La PolicÃa ya hizo levantamientos de personas asfixiadas cuando tenÃan ese tipo de relaciones o se masturbaban practicando la hipoxia erótica, como se conoce técnicamente esa peligrosa práctica.
En un barrio del norte de la ciudad, el Cuerpo Técnico de Investigaciones de la FiscalÃa (CTI) halló el cadáver de un hombre colgado del baño de su casa.
Fue hace unos años y alertó a los investigadores sobre algo que, hasta entonces, era apenas un rumor. La vÃctima, profesor de una reconocida universidad, tenÃa 40 años, pesaba 82 kilos, media un metro ochenta, estaba casado, tenÃa dos hijos y se estranguló accidentalmente con su propia correa mientras se masturbaba.
Al parecer, cortarse la respiración encierra un grave riesgo porque nadie parece saber el lÃmite exacto donde se para el corazón. La trampa es esta: seguir vivo o morir mientras se practica la autoestrangulación es cuestión de una fracción de segundo, nada más.
Y es que hay personas que solo logran sentir placer durante el acto sexual si las ahorcan hasta casi privarlas. Se trata de una rutina que la medicina bautizó como hipoxia erótica y, al parecer, hace parte de un rito milenario en las culturas hindú y japonesa. No es cuento chino.
Casos y casos y más casos.
De acuerdo con las estadÃsticas de las autoridades médicas de los Estados Unidos, unos 1.000 jóvenes mueren accidentalmente en ese paÃs cada año por culpa de la hipoxia erótica. La frecuencia de casos es tan alta que varios centros universitarios debieron crear un grupo de estudio: El proyecto de Investigación Nacional para el Análisis de las Asfixias Autoeróticas. (The Nacional AEA Research Project).
¿Acaso el fenómeno comienza a ser alarmante en Colombia y se requiere una investigación a gran escala?.
En la FiscalÃa cuentan de cuerpos encontrados en barrios de la capital con marcas de ahogamiento, todos de hombres desnudos, algunos vestidos con prendas de mujer y ataduras en el cuello, las manos y los pies.
Los agentes que han hecho los levantamientos recuerdan que los cadáveres estaban encerrados en cuartos con revistas y fotografÃas pornográficas.
Una mujer de la PolicÃa Metropolitana que ayudó a romper la puerta de una casa donde hallaron a un ahorcado cree que todo es señal de la perdición del ser humano y de que el mundo se acabará pronto.
ParecerÃa una broma de la mujer, que se persigna cuando recuerda que la esposa y los dos hijos del hombre ahorcado debieron verlo suspendido, pero la verdad es que debido al hallazgo de vÃctimas de hipoxia en diferentes barrios de la capital, Medicina Legal decidió abrir una investigación. Los descubrimientos resultaron reveladores.
Mejor no jugar asÃ.
Las autoridades revisaron las necropsias hechas en Bogotá entre enero de 1998 y diciembre de 2000 y encontraron que 126 casos correspondieron a asfixias mecánicas. Mirando la documentación de cada una, hallaron que al menos 21 de ellas correspondÃan a casos de hipoxia erótica. Las vÃctimas resultaron ser hombres encontrados en casas, hoteles, oficinas y calabozos de La Picota y La Modelo.
El análisis, aunque limitado al seguimiento de solo dos años, dejó en claro una preocupante conclusión: el ahogamiento durante el acto sexual o la masturbación, lejos de ser una rareza en nuestro medio, es una práctica cada vez más común.
En una tienda de aparatos sexuales en el centro de Bogotá, por ejemplo, venden lazos para colgarse del techo, cadenas para las piernas, esposas para las manos, bolsas plásticas para la cabeza, cada objeto diseñado para impedir la circulación y producir ahogo. Por cincuenta mil pesos cualquiera puede comprarse un estuche completo para inducir la hipoxia.
El dueño del negocio, un tipo flaco, de gafas recetadas y dedos envueltos en esparadrapo, dice que el único requisito es ser mayor de edad y pagar en efectivo.
La mayorÃa de sus clientes, revela, son jóvenes entre los 20 y los 30 años, justo el perfil de las vÃctimas de hipoxia erótica más frecuentes de acuerdo con la Asociación Americana de PsiquiatrÃa.
M., estudiante de una universidad privada, admite que ella y su novio se asfixian cuando tiene relaciones. "Nos turnamos", dice la chica con voz ingenua, sin advertir el peligro al que se expone. Una vez, cuenta, su novio perdió el conocimiento y ella creyó que habÃa muerto. M. se rÃe. Hasta ahora, la suerte ha jugado a su favor.
