Así fue el paso de Gabriel García Márquez por el Grupo Barranquilla

Así fue el paso de Gabriel García Márquez por el Grupo Barranquilla

Juancho Jinete, escudero del maestro Alfonso Fuenmayor, recuerda como llego Gabo a la tertulia en la que se hablaba solo de literatura en medio de cervezas y cigarrillos.

11 de marzo de 2007, 05:00 am

En La Cueva, los intelectuales más prominentes de la década de los cincuenta, conocieron a un Gabriel García Márquez, delgado, tímido y silencioso.

Tenía menos de 22 años y había llegado a Barranquilla a buscar un medio importante en donde mostrar al mundo sus primeras letras.

Llegó a la tienda La Cueva, del barrio Boston de Barranquilla, guiado por los razones que indicaban que allí se reunía lo más granado de las letras de la Costa Caribe, incluso de Colombia.

"Vimos a un joven silencioso, tímido, que  cuando llegó por tercera o cuarta vez a las tertulias, traía un fólder lleno de manuscritos bajo el brazo y tardó más de una hora en decir que se trataba de una novela que estaba escribiendo. Esa novela ya tenía un nombre. Se trataba de Cien Años de Soledad", dijo al periódico HOY, 'Juancho' Jinete, uno de los sobrevivientes del famoso Grupo Barranquilla.

Para la época, el Grupo Barranquilla tenía en el maestro Alfonso Fuenmayor,  entonces director del Diario del Caribe, uno de los miembros más asiduos a las tertulias y Juan Jinete, gerente de ese periódico, era un amigo inseparable de Fuenmayor y testigo de primera línea de los acontecimientos de La Cueva.

'Tardo en adaptarse'

Dicen quienes presenciaron el ingreso, casi anónimo, de García Márquez al Grupo Barranquilla, que el joven  oriundo de Aracataca (Magdalena), tardó más de una semana en adaptarse a las risas, al humo de los cigarrillos, a las conversaciones en voz alta sobre el arte y sus proyecciones.

"García Márquez le enseñó el borrador de Cien Años de Soledad al maestro Germán Vargas, quien dejó a un lado las discusiones y comenzó a leer con curiosidad las hojas sueltas", anotó.

El maestro Vargas levantó la voz, cuenta Jinete,  y dijo: "Oye Alfonso, hay que pararle bolas a este pelao, tiene una obra interesante". A partir de ese instante, la tertulia del día comenzó a ser dominada por un silencio solemne.

"Todo el mundo guardó silencio por el resto de la tarde en el que la obra fue leída. El maestro Vargas leía una hoja y se la pasaba a Fuenmayor. Fuenmayor la leía y se la pasaba a Nereo López, después que este se la pasaba a Obregón y así... después de mucho tiempo, hubo silencio en la Cueva. Después que el grupo devoró con avidez el texto, la voz de Gabriel García Márquez comenzó a escucharse entre el bullicio de las tertulias de La Cueva", recordó Jinete.

Las tertulias se hicieron famosas cuando, en la entonces lejana ciudad de Bogotá, comenzaron a referirse en los círculos del arte al Grupo Barranquilla.

"Fueron las primeras referencias que se conocieron, fuera de la ciudad, de las tertulias vespertinas en La Cueva. Los intelectuales de la época de la capital del país, comenzaron a viajar a Barranquilla a se interesaron en las novelas de  Álvaro Cepeda Samudio, en las pinturas de Obregón, en los ensayos de Germán Vargas y los nacientes escritos de Gabriel García Márquez", manifestó Jinete.

El sitio de referencia

El Grupo Barranquilla había tomado La Cueva, como algo más que un sitio referente en donde terminar las correrías por bares y establecimientos públicos de la ciudad.

El anfitrión de este establecimiento era Eduardo Vilá, un español enamorado de Barranquilla que había construido una tienda de cálidos espacios tropicales en la terraza y el patio.

"El anfitrión logró atraer a los integrantes del Grupo Barranquilla, porque tenía unos barriles de cerveza que ponía a disposición de los contertulios cada tarde. Ellos se divertían de lo lindo y terminaban allí las correrías que hacían por la ciudad", recordó Jinete, mientras mostraba las fotos en blanco y negro de la época.

Cuando se le interrogó acerca de cual de esos jóvenes intelectuales era el más brillante, Jinete contestó: "Sin duda, era Álvaro Cepeda Samudio. Era un intelectual completo. Hacía novelas, hacía cine, escribía ensayos y ya era conocido internacionalmente cuando llegó al grupo Gabriel García Márquez. Era un revolucionario de las artes, era un loco genial. Era un líder natural del grupo y era el eje alrededor del cual giraban las discusiones de la tarde", aseguró.

El grupo era una especie de bola de voces que recorría la ciudad en cualquier sentido y terminaba por las tardes en La Cueva.

"Comenzaron dos o tres. Entre ellos Álvaro Cepeda, quien escribía y terminó atrayendo a Germán Vargas y a Fuenmayor. Después llegaron Alejandro Obregón, Gabriel García Márquez,  Nereo López y los demás. Parecía que todos encajaban en la medida en que daban a conocer su arte. Eso fue precisamente lo que pasó con nuestro Premio Nobel, Gabriel García Márquez, cuando mostró Cien Años de Soledad", señaló Juancho Jinete.

WILLIAM AHUMADA MAURY
Especial para HOY
BARRANQUILLA