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Intendente de policía se salvó de morir en masacre de Jamundí por la timidez de un sargento

Se trata de Gerardo Pérez, quien el día en que diez integrantes de la Sijín murieon a manos del Ejército, estaba acompañando al suboficial Henry Cañizales a una entrevista con una fiscal en Palmira.

Pérez no puede dejar de pensar un solo día en la muerte de sus 10 compañeros. En una de las paredes de la Escuela de Carabineros de Cali, frente a la oficina de la Dijín, grupo al que pertenecían los policías, está empotrada una placa con las fotos grabadas en cerámica de cada uno de ellos.

Y el lugar es paso obligado para llegar o salir de las oficinas de la Dijín. Esto, además de recordarle constantemente la masacre en la parcelación La Cristalina, de Jamundí (Valle), le sirve a Pérez, de 43 años, para tener presente que su foto y su nombre pudieron haber quedado impresos en la placa.

"Unos 20 minutos me salvaron a mí y a otro compañero de que nos mataran con ellos", recuerda Pérez, uno de los testigos clave en el juicio oral por este caso y quien esta semana empezó a declarar ante el juez.

Lo salvó la timidez de Cañizales

A las 6:54 de la mañana del 22 de mayo pasado, Pérez se acomodó la camisa deportiva de mangas cortas y por fuera del pantalón -como suele vestir- y salió de la habitación que tiene acondicionada en la Escuela de Carabineros rumbo a la sede de la Dijín.

Hace dos años la mafia ofreció dinero por su cabeza y para evitar exponerse innecesariamente, prefiere que no haya más de 300 pasos entre su oficina y donde duerme.

Unos pocos minutos después de las 7 de la mañana, los 30 miembros de la Comisión Cali (Comca) de la Dijín, un grupo que entre el 2004 y ese día había capturado a 205 narcotraficantes, se reunieron en el salón principal para presentar sus informes.

Las exposiciones terminaron alrededor de las 10 de la mañana. Mientras la mayoría de los investigadores fueron a la cafetería, el sargento Henry Cañizales se acercó a Pérez.

"Gerardo -le dijo-, ¿será que podemos ir hoy a hablar con la doctora?". Se refería a un favor que le había pedido días atrás: ir a donde una fiscal especializada de Cali con quien había comenzado a hacer una investigación.

Por el paro judicial que desde el 11 de mayo mantenían los trabajadores de la rama judicial, la fiscal despachaba desde su casa en Palmira, a unos 25 kilómetros de la capital del Valle.

"Conozco a la doctora hace años, y Cañizales, que es tímido, me dijo que lo acompañara. La llamé y ella me dijo que pasáramos después de las 2 de la tarde. Le contesté, bromeando, que listo, pero que le tocaba darnos almuerzo".

'Hágale y nos alcanzan allá'

El resto de la mañana se le fue a Pérez haciendo informes y hablando con los dos miembros de su patrulla sobre unos seguimientos pendientes en el sur de Cali a una banda emergente del narcotráfico .

Pasadas las 2:30 de la tarde, Pérez y Cañizales abordaron el carro de este, un Renault Mégane, rumbo a Palmira.

Apenas habían iniciado el recorrido cuando el mayor Elkin Molina, comandante de la Comca, se comunicó por Avantel con Pérez para preguntarle dónde estaba, y él le dijo que iba para Palmira.

El mayor le respondió simplemente "5-4", que en la clave policial es correcto.

Cerca de las 3:30 de la tarde, segundos antes de entrar a la casa de la fiscal, por el Avantel se volvió a escuchar la voz de Molina.

-Pérez, cuántos tiene allá- preguntó el oficial.

-Estoy solo con Cañizales-. "5-4", dijo Molina.

A la media hora de estar hablando con la fiscal, Pérez le marcó por el Avantel al mayor Molina y le preguntó si lo necesitaba para algo.

"Es que hay un trabajo en la J (Jamundí) y hay que ir con 10 unidades", contestó el oficial. Pérez, uno de los hombres cercanos al mayor y que siempre va a las operaciones de choque, le preguntó que si le alistaba a los policías. "No tranquilo, ya están listos", dijo Molina.

Alrededor de las 4:40, de regreso para Cali, Pérez y Cañizales se comunicaron de nuevo con Molina para reportarle que estaban "5-8" (listos para lo que ordenara). "Ya estamos saliendo pa' lo que sabe. Hágale y nos alcanzan en la J", respondió Molina.

