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Tres cantantes negras colombianas que, sin olvidar sus raíces, hacen música para un público joven

Tienen en común una voz prodigiosa que tarde o temprano las condujo a ser cantadoras de profesión. Ninguna pasa de los 25 años. De manera que crecieron oyendo géneros musicales recientes.

Tienen en común una voz de negra prodigiosa que tarde o temprano las condujo a ser cantadoras de profesión. Ninguna pasa de los 25 años. De manera que crecieron oyendo géneros musicales recientes. Los temas tradicionales que componen el repertorio de los grupos a los cuales pertenecen, no lo interpretan tal cual sonaron en su versión original. Están fusionados con algo de electrónica, hip hop, o dance hall, según sea el caso. Ellas cantan imponiendo su propio estilo en la tendencia musical que hacen ahora.

'Goyo' de Chocquibtown

El nombre que aparece en su cédula es Gloria Martínez, pero todo el mundo la llama 'Goyo'. Cuando surge la pregunta del porqué de su sobrenombre cuenta que fue por una canción de El Gran Combo de Puerto Rico que ella, de niña, le decía a los grandes de la casa que le pusieran. "A Goyito Savater lo tienen en psiquiatría" ... de tanto cantarla se quedó 'Goyo'. Pero a Gloria, o mejor dicho, a 'Goyo', le gusta que le digan así. "Tiene fuerza y personalidad", dice orgullosa.

'Goyo', que es actualmente cantante de Chocquibtown y desde hace poco de Sidestepper, nació en Condoto hace 24 años. Viene de una familia musical, pues su madre es cantadora del Chocó, y además sobrina en segundo grado de Jairo Varela, el director del grupo Niche. "Crecí con el folclor, con el aguabajo, el bunde, el banbazú. Muchos ritmos que era imposible no aprenderlos, además porque se los oí a mi madre cantar", recuerda.

Pasó por varias etapas, que podrían dividirse según las ciudades donde ha vivido: Condoto, Quibdó, Buenaventura, Cali y ahora Bogotá. Su tercera estación, Buenaventura, fue en donde ocurrió, musicalmente una de sus más grandes rupturas, pues descubrió la música afro de Estados Unidos, algo que la marcó y dejó influenciada.

Pasó el tiempo y fue entonces que se encontró con Tostao. Su compañero de fórmula en Chocquibtown. Él También es su novio, y a juzgar por los hechos, una de las personas más definitivas en su vida. Lo conoció a los 12 años, en Quibdó, y 10 años después, en Cali, volvió a verlo. Él le contó del proyecto musical en el que combinaría la tradición del pacífico con el hip hop. A 'Goyo' le sonó. Juntos se fueron a vivir a Bogotá, y desde entonces comparten la música y sus vidas.

Erika, la ex 'popstar'

Una tía que cantaba de joven, pero con la prohibición de las dos abuelas que pensaban que eso era para mantenerse en los bares, es el antecedente musical más nítido en la memoria de Erika Muñoz, una de las voces de Sidestepper.

De niña, cuando vivía en Soledad, Atlántico, escuchaba vallenatos 'actuales' de los que sonaban en la radio. Nada de cumbias ni bullerengues. Un profesor de danza en el colegio le pidió que interpretara una canción para su grupo y la única que ella se sabía era 'Yo me llamo cumbia'. Lo convenció. Los acompañaba con su voz en los bailes, algo que le sirvió después para pasar por la batalla de las flores del Carnaval de Barranquilla tres veces consecutivas.

Erika, sorprendida con sus capacidades, pensó que el siguiente paso debía ser el 'reality' de televisión 'Popstars'. Se destacó entre las aspirantes, pero no contó con que Iván Benavides, uno de los jurados, la tuviera en mente para otra clase de proyecto.

"Él me sacó del concurso y me dijo después que lo había hecho para que yo entrara a Sidestepper. Richard Blair me hizo la audición, le gustó mi color y mi voz, pero el que movió todas las influencias fue Iván", asegura Erika. Actualmente tiene 24 años, 4 de los cuales ha estado en el grupo. Hace nueve meses nació su hijo Miguel Ángel.

Antombo, la profeta

No es una historia color de rosa lo que a ella le tocó vivir. Pero así como el nombre del álbum de su grupo, 'Amor y fortaleza', tuvo que recurrir a estas dos cosas, para sacar la energía que la llevaría a no perder la paciencia en medio de los problemas e irse de lleno a hacer lo que mejor sabe hacer: cantar.

Antombo Langangui nació en Banguí, capital de República Centroafricana. Pero su madre, que era de Valledupar, trajo a la familia entera a Colombia cuando se enteró que con su esposo padecían una enfermedad incurable. Al morir sus padres, ella y un hermano de edad cercana, pasaron por varias casas del Bienestar Familiar hasta que los dos hermanos mayores demostraron que podían mantenerlos y los llevaron con ellos.

Hicieron de todo para mantenerse y entre la supervivencia ella se refugió en la música y en la escritura. "Me daba pena cantar en público, lo hacía cuando nadie me veía, pero conseguí un compañero que me dijo que cantáramos juntos", recuerda Antombo, quien ahora hace parte del grupo Profetas, propuesta que mezcla el reggae con el 'dance hall'. Antes pasó por los grupos Panteras Negras y por La Fortaleza.

LILIANA RAMÍREZ
REDACTORA DE EL TIEMPO

Publicación
eltiempo.com
Sección
Cultura y entretenimiento
Fecha de publicación
17 de noviembre de 2006
Autor

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