Andrés Felipe Arias tiene 33 años, sus rabietas son famosas en el Congreso y sus romances han estado en las páginas sociales. Consentido de Uribe, muchos lo ven como el futuro Ministro de Hacienda.
No había salido de bachiller del Columbus School, en Medellín, cuando apostó con una de sus profesoras: -¡A que llego a ser Presidente de la República! Hoy, en su despacho de ministro, Andrés Felipe Arias dice que hay que ir paso a paso.
Se sienta ante un escritorio en orden y lo primero que hace es tomar gotas homeopáticas del mismo sello de las que se le han visto al presidente Álvaro Uribe. Después contará que unas las utiliza para el estrés, otras para la rinitis y unas más para los ojos: Le hacen falta lágrimas.
Tan puesto en su sitio, corbata en su sitio, papeles en su sitio, palabras en su sitio, al Ministro de Agricultura (con 33 años, el más joven del gabinete) se le ha visto salido de traje en más de una ocasión.
Una de ellas fue con Gustavo Petro, durante los debates de la Ley Forestal en el Senado, donde se mostró en el mejor estilo colegial de 'a la salida nos vemos'. "Es un mentiroso, espere las consecuencias", se le oyó decir cuando el senador habló de una ley al servicio de narcotraficantes.
Otra, cuando se enteró a última hora, en el Congreso, de cambios en el presupuesto de su cartera: "No estamos en el oscurantismo, para eso hay teléfonos", decía lleno de rabia a sus colegas de Hacienda.
Una más: en defensa de políticas presidenciales, se lanzó contra gobiernos pasados y el adjetivo que usó para definir una de las administraciones de los años 70 fue: afeminada.
-Es típico que en gobiernos autoritarios los empleados imiten a sus jefes -dice el senador Gustavo Petro sobre el ministro Arias Leiva.
-Tiene una actitud patriarcal. Es un soberbio -opina la senadora Piedad Córdoba.
Rodeado de fotos de su novia y del presidente Uribe, Arias habla de todo pero con pocas palabras. Resulta difícil hacerlo sonreír. Su voz se ofrece uniforme, casi sin alteraciones durante sus respuestas: -Todo lo que afirmo es porque lo creo. Yo hago valer mis posiciones.
-Usted mismo ha reconocido que tiene un carácter medio militar -le digo.
-Acepto que a veces se me va la mano en el autoritarismo. Me cuesta mucho tolerar la falta de rigor y de orden.
Me cuesta mucho tolerar son cuatro palabras que se le escucharán varias veces.
Le cuesta mucho tolerar "la falta de coherencia y lealtad". Le cuesta mucho tolerar "una mínima desviación de la norma", "un cuestionamiento a la autoridad". Quienes lo conocen desde antes de que fuera ministro -cuando era sólo 'Arias' (sus amigos nunca le pusieron apodos por temor a despertar su mal genio)- dicen que ha sido siempre igual.
-De niño lo llevaba a natación de 4 a 5 de la mañana, todos los días -recuerda su mamá, Sonia Leiva. Ella cree que rutinas como esa ayudaron a convertirlo en la persona que es hoy. "Su disciplina es hasta rara", comenta su madre.
"Arias no tiene límites" No de otra forma suma esta hoja de vida, resumida: economista de Los Andes, Ph.D. en economía de la Universidad de California; asistente de investigación de esa institución, profesor en Los Andes y en la Javeriana; miembro de juntas directivas de Ecopetrol y Colciencias, entre otras; director de Política Macroeconómica del Ministerio de Hacienda, viceministro, ministro.
-¡No paré! -dice él.
Y no va a parar, opinan los que lo conocen. "Va a llegar a un puesto público más importante", vaticina su amigo de infancia Jacky Yanovich. Lucas Jaramillo, ex futbolista de Santa Fe y amigo suyo de colegio (con el único con quien se ha ido a los puños por una final de fútbol), agrega: -Arias no tiene límites.
¿Tendrá presente aún aquella apuesta con su profesora? Muchos ven en su futuro más cercano el Ministerio de Hacienda, en reemplazo de Alberto Carrasquilla, a quien llama "mi mentor académico".
Con Carrasquilla trabajó en el Banco de la República y en el Ministerio de Hacienda. Y aunque Arias dice que sus relaciones hoy son "cordiales", se sabe que su salida de Hacienda no se dio en buenos términos. Como Ministro de Agricultura se ha enfrentado a su "mentor" en varias ocasiones (una, por las cifras del empleo; la más reciente, por el tema de la revaluación). Asuntos conceptuales, dirían.
Entre las críticas que se oyen sobre su trabajo, está la que se refiere a su excesivo apego a la teoría. "Académicamente es bueno, pero le falta experiencia". Arias dice: -Esto es un trabajo de buscar consensos, de ser flexible; a veces me resulta muy duro.
Con él todo tiene que estar listo y como lo pidió. Otra cosa que le cuesta tolerar es repetir una orden. Algunas de sus secretarias han terminado por confesarle a la mamá del Ministro que han estado "muertas del susto" con él.
Ha sido tal su autoexigencia desde niño, que sus amigos lo recuerdan debatiendo con sus profesores cuando sacaba un 9.8 y no un 10. Le resulta difícil aceptar la imperfección. Todavía tiene presente lo mal que se sintió cuando, en el doctorado de California, se ranqueó en la mitad.
"Siento que me protege" En el medio político, al ministro Arias le dicen 'Uribito'. No por ser uno de los funcionarios consentidos del Presidente (ha recorrido con él su finca, comparten charlas de poesía, por ejemplo); tampoco porque físicamente se parezcan (aunque sí, y el acento es el mismo) ni porque use palabras semejantes en sus discursos. Es sobre todo por su entrega al proyecto de Uribe.
-La persona que él más admira en el mundo es el Presidente -afirma Andrés Fernández, amigo de infancia y asesor suyo en el Ministerio.
Su devoción por el Primer Mandatario es tal, que además de afirmar que defenderá su proyecto político "a capa y espada y hasta la muerte", lleva consigo como tesoro una camándula que él le regaló y que nunca se aleja de su pecho: "Se me volvió un agüero. Siento que me protege", dice.
Suele ir con su novia a misa. El Ministro está a la espera de anular su primer matrimonio para casarse en marzo con Catalina Serrano, bogotana de 30 años. La suerte que tiene con las mujeres es otra cosa que le reconocen sus amigos. Su pasada relación con la ex reina antioqueña Patricia López Ruiz lo volvió protagonista de fotos en los medios, pero no acabó nada bien. Hoy López no quiere decir ni una palabra que se lo recuerde.
-Su debilidad son las mujeres -acepta su mamá.
En más de una ocasión ella ha viajado de Medellín a Bogotá para cuidarlo tras una tristeza amorosa. "La soledad le aterra". En su apartamento necesita sentir al menos el ruido del televisor. Duerme pocas horas y a las 5 de la mañana está en el gimnasio. "No descansa", confirma su novia.
Catalina acaba de llegar al despacho de su futuro esposo. Le pregunto a ella cuál podría ser la debilidad del Ministro, eso que no hace bien, eso que al final lo supera. No dice nada. Lo señala y él contesta: -Yo hago todo bien.
Minutos atrás, cuando hablamos de arrogancia, Arias alzó los hombros, miró hacia arriba unos segundos y dijo algo sobre la necesidad de tener los pantalones bien puestos.
MARÍA PAULINA ORTIZREDACTORA DE EL TIEMPO
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