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Así se ruedan las películas en la creciente industria porno de Bogotá

Sólo durante el año pasado, en el canal para adultos Venus se emitieron un total de 19 películas de cine porno hechas por productores capitalinos.

Al grito de ¡acción!, las dos parejas entran en escena y se sientan en una sala como si fueran viejos amigos.

Hablan y, aún tímidos, esperan a que llegue otra mujer. Completo el grupo, y luego de una corta conversación, empiezan los besos y las caricias entre las tres mujeres y los dos hombres, que se extienden hasta que todos terminan desnudos y dando rienda suelta a toda clase de fantasías sexuales en un ritual de despedida a una amiga que se va a vivir fuera del país.

Sobre este eje transcurre 'Despedida sexual', una de las más recientes producciones del naciente porno bogotano y que ya se emite por Venus, un canal de películas para adultos que llega por cable o satélite a toda América y Portugal.

Esta cinta fue grabada en un apartamento del barrio La Soledad, con actores y actrices bogotanos, a dos cámaras, con luces y con lo más parecido a un guión de cine real. Todo bajo la tutela del productor Mario Vélez*, pionero de este tipo de producciones.

"Mis películas no se pueden comparar con las que venden en los semáforos", dice Vélez. "Porque sé que para competir a nivel internacional hay que tener calidad en la imagen y en el sonido", agrega este productor, autor de títulos como 'Herencia sexual', 'Pensión sexual' y el 'Gurú del sexo'.

Y es que contra mitos y tabúes esta industria -polémica, pero legal- poco a poco se ha venido consolidando en la ciudad y en el país. De hecho, solo Vélez le ha vendido 32 películas al canal Venus.

Guido Cantalupi, programador de Venus, asegura desde Buenos Aires que después de Brasil y Argentina, hoy Colombia es el tercer proveedor de porno en la región.

"Hace tres años empezamos a comprar producciones colombianas", dice Cantalupi. "El año pasado emitimos 19 películas en nuestro canal -compradas todas a productores bogotanos- y aún tenemos varias por estrenar".

Sobre las razones de este auge, Cantalupi explica: "Han tenido buena acogida, sobre todo porque son parejas más reales, más cercanas a nuestra identidad cultural".

A lo que Vélez añade: "Cada vez son menos los que sueñan con la rubia perfecta y el tipo divino. La gente tiene fantasías con personas normales, con un compañero de trabajo, con una vecina".

Ambos reconocen que la producción latina también se busca por sus bajos precios. Mientras un paquete de seis películas estadounidenses o italianas pueden costar unos 30 mil dólares, por ese precio se pueden comprar más de una docena de filmes latinos.

Tras bambalinas

En esta industria los actores o actrices se llaman 'talentos' y, por lo general, salen de clubes de strip-tease, en el caso de los hombres, y de prostíbulos, en el de las mujeres.

"Es prácticamente lo mismo que uno hace en un club. La diferencia es que en un solo día de grabación uno se hace casi un mes de trabajo", dice Shirley*, bailarina de 23 años y con tres películas a cuestas.

En el caso de los hombres, la búsqueda de un actor es un poco más difícil, dice Vélez: "Hay ciertos parámetros que el 'talento' debe cumplir, como el tamaño del miembro, un buen cuerpo y que no tenga tatuajes o perforaciones".

Carlos Santamaría*, de Movieaction Producciones, otro realizador triple equis de Bogotá con 10 películas grabadas, dice que él selecciona a sus 'talentos' a través de páginas para adultos de Internet.

"Muchos de nuestros productos -dice Santamaría- los hemos hecho con parejas que quieren grabarse en la intimidad". "Hay muchas parejas comunes y corrientes que lo hacen simplemente por gusto", asegura este productor.

En un día y muy clásicas

Por lo general, estas películas se graban en un día y, de acuerdo con el estándar internacional, deben contar con mínimo cinco escenas de sexo.

"Se graban in crescendo. Primero, una escena suave, después una pareja, luego un trío y finalmente, una escena de sexo grupal", dice el productor Vélez, quien tiene como ídolo a Nacho Vidal, la famosa estrella del porno español.