"Por ahí a las 5:25 de la tarde, cuando atravesábamos Cali para ir a Jamundí, escuchamos por el Avantel a mi mayor que le decía a todo el grupo 'cuando pasemos el pueblito se ponen la identificación' ", recuerda Pérez.

'Acelerá güevón'

El primer aviso de la calamidad que estaba por venir les llegó a Pérez y a Cañizales cuando iban frente al Holguines Trade Center, en la vía que desemboca en Jamundí.

Habían pasado unos 12 minutos desde que el mayor impartió la orden de ponerse las gorras y las chaquetas cuando por los radios de Pérez y Cañizales se escuchó gritar a Molina: "Hombre herido. Nos atacan, nos atacan".

"Acelerá güevón. Hacele a toda", le dijo Pérez a Cañizales.

Enseguida, Pérez empezó a preguntar por su equipo de comunicación en qué sitio exacto se encontraba la patrulla.

"Nadie contestó. Luego se comunicó el patrullero Sánchez que decía 'nos atacan. Apoyo, apoyo, ayuda' ", cuenta Pérez.

Lo primero que pensaron Pérez y Cañizales fue que se trataba de un ataque de la guerrilla o de narcotraficantes.

Después de un silencio de dos minutos, se escuchó a Sánchez decir "ya llegó el apoyo, los veo". Pérez le marcó al Avantel para saber qué tipo de ayuda era, pero no hubo respuesta.

Una semana después la gorra de Sánchez aparecería, con un impacto de bala entre las letras P y O, en la portada de la revista Semana.

Pérez intentó contactar a Molina y tampoco le contestó. Igual el agente Farfán, el intendente Galvis, los subintendentes Rodríguez, Murillo y García y los patrulleros Rodríguez y Perea.

'Los bandidos de la Sijín'

Al llegar a Jamundí, y como no sabían el sitio exacto del ataque, Pérez y Cañizales fueron hasta la estación de Policía. Cuando se estaban bajando para saber si allí tenían información, vieron que unos uniformados salían a toda prisa y les preguntaron que dónde era el incidente.

Los policías respondieron que no tenían certeza, pero que la gente había reportado explosiones y disparos en la vereda Potreritos, a unos 10 kilómetros.

"Allá llegamos en unos 10 minutos", recuerda Pérez, anotando que se encontró en el lugar con el mayor Marco Celemín, comandante de la Policía en Jamundí, quien había arribado unos cinco minutos antes.

Sin embargo, no pudieron pasar de un cordón de seguridad que tenía el Ejército y que impedía ver más allá de una curva. Eran cerca de las 6:15 de la tarde y todavía había buena visibilidad.

"Le volví a timbrar a mi mayor (Molina) y a los demás y ninguno contestó", cuenta.

Un hombre que estaba de sudadera, con escoltas y a los que los militares llamaban 'mi coronel' les reiteró que no podían pasar, que no se metieran porque ahí tenía a su gente controlando la situación.

Ante la insistencia de Celemín, de Pérez y de Cañizales, el hombre -que después aparecería en el lugar con camuflado marcado con el apellido Carvajal y con los distintivos de coronel- les dijo que al fondo "había cinco bandidos de la Sijín muertos y otros cinco más".

"No son ningunos bandidos -dijo Cañizales-, son mis compañeros de la Dijín".

Tras 15 minutos de insistencia, Celemín y Pérez traspasaron el cordón militar y al superar la curva sus mirada se encontraron con las camionetas de los policías.

"Después empecé a mirar al piso y al primero que vi fue a mi mayor, luego a García, más adelante al civil y más allá al intendente Mamián. Unos 10 metros arriba estaban tirados mis otros compañeros. Casi todos tenían disparos en la espalda y la ropa jalada por el cuello, como si los hubieran arrastrado", dice Pérez.

De inmediato, él se comunicó por el Avantel con Cañizales y le confirmó lo que sospechaban: "Hermano, no hay nada que hacer, todos están muertos".

El pacto tácito

Pérez y Cañizales solo se fueron del lugar hasta la noche del día siguiente, cuando terminaron las diligencias de la Fiscalía.

