En entrevista con EL TIEMPO, 'despellejó' a todo el mundo, pero no quiso hablar de su vida. "A Uribe, el poder absoluto lo ha enloquecido absolutamente", dijo.
La primera pregunta fue suya: ¿Y cómo está EL TIEMPO? Le respondà que bien, y le agregué un par de lugares comunes.
Sentado en una silla de apariencia cómoda, de cuero envejecido, pero sólida, se inclinó y recogió un ejemplar de EL TIEMPO que estaba en el piso. Lo miró y se quejó de que, tanto en cantidad como en calidad, habÃa carencias. Y lo dejó caer de nuevo con cierto aire de desinterés.
La entrevista no podÃa comenzar de otra manera. Recordé que estaba frente al Ãcono de la crÃtica al poder. Ese hombre de 61 años fundido en una extraña mezcla de timidez, inteligencia, vanidad y seducción, y rebelde como un niño malcriado.
La razón de la visita era indagar por qué si se habÃa ido huyéndole a las amenazas, retornaba ahora para ponerse al amparo de un Gobierno al que él mismo acusa de derechista y de no ser tolerante con sus opositores.
¿Por qué volvió a vivir a Colombia? Yo no me he ido. He estado aquà y allá. Siempre he ido y venido.
¿Por qué retornó precisamente en un gobierno al que usted acusa de derecha? A mà no me ha amenazado Uribe. Me amenazaron los organismos de seguridad del Estado y el Eln, pero como yo conozco eso, a los tres meses esas amenazas ya no están y uno vuelve.
¿Qué ha encontrado diferente? Nada. Todo sigue igual. ¿Qué quiere que le diga? Nos seguimos matando igual que antes. No me parece que algo haya cambiado de manera sustancial.
Vamos a la polÃtica: ¿Cree que Uribe tiene ganas de quedarse más de un segundo mandato? Tiene la intención de hacerlo, pero que lo consiga es distinto. La gente termina aburriéndose, dándose cuenta de las mentiras. Muchas de esas obras que Uribe ofrece en los consejos comunales no se hacen. El Presidente regaña en público a un ministro y le dice que se haga una carreterita, pero esas obras no se hacen. Y nadie dice nada.
¿Por qué dice que los medios de comunicación están arrodillados ante Uribe? Los periódicos, la televisión y los noticieros de la radio, en su conjunto, manejan una información declaradamente uribista, a favor de publicitar lo bueno e ignorar lo malo del gobierno. Para informarnos de lo que pasa hay que leer a los columnistas. Ellos son los que nos dicen que aparecieron ochenta fosas comunes junto a la finca de Uribe, no por ser suyas, por supuesto, sino porque en Córdoba abundan las fosas comunes, sin que por lo visto el Presidente se haya enterado.
Cuando se sabe que socios suyos, vecinos de finca, cercanos suyos tienen relaciones con paramilitares, finge asombrarse, se declara sorprendido. ¡Claro que yo no le creo! Pero de eso no nos enteramos ni por la prensa ni por la televisión. Por cuenta de esta situación lo que era comentario pasó a ser información y lo que era información pasó a ser comentario, es algo que me parece muy dañino.
¿Ha cambiado eso en relación con lo que ocurrÃa antes? SÃ, claro que sÃ. Y en buena parte se debe al monopolio creciente de información en Colombia. Solo hay un diario de circulación nacional. No existen sino dos grandes consorcios televisivos. Lo mismo pasa con la radio.
¿Entonces nadie está bien informado en Colombia? Yo no creo que un colombiano normal pueda estar bien informado asÃ. Quien quiera estar más o menos informado tiene que leerse un montón de periódicos, tiene que buscar mucho.
¿Qué tan grave es eso para la sociedad? Es muy dañino. Una sociedad mal informada, desinformada o contrainformada, que es donde se dicen mentiras sistemáticamente -y no es el caso solo de Colombia, también ocurre en Estados Unidos- tiene efectos nefastos.