No hace mucho, la PolicÃa halló el cadáver de un hombre en las afueras de Bogotá: 33 años, uno setenta de estatura, 75 kilos de peso, casado, padre de un niño. Estaba derrumbado en su cama con dos pañoletas en el cuello. Los peritos establecieron la causa de la muerte: "ahorcamiento accidental mientras se masturbaba".
M., cuenta que ella y su novio frecuentan sitios de Internet donde se ofrece literatura, fotografÃas, videos y ejercicios para practicar la hipoxia erótica. Son más de quince portales donde también conocen personas y se establecen citas para encuentros casuales.
En la morgue de Bogotá recuerdan haber recibo cadáveres de gente con bolsas en la cabeza y anillos en los genitales. Las autoridades hacen advertencias: .
La pareja de una persona que muere mientras ambos practican la hipoxia puede ser condenada por homicidio. Lo mejor, seguro, es no exponerse y, en vez de estrangularse, vale llenarse de aire los pulmones, la cabeza y el corazón. Los que saben, juran que asà se practica el mejor sexo.
Para muchos se trata de una moda, pero encierra una trampa Los llamados 'juegos sexuales al lÃmite' abarcan una enorme cantidad de prácticas, la mayorÃa de ellas difundidas por Internet y, de acuerdo con las autoridades, muchas de ellas vistas en Bogotá, MedellÃn, Cali y Barranquilla, precisamente las ciudades con las mayores poblaciones y el mejor nivel de vida del paÃs.
Entre las rarezas descubiertas por la PolicÃa de esas ciudades y que, ocasionalmente, han producido lesiones y hasta la muerte de personas están: uso de bisturÃes, 'piercing', descargas eléctricas, suspensión por el cuello y ataduras a la cama con cepos, yugos, separadores de piernas y arneses.
Entre los jóvenes se diferencian varios tipos de hipoxias eróticas:El 'breath control play', que es un juego de control de la respiración, a veces practicado en piscinas, lagos y el mar durante paseos de fin de semana; el 'terminal sex', que se aplica sujetando el cuello de la pareja con ambas manos; y el 'bagging', en el que se emplean bolsas de plástico.
El refinamiento de los términos y su prácticas es reflejo de la preocupante masificación de una moda que, en cualquier caso, esconde una trampa mortal.
"El margen entre la vida y la muerte es tan sutil que los que deciden suspenderse del suelo usando correas o lazos corren el riesgo de perder la conciencia y terminar ahorcados sin si quiera darse cuenta".Luis Alberto RamÃrez, investigador de Medicina Legal.
$50.000 Por esa cantidad, una persona puede comprarse un kit erótico en el centro de Bogotá para practicar la hipoxia. El paquete incluye lazo, cadena y bolsa plástica. Un pasaje a la muerte.
'Ni la prohibición ni las medidas punitivas son solución' El médico psiquiatra Luis Alberto RamÃrez es el jefe de la División de Investigación CientÃfica de Medicina Legal. Es uno de los expertos que más sabe de la hipoxia erótica. Fue él quien, junto con otros profesionales forenses, dirigió la única investigación que se ha hecho en el paÃs sobre el tema.
¿Cómo controlar ese fenómeno y evitar más muertes? En todo caso no es con medidas punitivas ni con prohibiciones como vamos a evitar que la gente se siga exponiendo. Lo que hay qué hacer es brindar orientación. Permitir que la gente sepa a qué tipo de riesgos se expone cuando decide autoestrangularse o estrangular a su compañero sexual es un estrategia eficaz. Hay que entender que la sexualidad no es buena ni mala y que cada quien tiene la libertad de vivirla a voluntad. Lo que debemos brindar es información. Eso es el mejor antÃdoto.
¿La práctica de la hipoxia erótica sà es tan creciente en Bogotá como temen las autoridades? Sabemos que está creciendo mucho y que cada vez esa peligrosa práctica parece más común entre jóvenes y adultos.
¿Y a qué se debe ese aumento? El placer sexual es una válvula de escape, de liberación de las tensiones humanas. Ha sido asà desde siempre. Y ante las cada vez más grandes y difÃciles condiciones que nos impone la vida en nuestro paÃs, la gente pareciera explorar caminos, entre los cuales está su propia sexualidad.
JOSÉ ALEJANDRO CASTAÑORedactor de EL TIEMPOEscriba a: joshoy@eltiempo.com.co
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