En el Día de los Derechos Humanos, se vistieron de luto y se sentaron en una larga hilera de cuatro kilómetros, para recordar a miles de asesinados y secuestrados.
Con leyendas que imploraban 'Justicia', 'No más' y 'Verdad' y una cruz de palo en sus manos, se apostaron desde la Plaza de Bolívar (calle 10) hasta la 72 y luego sobre la carrera 15 hasta el parque de la 93, para representar de una manera simbólica el dolor acumulado de miles de colombianos por cuenta del conflicto.
Las mujeres tenían a sus pies un ladrillo con un cartel fúnebre y en este, el nombre de los inmolados y el lugar donde se les vio -vivos- por última vez.
Nombres de desaparecidos ilustres como el de los candidatos presidenciales Bernardo Jaramillo, Luis Carlos Galán y Carlos Pizarro; humanistas como Héctor Abad Gómez, Alfredo Correa de Andreis y Eduardo Umaña Mendoza, se mezclaron con anónimos como Bernardo Beltrán y Carlos Rodríguez (Palacio de Justicia, 1985) y Elena Martínez y Herlindo Perea (Bojayá, 2002).
Sin duda, este largo monumento a la muerte causó el mismo efecto en todos los deportistas capitalinos que detuvieron sus bicicletas o sus trotes para leer los nombres: tristeza.
Joaquín Pérez, un espontáneo, sollozó al frente del ladrillo de Bernardo Jaramillo Ossa, líder de la Unión Patriótica asesinado en el 90, y le dejó un aro de goma como ofrenda. Al hacerlo dijo: "la vida es como un círculo". Luego se persignó y se fue de lugar.
Anatilde Martínez, residente en Ciudad Bolívar, estuvo muy asediada y todo porque cuidaba el ladrillo con el nombre de la candidata presidencial Íngrid Betancourt, secuestrada en febrero del 2002.
"Me han preguntado mucho si soy familiar de ella. Yo les digo que 'apenas la distingo', pero que hay que rogar para que la suelten", afirmó.
Los N.N. y los anónimos "Ver esta hilera de ladrillos que representa a tanta gente que se ha muerto en el país, le da a uno escalofríos y una rabia la berraca", dijo Emiro Gómez, un transeúnte, mientras le explicaba a su hijita, en palabras suaves, la masacre de Mapiripán (Meta, 1997).
En la jornada también se evocaron a los muertos de Trujillo (Valle), Montes de María (Bolívar), Urabá (Antioquia), Prado y Cajamarca (Tolima), entre muchos otros.
Ana Clobis Bejarano, de 66 años, residente en Sierra Morena (en el sur de Bogotá) tenía a sus pies la memoria de Jhon Fredy Betancourt, asesinado en noviembre de 2003, en Acevedo (Huila).
"Nunca lo conocí, pero es que las que somos madres, sabemos cómo se sufre por los hijos cuando no están", dijo justificando su presencia.
Iván Torres, director de la Fundación Rayuela y organizador de la jornada, dijo que esta actividad se hizo con la idea de la reconciliación y de darles a todos los muertos de la violencia, la misma importancia y atención.
"Todos los colombianos tenemos el mismo clamor: queremos saber la verdad y que haya justicia, pero sobre todo que haya paz en este país. Es que no nos podemos seguir matando", dijo al inicio de la actividad.
Las mujeres permanecieron en sus sillas hasta pasado el mediodía. Después, se dividieron en dos grupos que marcharon por las carreras Séptima (al sur) y la 15 (al norte), hasta llegar a la Plaza de Bolívar y al parque de la 93, respectivamente.
En esos lugares se hicieron oraciones por las víctimas y se concluyó la jornada con sendos conciertos. Uno con Ilona y su música social, y otro con César López, aquel que cambió el uso de las armas para hacer música.
'Hay que sacar el pueblo adelante' A ritmo de currulao y con una tambora que anunciaba el ritmo, las mujeres recorrieron la carrera Séptima. Como un lamento gritaban: 'vamos a sacar el pueblo adelante'.
Entre quienes participaron de la jornada se destacan la Guardia Indígena del Cauca (Premio Nacional de Paz 2004), Mujeres de la Asociación Trabajadores Campesinos del Carare (Premio Nóbel Alternativo de la Paz 1990), y las Mujeres de la Candelaria, de Medellín.
Así mismo, delegaciones con hombres y mujeres de Soacha, Villavicencio, Puerto Berrío, Pereira, Ibagué, Barrancabermeja y Montes de María, entre otros.
LUIS JOSÉ BADEL F.REDACTOR DE EL TIEMPO
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