La división en la cúpula del Gobierno sobre su continuidad, las presiones de la opinión interna y externa y la difícil situación de su familia. Fue relevada por Fernando Araújo, símbolo del conflicto.
Desde el pasado viernes, cuando en respuesta a la captura de su hermano Álvaro Araújo, María Consuelo Araújo dijo que continuaría trabajando en la Cancillería "con mucha alegría", las circunstancias en la Casa de Nariño habían comenzado a conspirar contra ella.Según el director de Noticias de RCN Radio, Juan Gossaín, el vicepresidente Francisco Santos visitó al presidente Álvaro Uribe el viernes en la tarde, en su despacho, para decirle que Araújo era "insostenible" como Canciller."Perdóneme que le hable con franqueza, pero ese es mi deber de lealtad con usted...La situación de la Canciller se ha vuelto insostenible", le dijo Santos A Uribe."¿Por qué piensa usted eso?", le preguntó Uribe. "Porque ella nos representa a todos, no solo al Gobierno, sino a todos los colombianos", le respondió Santos.
El Vicepresidente le explicó al Presidente que varios gobiernos habían comenzado a averiguar "qué pasaba con la Canciller y su familia".Y le dijo: "Si la Canciller se queda, no nos va a alcanzar el tiempo para discutir temas como el TLC con Estados Unidos o para explicarle a Europa el proceso con los paramilitares".Pero no fue solo Santos. EL TIEMPO supo que otros altos funcionarios del Gobierno le hicieron saber a Uribe los mismos reparos.Que hombres de su confianza hubieran hecho estas observaciones, comenzó a mellar la confianza infinita que Uribe parecía tener en su Canciller.
El sábado en la mañana, cuando se dirigía a Melgar para presidir el Consejo Comunal, Uribe ya tenía dudas, pero se le notaban las ganas de hacer hasta lo imposible por mantenerla. "No quiero ser ni cínico, ni injusto", dijo como queriendo hallar comprensión.Implacable opiniónEl domingo comenzó muy mal para la Canciller. Ya no estaba tan "alegre" como ella misma lo había confesado el viernes en la mañana. Cuando despertó encontró editoriales, columnas de opinión e informaciones de dentro y fuera del país (EL TIEMPO, El Espectador, Cambio, Semana y el Washingtong Post, entre otros) que la ponían contra la pared.Araújo también supo que en los pasillos y oficinas del Capitolio, en Washington, había desaprobaciones en su contra. En las filas demócratas había cada vez más preguntas preparadas para el gobierno del presidente Uribe, frente a esta situación.El círculo de lo inevitable para la ministra Araújo se cerró el domingo en la tarde, luego de muchas consultas con personas cercanas.
La conclusión fue que su renuncia podría quitarle presión de la opinión a las acusaciones contra su hermano Álvaro Araújo Castro, privado de la libertad por posible participación en secuestro extorsivo y vínculos con los 'paras' y contra su padre, Álvaro Araújo Noguera, sobre quien la Corte compulsó copias a la Fiscalía para que evalúe si lo investiga por esos mismos delitos. Con esas cartas adversas en su mano, Araújo llamó al Presidente el domingo en la tarde y le pidió que la recibiera urgente, a lo cual Uribe accedió. La Canciller llegó a Palacio a las 7:40 p.m. con la decisión irrevocable de renunciar y después de una hora de diálogo se produjo el desenlace: la Ministra había quedado sin salidas. Y con visible tristeza, Uribe aceptó su dimisión. Tan pronto la Canciller abandonó la Casa de Nariño el domingo en la noche, envuelta en un manto de tristeza, Uribe llamó a Fernando Araújo Perdomo y le ofreció el cargo. Él le agradeció y prometió considerarlo.La aceptación de la renuncia, ayer en la mañana, comenzó a distensionar el ambiente. El senador Patrick Leahy, presidente del Comité del Congreso de E.U. que autoriza los recursos que se entregan a Colombia, celebró la renuncia, pero dijo que "los estadounidenses que pagan impuestos merecen garantías que el gobierno colombiano ha rotó sus vínculos con estos grupos terroristas, está procesándolos judicialmente, interviniendo sus activos, y reparando a las víctimas".
Ayer tarde, en el Consejo de Ministros, sus colegas despidieron a la ex canciller con una salva de aplausos, Uribe resaltó su gestión y ella le agradeció al Presidente por haberle respetado su decisión personal de renunciar.
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