El miedo que sienten los habitantes de esa población como consecuencia de la violencia, está acabando incluso con la tradición de cantarle alabaos de despedida a los difuntos.
Con más de 460 homicidios reportados oficialmente en el 2006, los habitantes del puerto no salen de noche, desconfÃan hasta de sus autoridades y más de la cuarta parte de ellos vive de actividades informales.
Un periodista y un fotógrafo de EL TIEMPO visitaron la zona como parte de una investigación realizada por el Proyecto Reporteros de Colombia, de la Universidad Javeriana y Programa por la paz y Medios para la paz.
Encontraron una ciudad que tiene una tasa de homicidios similar a la de grandes ciudades del paÃs en sus épocas más violentas, que dos años de toque de queda en varias comunas de la población no han servido de nada, y que la mayorÃa de los crÃmenes siguen en la impunidad.
Una ciudad, en donde la crisis social y el temor por la guerra de 'narcos' amenazan con acabar incluso con sus tradiciones culturales.
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