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Con broche de oro cerró Manizales: diez orejas cortaron César Rincón, 'El July' y Andrés de los Ríos

Este sábado, con un bravo encierro de la ganadería de los herederos de Ernesto Gutiérrez Arango, hubo toreo de verdad. La monumental llena vivió una tarde memorable.

Cinco faenas completas, toreras y bellas a cinco toros pastueños y la lidia maestra a un manso, conformaron la inolvidable corrida de cierre de la Feria de Manizales. Se cortaron diez orejas y un toro fue indultado.

Casi se cae la plaza ante semejante delirio. Los toros de Ernesto Gutiérrez fueron de una nobleza extrema, dieron una pelea franca en el dosificado monopuyazo y mostraron una obsesión por embestir. Ante ellos, dos maestros y un novel compusieron una sinfonía de toreo toda la tarde.

Manizales es otra cosa en la fiesta, en el filo de esta cordillera, tan lejos en el tiempo y el espacio de Ronda, la vieja Ronda de los Romero; rigen otros valores, otros gustos y han criado otro toro, el que acá les gusta: un toro suave y un toreo bonito.

Es imposible la descripción de las faenas. De pronto sea más fácil apelar a la economía de la generalización: se paró, se templó, se mandó, se cargó la suerte y se ligó. Todos, cada uno a su modo. En resumen, se toreó. Sí, se toreó, de verdad y en abundancia.

César Rincón, que se llevó el par inferior, abrió con el menos alegre de los buenos y le bordó una faena imaculada del primer lance al último muletazo. Tanto, que vendió el toro al palco, el cual, confundido, le dio la vuelta al ruedo, mientras a él que, citando a recibir, colocó un metisaca caído, le otorgó, bajo una descomunal petición, las orejas.

El cuarto fue un manso de bola, huido, negado y entablerado. César lo persiguió, lo castigó y hasta logró el milagro de arrancarle unas tandas ante la incredulidad general. Mérito de maestría. Sin embargo, la primera de las dos estocadas fue desprendida.

'El Juli', se paró frente a sus toros como frente a un espejo, abrió el Cossío y lo interpretó de pasta a pasta, del primero al último tomo.

Toreo enciclopédico, no se puede llamar de otra forma, pero con la enjundia y el repentismo de sus mejores tardes. Después, le premiarían la del segundo: 'Navideño', como la mejor faena de la feria.

Para mi gusto se superó en el quinto, no cualitativamente sino cuantitativamente, que cuando el toro lo pide también es virtud. El estocadón fulminante, volcándose, también fue premiado como el de la feria. Dejo constancia, porque estaba muy cerca, que fue pasado. ¿Importaba eso, cuando la plaza era un manicomio después de lo que le había hecho vivir el joven y aclamado maestro? .

Andrés de los Ríos, ante dos maestros que había cortado de a dos orejas ha podido achicarse. !Qué va! Ante su primer toro meció el capote de las tablas al centro, y allí se rebozó en una media despatarrada. Sus banderilleros Devia y Pineda brillaron con los palos y saludaron, respaldándolo. El manizaleño regó de toreo purista, izquierdista y lento el ruedo de su tierra. Sobriedad manoletista que produjo un desborde pasional en el tendido. Y para más emoción y verdad, mató de una estocada a ley.

Carbonero, el bravo sexto, salió al ruedo luego de un faenón de 'El Juli'. Otra vez Andrés se creció. Si las verónicas del madrileño fueron dibujos, las suyas fueron pinturas. Y los remates eran espléndidos. Era el pandemonium, cerraba una corrida de apoteosis. Y el toro luego de cien muletazos no paraba de ir y venir en los medios y con la boca cerrada. Vino el indulto, era inevitable. Aquí también eso es de protocolo. Para qué discutir. Vinieron las orejas simbólicas, la vuelta con el ganadero Miguel Gutiérrez, y después la salida en hombros con él y con Rincón y 'El Juli' en medio del delirio.

Estas cosas así no pasan sino en Manizales. En esta feria que es distinta y añeja.

Ayer en Armenia.

Con tarde soleada y más de tres cuartos de entrada, se lidió un bien presentado y encastado encierro de El Capiro de Sonsón, que entregó seis orejas a los tres alternantes.

César Rincón cortó una en cada uno de sus toros. El mexicano José Luis Angelino, las dos del quinto. Y Luis Bolívar una del tercero y otra del sexto. Los tres toreros salieron en hombros por la puerta grande de la plaza El Bosque.

Unja grata sorpresa fue la actuación del mexicano, que trajo reminiscencias del toreo de su patria. César Rincón, como siempre, magistral.

JORGE ARTURO DÍAZ REYESEspecial para EL TIEMPO

Publicación
eltiempo.com
Sección
Nación
Fecha de publicación
15 de enero de 2007
Autor

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