La escena de los hechos, asegura Pérez, se le quedó congelada en la cabeza. Ocho meses después es capaz de recordar sin equivocarse en qué posición y orden quedaron los cuerpos, cuántos pasos separaban un cadáver del otro y hasta a qué olía el lugar.

Como no quedar impresionado, dice, si este es el peor golpe que ha vivido en sus 17 años de carrera policial. Y aunque también es la mayor tragedia para la Comca, es un tema del que casi nadie habla.

"Al menos una vez en el día uno piensa en esa masacre -apunta Pérez-. Pero nadie en la oficina habla del tema porque es muy doloroso; es como si, sin decirnos nada, hubiéramos hecho un pacto".

Por ello también, cuando se encuentran con los familiares de los compañeros muertos, los saludan pero tratan de no hablar demasiado con ellos: el tema salta de un momento a otro y estos comienzan a hacer preguntas a las que los policías no tienen respuestas claras. A Pérez también lo embargan interrogantes cuando se pone a pensar largo en Jamundí. Asegura que a veces no sabe por qué sigue luchando y si es justo que mientras una parte de las autoridades pelea contra el delito, otra parece defenderlo.

"También me pregunto qué hubiera pasado si yo, en vez de ir a Palmira, hubiera escogido a los hombres para la operación y estuviera con ellos", recalca Pérez.

Esos interrogantes son más persistentes cuando ha regresado a La Cristalina, unas veces para la reconstrucción de los hechos y otras por curiosidad.

Ahí es cuando su mente pone con lujo de detalles los cuerpos sin vida de sus compañeros en el piso. Incluso, hay veces que en esas despiadadas trampas de la imaginación ve el de Cañizales y el suyo al lado de los de ellos.

Lo qué pasó y lo que viene en el juicio

Testigo y video polémicos

  • Al reanudarse el juicio, el pasado miércoles, la defensa pidió que se anticipe la declaración de un testigo de la Fiscalía, un reinsertado de las Farc, que, ante notario, declaró que lo presionaron para implicar al Ejército con 'narcos'.
  • El Juzgado Cuarto Especializado anunció que esperará a que ese testigo aparezca o se pruebe la veracidad del documento.
  • La Fiscalía intentó probar la similitud de dos órdenes de operaciones del Batallón de Alta Montaña, del 6 y 21 de mayo, un día antes de los hechos. La investigadora del CTI Alicia Carrero dijo que la diferencia era solo de fechas y número.
  • El jueves declaró el mayor Marco Celemín, quien era comandante de la Policía Jamundí y fue llamado por la Fiscalía. Dice que fue recibido con una ráfaga al arribar al sitio. "¿Por qué nos disparan, no ven que somos policías?", les dijo a los soldados. Fue el primer policía en llegar.
  • La presentación de un video en tercera dimensión, de la Fiscalía, desató quejas de la defensa. El coronel (r) Bayron Carvajal dijo que el video mostraba 'una cancha de golf' y no la realidad. El Juzgado lo aceptó solo como ilustración.

Definen apelación por libertad

  • Mañana, a las 3 de la tarde, será la audiencia de apelación de la negación de libertad por vencimiento de términos, solicitada por la defensa. El Juzgado Octavo Penal del Circuito, con funciones de conocimiento, estudiará la petición.
  • En la mañana del martes volverá el juicio oral. Estarán en debate el video y las fotografías tomadas durante la noche del 22 de mayo, día de los hechos. Se aprecian los carros y cadáveres de los 10 policías y un civil. La defensa alista un contrainterrogatorio a José Arbey Osorio , perito en fotografía del Cuerpo Técnico de Investigación (CTI) de la Fiscalía.
  • La Fiscalía llamará luego a declarar a un funcionario que se encargó de la inspección y levantamiento de los 11 cadáveres. Con los testimonios y documentos el organismo de investigación intenta probar su teoría de que lo de Jamundí fue una masacre.
  • El debate seguirá girando sobre el manejo de elementos probatorios después de los hechos. Vicencio Bonilla, asesor científico de la Fiscalía, llamado a declarar el viernes, dio el primer informe sobre cómo se manejó la escena del crimen. La defensa planteó varias dudas a su informe.

JORGE LUIS DURÁN P.
ENVIADO ESPECIAL DE EL TIEMPO
CALI

Publicación
eltiempo.com
Sección
Justicia
Fecha de publicación
13 de enero de 2007
Autor

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