Y mientras que ya se encuentran en el mercado películas de Brasil protagonizadas por travestis o transformistas, los productores de Colombia aseguran que sus películas se mantienen en la línea del sexo clásico. "Es sexo normal, sin cosas bizarras", dice Vélez, quien, sin embargo, reconoce que "ahora el mercado está pidiendo otras cosas".

Sobre este punto, Santamaría cuenta que en "páginas de Internet como moviedollar -a la que le vende clips de 20 minutos- ya le están exigiendo escenas más fuertes. "Pero -añade- es muy complicado conseguir gente que se apunte a eso. Somos muy clásicos".

No todos apuestan por lo 'fuerte'. Un productor que se hace llamar Hawk dice que también es muy solicitado el porno soft, que es aquel en que no hay escenas de sexo explícito, solo simulación.

"Cada vez hay más canales que transmiten este tipo de películas para adultos después de la medianoche. Allí hay un gran mercado", dice.

Una curiosidad de este mundo donde no hay lugar para el pudor es que casi ningún actor acepta escenas con besos, porque los besos están reservados solo para sus parejas.

* Nombres cambiados

Datos de la industria local e internacional

  • Una película en Colombia no vale más de 5 millones de pesos. Con eso se paga el arriendo de cámaras, luces, edición, arriendo de las locaciones, personal técnico y actores. Por venderla, se puede recibir hasta 10 mil dólares.
  • El pago a los actores no es por películas, sino por escenas grabadas. Además siempre se hace de inmediato y en efectivo.
  • A las mujeres les pagan mejor que a los hombres, y de acuerdo con la dificultad de las escenas. En promedio, ese pago por escena está entre 500 y 700 mil pesos.
  • En Estados Unidos, una actriz del cine para adultos recibe entre 300 y 5.000 dólares, según sea su trayectoria. También actores famosos, como Nacho Vidal, Ron Jeremy o Rocco Sifridi.
  • En Video Pussycat, videotienda para adultos en Bogotá, hay unos 4.500 títulos de 'porno' en DVD. Aseguran que ninguno es colombiano y que lo único latino que hay es argentino y español.
  • Según la revista económica Forbes, en el mundo el cine 'porno' registra beneficios de unos 60 mil millones de dólares anuales.

Hecho en casa

Ramón Pinedo, especialista en pornografía, dice que el cine equis colombiano puede tener sus orígenes a finales de década de los 90 en Cali y Medellín, debido al trabajo del director Michael Spring Danger o de Producciones Trópico.

Mientras a Spring Danger se le atribuyen películas como 'Lujuria en la finca de mi ama' y 'La vendedora de flores', a Trópico se relaciona con cintas grabadas con modelos y prostitutas relacionadas con el narcotráfico.

"Lo bueno de que haya una demanda externa por el porno nacional quiere decir hay cosas con mejor calidad que antes", dice.

Andrea García, del canal Kamasutra de Medellín, y quien le compra películas a los bogotanos dice que "hasta ahora se está empezando a a expandir el porno en Colombia, por lo que todavía falta mucho por desarrollar, tanto en temas como en producción".

No es ilegal

El abogado penalista Jorge Perdomo dice que "según la legislación Nacional, la pornografía no es ilegal siempre y cuando no se vean inmiscuidos menores de edad. Tampoco se puede forzar a nadie que haga parte de una película", dice el penalista.

Pese a que saben que la pornografía no es una actividad ilegal, muchos productores prefieren manejar el negocio al igual que en Estados Unidos: para prevenir problemas, antes de rodar, los actores son grabados con cédula en mano, aceptando las condiciones del contrato.

Perdomo también aclara que "aunque no se castiga la realización de estas películas, al hacerlas no se debe atentar contra la moral o tranquilidad de otras personas, como escándalos o prácticas indebidas en público".

Empezar profesional desde la audición

"Si quiere vender sonrisas, tiene que mostrar los dientes. Esto es un trabajo profesional y no hay lugar para tener pena".
Mario Vélez, productor, en un casting a un actor.

LUIS JOSÉ BADEL F.
REDACTOR DE EL TIEMPO
luibad@eltiempo.com.co

Publicación
eltiempo.com
Sección
Bogotá
Fecha de publicación
4 de noviembre de 2006
Autor

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