.

Según los expertos, quizás lo que más está afectando a las fuentes hídricas en los cerros es la explotación del agua subterránea. "Esta agua ha venido disminuyendo de manera preocupante -dice el científico Tomás Vanderhamenn- porque la gente la está sacando del subsuelo para su beneficio".

"Si se extrae agua subterránea -comenta Fierro-, eso reduce el nivel freático que hay bajo el suelo y eso significa que descienda la cantidad de agua que hay en las zonas de recarga de los cerros y eso puede causar la desaparición de manantiales y, en consecuencia, de las aguas en la superficie".

El daño podría ser mayor El desastre hídrico en los cerros no ha sido mayor, por un lado, porque varias quebradas sobreviventes nacen bien arriba, en el páramo de los cerros, dice Vanderhamenn.

Por otro lado, el hecho de que la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (EAAB) sea hoy la dueña de 5.500 hectáreas de la reserva forestal - casi el 40 por ciento de los terrenos de conservación- ha contribuido a la protección de muchas quebradas sobrevivientes como Manzanares, Los Rosales, Los Molinos y Arzobispo.

Los guardabosques y técnicos del Acueducto igualmente han sido determinantes para que la destrucción del bosque no sea mayor.

Néstor García, biólogo de la Universidad Nacional, dice que "se ha destruido mucho bosque natural y quedan pocos sectores con algo de esas especies nativas como los encenillos, gaques, arrayanes, frailejones, cedros, trompetos".

Los técnicos Carlos Bello y Jaime Hernández subrayan que la tarea del Acueducto en los últimos años ha sido precisamente la de ir sembrando esas especies nativas y recuperar los suelos de los cerros, para que vuelvan a reverdecer y a nacer las desaparecidas quebradas.

LUCEVÍN GÓMEZ E.Redactora EL TIEMPO

Publicación
eltiempo.com
Sección
Bogotá
Fecha de publicación
16 de marzo de 2007
Autor

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