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Un capellán que no se cansa de cuidar la virgen de Las Lajas

5.057 votos llevaron al Santuario de Nuestra Señora de las Lajas a estar entre las siete maravillas. Hoy en día, Anselmo Argotty cuida el templo como suyo. Esta es su historia.

Cuando tenía 7 años, él llegó de la mano de sus padres a visitar el Santuario de Las Lajas, en el borde de un abismo en el cañón del río Guaitara, sur de Nariño. "Yo me le escondía a la virgen detrás de las columnas, como en un juego, pero ella me seguía con la mirada para todo lado", dice.

En esos peregrinajes decidió seguir el camino de la fe. Ahora, desde hace siete años, él es el capellán en Las Lajas y recibe a los fieles para contarles la historia desde cuando pusieron la primera piedra en el siglo XVIII.

Argotty, parado en ese mirador de unos 150 metros donde se yergue esa estructura en piedra pulida, pintada de blanco, de vitrales de colores , en un paisaje verde, habla del millar de peregrinos que llegan al año y de las numerosas placas en las afueras de la iglesia que dan testimonio de milagros.

El peregrinaje a ese Santuario, al que se accede por dos caminos tapizados por piedra pulida, acompañados por el ruido del agua, empezó desde 1887 cuando fue descubierta la imagen por Juana Mueses, una indígena, que llevaba cargada a su hija Rosa, sordomuda de nacimiento, y que de un momento a otro le dijo: "Mamita, la mestiza me llama".

Milagros Argotty es un contador de anécdotas, como esa del estadounidense que llegó con un hijo enfermo de leucemia. "Yo le aconsejé mucha fe y un mes después llamó a decirme que no sabía cómo, pero que, por intermedio de la Virgen, su niño se había curado".

En Las Lajas hay unas 7.000 placas de agradecimiento. Argotty conoce, por ejemplo, la historia de Alfonso Santacruz, quien no deja de visitar cada mes el templo desde hace cinco años cuando fue el único ocupante de un carro que se salvó de morir quemado en Bucaramanga."Quedé en coma tres meses y solo recuerdo haber visto la virgen de Las Lajas, que nunca había visitado", dice Santacruz, quien cuenta que lo salvó de que le amputaran una pierna porque le curó una infección. Dice que lleva más de 50 visitas.

"Somos testigos del caso del señor Santractruz porque lo hospedamos aquí. Cuando llegó por primera vez daba lástima, pero en un día se sanó", dice Blanca Yepes, quien ha vivido sus 64 años a pocos metros del Santuario.

A Las Lajas llegan también fieles como Flor María Toro, quien buscó espacio entre las miles de placas después de un viaje desde Mocoa (Putumayo). "Cuando vi la Virgen me puse a llorar", dice esta mujer de 56 años y comenta que vino porque "a la distancia le pedí que curara a mi hijo de una hepatitis y para que consiguiera trabajo. Esta semana el médico me dijo que ya estaba sano y él encontró trabajo en el hospital de Mocoa".

Una joya gótica en los Andes En Las Lajas se han construido cuatro templos, el primero fue de barro y techo de paja en 1754 y el actual se empezó a construir en enero de 1916, bajo la dirección del nariñense Lucindo Espinosa y el ecuatoriano Gualberto Pérez.

El templo tiene un estilo gótico ojival secundario del siglo XIV, se compone de tres naves cubiertas con bóvedas de crucería, tres torres que terminan en agujas decoradas con grumos y frondas; ventanales, rosetones y vitrales. El santuario mide 27,50 metros de fondo por 15 de ancho. Hay un puente sostenido por un arco de piedra que une las riberas del Guaitara, como límite de los municipios de Ipiales y Potosí.

Hace unos cinco años el número de visitantes se había reducido por la inseguridad, pero ahora vienen desde el interior colombiano y del vecino Ecuador.

Argoty dice que "llevo años de ser peregrino y siete de ser capellán y nunca me cansaré de ver a la Virgen porque ella me ha acompañado siempre con su mirada".

Leonardo CastroIpialesPara EL TIEMPO

Publicación
eltiempo.com
Sección
Nación
Fecha de publicación
3 de marzo de 2007
Autor

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