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Dos raponeros de las calles de Bogotá cuentan en qué sitios roban, cómo y por qué

Salen de día y de lunes a sábado. Empezaron como ladrones para 'mostrarse duros' y les gustó la plata fácil. Señales para tener en cuenta.

-Todavía después, cuando ya estoy lejos, siento vértigo. Robar me sube la adrenalina.

'D' dice esto sentado en el andén de la carrera décima, en la esquina con una calle cualquiera de la 19 hacia el sur. También está 'H', otro ladrón. Mediodía. Tienen unas cajas de dulces, pretexto que usan para subir a buses y robar.

Al principio no estaban interesados en dar detalles sobre su vida de raponeros; ni siquiera aceptaban que lo fueran. Poco a poco, animados por mostrar sus habilidades en lo que para ellos es su trabajo, empezaron a hablar. Sus nombres no saldrían, por supuesto. Sus edades: el primero, 21 años; el segundo, 19.

-Hay muchos tipos de ladrones -empieza 'H'-. Unos se especializan en bolsillos; otros, en los gramos (el oro, las cadenas); otros, en los almacenes...

-¿Y ustedes qué son? 'D' cuenta que en su historia hay desde robo de cadenas hasta atraco de busetas. "Con fierros. Pero eso no era para mí. Casi me agarran". Se decidió por ser "ratica de calle".

-Yo empecé a los 12 años, robando cachuchas. Ahora lo que más busco son celulares, cadenas y efectivo -dice 'H'.

En el centro se reúnen para empezar o acabar sus jornadas y elegir socio con quien robar. "Pero quedarse aquí no funciona. La gente anda asustada, con todo encaletado".

-¿A dónde van, entonces? -Como ladrón, uno camina mucho la ciudad -responde 'D', casi orgulloso-. Donde se vea buena plata, ahí llegamos. De la 34 a la 130 es bueno. Donde no haya tanta policía y la gente vaya desprevenida.

-El sitio depende de lo que queramos hacer. Si vamos por aretes, pues no nos vamos a subir a TransMilenio. Pero si buscamos celulares, sí.

Sus métodos 'D' y 'H' han dejado atrás el pudor inicial y ya hablan de robar como si miraran el cielo y dijeran "hoy va a llover".

-¿Qué métodos usan? -Muchos. En los buses usamos el cosquilleo o el abrazo. Un tipo va con su quincena en el bolsillo (se le nota, porque la plata se marca). Nos sentamos al lado y con los dedos le damos hasta que sale.

-De tanto mirar, uno aprende a identificar el fajo de billetes. Entre nosotros practicamos para mejorar -agrega 'D'.

-¿Y el abrazo? -El empujón en el bus. Va uno con sus socios y elige a quién robar. Nos hacemos señas, nos miramos... El ladrón trabaja mucho con la mirada. Luego lo rodeamos y empujón viene y va. La persona se marea (se disgusta) y mientras pelea con uno, otro la roba.

-La gente da papaya por vanidosa. ¿Por qué ir mostrando el celular bonito? -alega 'D'.

Con mujeres Son muchachos delgados; sin mucho músculo. Un empujón fuerte y al suelo, se diría.

-¿Planean las escapadas? -Usamos mucho los trancones. A veces no toca ni correr tanto, sólo disfrazarse: cambiarse de saco, de gorra. Y ya.

-¿Sólo roban en buses? -Nooo, en la calle también. Sumercé va con una cadenita, con el cuello abierto, y se le arranca; casi siempre por detrás. Uno se vuelve experto para saber qué es oro y qué no.

-En la calle hacemos el 'soplao': sacar billeteras de los bolsillos. Mientras uno la saca, el socio vigila al tipo. Y el 'bataneo', o sea el robo de aretes. Hay gente que lo hace sin romper la oreja. ¡Eso es arte! -Dice 'D' y sigue: "A veces también toca romper vidrios de carros. Con una bujía; la calentamos con el aliento y listo: un golpe tritura el vidrio".

Los muchachos se distraen. Saludan a una joven, lo que da pie para saber si en esto hay muchas mujeres.

-Sí, y son claves. Para mí lo mejor es robar con un compañero y una mujer -dice 'H'.

-Mire: usted ve a una pareja cogida de la mano, ¿va a desconfiar? No. La mujer ayuda, sobre todo si a quien vamos a robar es hombre. También se necesita buena pinta. Yo siempre voy con mis jeans bonitos, mis buenas zapatillas. De esa manera nadie se asusta.

"El ladrón nunca trabaja solo", dicen cuando se les pregunta si se han lanzado a robar en solitario. "No. Además vamos con una o dos pata'e cabras (navajas) bien encaletadas, que sirven para el quieto".

-¿Cómo es el quieto? -Pfff. Pues cuando uno le dice a la persona: ¡quieta! y se lleva todo. Eso ya es un poquito más violento -dice 'H'-, con cara como de disculpa.

-¿Usan armas de fuego? -Usé changones (escopetas de un tiro) el tiempo en el que atraqué busetas. Pero no más. Eran sobre todo para asustar.

Domingo de descanso Les gusta robar más de día que de noche. Aunque saben que la noche es propicia, "en las mañanas hay menos robos; eso es mejor". Lo hacen de lunes a sábado: "El domingo la plata no se ve". Y, como en todo, la suerte impera: -No todos los días se caza el tigre -dice 'D'-. Yo tengo mi agüero: si le doy al primero, al segundo, al tercer intento y nada, paro. Ese no es mi día.

-¿Cuánta plata hacen? -Cuando uno se 'enguaca', puede hacerse 200 ó 300 mil pesos en el día. Eso si nos robamos más de cuatro celulares y buenos bolsillos, por ejemplo.

-Pero uno de 'ratica' se conforma con los 50 mil pesos que logra con un celular. Uno no roba más de dos veces al día.

-¿Y en qué se la gastan? -Ya tenemos hijos y mujeres que mantener -dice 'D'.

-Pero también en vicio. Marihuana y basuco.

Al hablar de dónde venden lo robado, dan sitios concretos, muchos en el centro. Hablan de compraventas y personas particulares. Para los celulares tienen clientes fijos, si son modelos nuevos.

-Me da rabia cuando robo uno de esos huesos viejos. Lo tiro y lo reviento -reniega 'D'.

Se entusiasman tanto al hablar, que les pregunto si no entienden que robar es malo.

-Claro, pero no se piensa en eso. Uno se vuelve cínico.

'H' dice que "de pronto es tenaz robarle a alguien en un segundo lo que trabajó un mes. Pero aquí no se miran caras".

-¿Por qué roban? -Yo veía que los duros del barrio lo hacían. Fue sobre todo por tener respeto en el parche. Luego... la plata -dice 'D'.

-La primera vez robé para saber qué se sentía quitarle algo a alguien. Después, el dinero fácil queda gustando.

-¿Quieren salirse de esto? 'H' lo ha pensado: "Cansa que los tombos hostiguen".

Pero 'D' concluye: -El ladrón se hace ladrón. Difícil cambiar. Y yo ganando un sueldo mínimo, me muero.

Sólo alta tecnología "Me da rabia cuando veo que el celular que me robé es uno de esos modelos viejos. Lo tiro y lo piso. ¡Que compren buenos!" 'D', un raponero de 21 años.

MARÍA PAULINA ORTIZREDACTORA DE EL TIEMPO

Publicación
eltiempo.com
Sección
Justicia
Fecha de publicación
26 de agosto de 2006
Autor

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