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Pluma abierta / Historia de un kumis

Germán Vargas Morales

En 1905 nació en la vereda Mercadillo de Cáqueza un niño, quien al quedar huérfano a los cinco años, inició como muchos de su terruño el éxodo hacia el Llano.

El "Dr. Ruíz" recibió en Villavo al muchacho, con el oficio de viajar a Bogotá a traer los medicamentos para sus pacientes. Comentaba don Adriano, ya en su vejez, el miedo tan terrible que lo invadía por aquel entonces el escuchar el "cacho" anunciando el tropel de ganado por el angosto camino hacia la capital. Correr y buscar pronto refugio era como escapar a la muerte.

Fue luego peón y arriero, mientras aprendía a leer y escribir. En 1928 se casó con quien lo acompañaría durante 69 años y le daría 5 hermosos niños. Con ella inició su nueva profesión de comerciante, que por los años 40, ya vendía licores importados, enjalmas, cinchas, lazos, etc.. en la esquina del parque principal. Su "Almacén Bogotá" se convirtió así en uno de los más prósperos, y él, en agente del periódico de su partido "El Santo Siglo". Fueron los primeros pasos que lo convertirían en uno de los jefes conservadores más importantes del Meta, con profunda ascendencia entre los campesinos de la región.

En 1950, el almacén se incendió y don Adriano quedó en la ruina. Montó entonces en su residencia lo que sería la "Casa del Kumis", una venta de leche por botellas y una bandera blanca. Cualquier día, le contó a Raúl Velásquez sus pesares al no vender toda la leche, y tener que guardar los restos, leche cortada, en la nevera de su vecino Parmenio Baquero.

Raúl le hizo traer una olleta, una libra de azúcar y un molinillo. Después de mezclar los ingredientes y batirlos, invitó a don Adriano a probar el "menjurje". La expresión del gusto afloró con alegría en el rostro del comerciante quebrado, mientras Raúl le decía "eso se llama kumis, gran pendejo, haga plata".

Así, surgió de las cenizas, la hoy próspera empresa con varias sucursales en la región, impulsada por sus hijos quienes heredaron el trabajo, la calidad, y el empuje indeclinable y recto de su progenitor.

A los 79 años de edad y 56 de comerciante, murió con el siglo XX este patricio, ejemplo para la juventud, no sólo por su entrega al trabajo, sino a una vida política inundada de sólidos principios y lealtad a su partido durante su periplo desde el Concejo Municipal, hasta la Cámara de Representantes.

Lo acompañé, por indicación de mi padre a su primera sesión en el Congreso. Su alegría era manifiesta. Quizás, como cuando descubrió el kumis.

Por Germán Vargas Morales, Ingeniero Industrial M.Sc. Abogado

 

PLUMA ABIERTA

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
14 de noviembre de 2006
Autor

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