No llegan a este oficio por elección sino por designación de sus espíritus tutelares. Son ellos a quienes acuden los wayú para aliviar sus dolencias. Respetan la medicina occidental.
Para los ouutsü no es fácil hablar en público de su oficio. Antes de sentarse con un grupo de desconocidos arijunas (hombres blancos) para compartir un poco del conocimiento wayú, tienen que pedirles permiso a sus espíritus tutelares.Fueron ellos los que en sueños le dijeron a Alicia Pushaina que era una elegida, que se convertiría en su medio de contacto con los enfermos de la comunidad. Y así ha sido desde su niñez. No es ella la que elige al paciente, tampoco la que diagnostica el origen físico o espiritual de la enfermedad que lo aqueja y mucho menos la que formula o decide cómo o con qué se paga una consulta. "Son mis espíritus", insiste.Bajo una enramada, que es el lugar más importante y sagrado de la ranchería, Alicia desnuda sus pies y su alma. Se sienta frente a su paciente con el tupana en la cabeza, un tocado con cascabeles, y poco a poco, con ayuda del chirrinche y el tabaco, entra en comunión con ellos.Alicia es wayú hasta la médula, y aun así no es difícil encontrar coincidencias entre los ritos que practica y la consulta médica occidental.Cada sesión se hace en privado. El ouutsü, asistido por un ayudante, ausculta en medio de su trance. Al final los espíritus le dicen qué tiene el enfermo, si un mal del alma o un mal del cuerpo; también indican el tratamiento, las plantas que hay que tomar, los baños que hay que hacer o los encierros a los que debe someterse cuando el problema es más grave.
La consulta termina con el cobro de los honorarios. En este punto los espíritus son pródigos en detalles: "A veces piden que les entreguen aretes o collares; otras que se haga una danza en su nombre. También piden a cambio animales. Si lo que quieren es un chivo mediano de manchas cafés, ese es el que la familia del enfermo debe llevar para garantizar el tratamiento", dice Xenobia, ouutsü también.Los espíritus reconocen sus limitaciones, y saben cuándo una enfermedad requiere la intervención de la medicina occidental. "Los verdaderos ouutsü son respetuosos de este mandato. Si la indicación es ir al hospital, es eso lo que se le dice al enfermo. Nada más", dice Xenobia.No es raro por eso ver a las familias wayú llegar juntas a los centros de salud o al hospital de Riohacha con el paciente en andas.No es raro tampoco que en estos lugares haya siempre alguien con el dominio pleno del español y el wayunaiki. De qué otro modo pueden los enfermos ponerse en contacto con estos médicos que en ese escenario también son para ellos sus espíritus tutelares.
Hacer visibles a quienes apoyan El Programa Alas para la Gente, de la Casa Editorial EL TIEMPO, viajó a La Guajira con el propósito de apoyar, haciendo visibles, las acciones de responsabilidad social que en esa zona llevan a cabo entidades como Operación Sonrisa, Fenalco, el hospital Nuestra Señora de los Remedios, Chevron-Ecopetrol, Telemedicina de la Universidad Nacional y la Alcaldía de Riohacha.
La Guajira, más cerca con la telemedicina -Doctor Lozano, tenemos el caso de un niño de 3 años de Maicao que convulsiona y no responde al tratamiento. Le ordenamos una tomografía, pero llegó sin resultados. Le remito las imágenes para que nos ayude a interpretarlas...-Tranquilo, doctor Romero. No veo lesiones físicas. Le recomiendo revisar la historia clínica de la familia para buscar antecedentes y descartar que las convulsiones se hayan desencadenado por fiebre.Desde hace unas semanas, los pacientes de Riohacha reciben la segunda opinión de especialistas en cardiología, radiología, dermatología y medicina tropical de la Universidad Nacional, sin que tengan que desplazarse desde Bogotá.Voluntad y tecnologíaEl centro asistencial envía a la Nacional imágenes y datos de los casos complejos que recibe. Lo que sigue es un diálogo de minutos, en vivo, entre expertos de Bogotá y Riohacha, a través del cual aclaran los diagnósticos y reorientan los tratamientos.Hace cuatro meses José Cayetano Romero, director del hospital Nuestra Señora de los Remedios, de Riohacha, y Alfonso Lozano, especialista en radiología e imagenología diagnóstica, entraron en contacto con el propósito de llevar la telemedicina a esta ciudad. Hoy existe un contrato entre ambas entidades. Los equipos (computador, intensificador de imagen, electrocardiógrafo, cámaras digitales, entre otros) fueron entregados en comodato al hospital por la Nacional. Sin embargo, nada funcionaría si no hubiera voluntad de por medio y la intención de hacer que esta clase de servicios beneficien a las comunidades más apartadas. De hecho, Telemedicina funciona en Amazonas y Guaviare. Romero espera dar respuestas, por semana, a 40 casos complejos en promedio, "es un servicio que ofrecemos a cualquier institutción de Riohacha y La Guajira", dice el director, quien sueña ya con hacer cirugías a distancia.Camilo Arjona, coordinador del programa Alas para la Gente, asegura que lo que se busca ahora es llevar la telemedicina, con unidades móviles, a las zonas más alejadas del departamento: "Estamos buscando la ayuda de la empresa privada para lograrlo".
Vea en 'Arriba Bogotá' PANEL. El diario EL TIEMPO y 'Arriba Bogotá', de Citytv, llegaron a La Guajira con el programa Alas para la Gente, con el fin de conocer iniciativas en favor de los más pobres. Expertos hablan mañana, desde las 7:00 a.m., del programa Telemedicina de la U. Nacional, que acerca la tecnología médica a las comunidades apartadas.
SONIA PERILLA SANTAMARÍAENVIADA ESPECIAL DE EL TIEMPORIOHACHA (LA GUAJIRA)
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