Con 6.654 votos, la Catedral de Sal fue elegida maravilla de Colombia. Un encuentro de lo religioso y lo humano bajo tierra.
Una mujer en silla de ruedas desciende por un túnel de piso áspero, ayudada por otra. Son 87 metros de pendiente, pero la fe no solo mueve montañas, sino que también las penetra. Las acompaña un grupo de turistas, entre los que hay canadienses, australianos y gringos. Ellos no rezan pero se quedan sin palabras a la hora de describir el lugar. Asà son los visitantes de la catedral de Sal.
Zipaquirá es un pueblo de calles estrechas, donde la iglesia y las antenas de celular son las estructuras más altas. De no ser por las vallas turÃsticas, serÃa difÃcil imaginar que debajo de las llanuras y colinas verdes se esconde la sal, ese tesoro con que los muiscas negociaban.
De estas tierras se saca el 50 por ciento de la producción que consume el paÃs. Al dÃa, 650 toneladas de piedra son sacadas de las entrañas del cerro del Zipa, para obtener 520 del compuesto blanco. Sin embargo, solo quedan unos 50 mineros -entre transportadores, cargeros y otros oficios- en este pueblo de Cundinamarca, y todos trabajan con la concesión Salinas de la Sabana. Ellos aún se persignan al entrar a los socavones. Y es que es esa devoción a la Virgen del Rosario -a la que le agregan la invocación 'Morenita' o 'de Guasá', que significa sal - la que hizo que en los años 30 se decidiera retomar la tradición de construir altares en las galerÃas, y se labrara un templo en su honor. La idea cristalizó, como la sal misma, en 1954, cuando se abrió la primera catedral.
Las entrañas del Zipa no se cansan de dar cloruro de sodio. De hecho, es la reserva más grande este material en gema del mundo. En 1991, cuando la antigua catedral presentó fallas estructurales, se decidió construir una nueva y entonces se abrió otro nivel para la explotación salina, dejando el viejo para albergar la catedral. Un concurso público le dejó al arquitecto Roswell Garavito Pearl la tarea de hacer el diseño arquitectónico del recinto Monumento al trabajo Socavón adentro, los mineros parecen cÃclopes que se hablan con sus ojos luminosos. Hoy en dÃa seis cuidan la mina, pero fueron 247 personas las encargadas de labrar la iglesia a punta de martillo y dinamita. José Vicente Pinto y Miguel Sopó hicieron algunas de las tallas más representativas. En sus tres galerÃas principales y 14 estaciones del VÃa Crucis están las huellas de los mineros, que gastaron sus dÃas en andamios, boca arriba, para poder tallar el techo. En sus jornadas subÃan peto y carne con canastas y lazos porque "una vez arriba nadie se querÃa bajar," recuerda Vicente MartÃnez. Miedo a las alturas en las profundidades de la tierra, "No hay planos exactos como los de una casa, todo iba saliendo a medida que la roca se dejaba labrar. También hay cosas que están porque 'el minero dijo'," recuerda Jorge Casteblanco, director técnico de la catedral de Sal, y quien también participó en su construcción. Casteblanco cambió los bisturÃs por la dinamita en los años 70. Un paro en la facultad de Medicina de la Nacional de Bogotá y la pregunta por la opulencia de sus primos esmeralderos lo mandaron a Sogamoso, a la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, para aprender de los maestros de AcerÃas Paz del RÃo la ingenierÃa de Minas.
Es un hombre que mezcla dos mundos que parecen irreconciliables: la ciencia exacta y la religión. Asà como explica con detenimiento sobre las 87 toneladas de dinamita que se usaron en la construcción de la catedral, atribuye a un milagro la recuperación de su hijo.
Para hablar de la catedral, Castiblanco le hecha mano a palabras de un visitante célebre: "es el encuentro del hombre con Dios bajo la tierra". Omar Jarro, otro de los trabajadores de la mina y la Catedral, es un poco más terrenal: "Las minas no son sólo destructivas, sino una fuente creadora. Para mà esto es un orgullo, es el aporte colombiano a la ingenierÃa de minas".
Los zipaquireños están felices con la escogencia. No es para menos, pues desde la AlcaldÃa se realizó una gran campaña para la escogencia como maravilla de Colombia, que incluyó un computador a la salida del recinto para que los visitantes votaran. Pero, hay que decirlo, aunque maravillosa no es única. La iglesia de Santa Kinga, en Wieliczka (Polonia) también es subterránea y construida en una mina de sal. Sin embargo, esto no le quita ese aura de maravilla. Camilo Sixto Baquero M.Redactor eltiempo.com
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