Colombia ya es bastante violenta, injusta, inicua e invivible, el 80 por ciento de la gente tiene que salir a buscar la comida con un cuchillo entre los dientes, es lo bastante horrenda, como para que encima de eso no hagan más que contarle mentiras.
¿Cuáles pueden ser los efectos de decirle mentiras a una sociedad maltratada? Es una segunda infamia. Darle información falsa a una sociedad empobrecida, de una manera deliberada, hace que la injusticia se perpetúe.
¿Asistimos a un momento en el que el pragmatismo les ganó la batalla a las ideas? Terminada la segunda guerra mundial se pensó durante un tiempo que la violencia era un recurso extremo. Pero en los últimos 20 años ha sido un recurso inmediato. Aquà en Colombia mata más el que más tenga balas. Pueden ser las guerrillas, los narcoparamilitares o los narcotraficantes.
Pero es que usted siempre ha pensado que todo empeora cada dÃa más. ¿Es asÃ? Alguna vez Borges dijo, hablando de la violencia: "Me tocó vivir tiempos infames". A todo el mundo le ha tocado vivir tiempos infames y nosotros los estamos viviendo. Nos estamos matando bastante, pero también nos estamos multiplicando bastante.
¿Usted todavÃa cree que la guerrilla vive por la ideologÃa, o es un cartel de la droga? Ocurren las dos cosas. Las Farc y el Eln tienen componentes ideológicos. Y sobre todo polÃticos y sociales. Claro que el narcotráfico en Colombia ha dado para todo. Sostiene a la guerrilla, al paramilitarismo y al Ejército, porque los militares viven en buena parte del dinero que dan los Estados Unidos. Y ellos, los Estados Unidos, son los grandes beneficiados del narcotráfico, porque a sus bancos llega el 95 por ciento o algo asà del producto de este mercado.
Pero las Farc se corrompieron moralmente cuando descubrieron el secuestro. Ahà comenzó una etapa diferente. Las Farc dejaron de depender del Partido Comunista para que el Partido Comunista dependiera de las Farc, cuando descubrieron la mina de oro del secuestro. El secuestro es lo que más ha hecho corromper moralmente a las guerrillas en Colombia.
Usted vive criticando a los ricos. ¿Los ve como parte del conflicto? Son el motor de la guerra. Si en Colombia hay guerra, es por ellos. Pero le estoy hablando desde el descubrimiento de América. Es que aquà los ricos han querido mantener a los pobres en su pobreza.
¿Cómo percibe a Uribe? Uribe estaba bastante loco cuando llegó al poder. Y el poder absoluto lo ha enloquecido absolutamente. Es un hombre irrecuperable para la vida normal. Pero eso ocurre con todos ellos. Un tipo como Andrés Pastrana ya está completamente loco.
Si el poder enloquece, como usted dice, ¿entonces Castro, Chávez y Bush están todos locos? ¡Claro! Un tipo como Castro, con 50 años en el poder, está reloco. En el Otoño del Patriarca, el dictador creÃa que la gente lo adora. Eso mismo piensan Uribe, Chávez y Castro. Y eso creÃa Stalin.
La entrevista fluyó mientras el tema de la polÃtica estuvo sobre la mesa. Pero cuando las preguntas pasaron a su espacio personal, que era uno de los objetivos de la charla, Caballero reaccionó indignado.
Alcanzó a revelar, entre dientes, su edad. Pero rehusó responder cuánto le teme al computador, al celular, si es un hombre feliz, si es acomodado económicamente, si está enamorado y si piensa publicar pronto los cuentos que comenzó a escribir hace ya varios años.
-A quién le importa si soy feliz o no, si tiro o no.
Esas respuestas no dieron tiempo a preguntarle, por ejemplo, qué hacÃa en el escaparate un libro titulado: En busca de la paz interior.
EDULFO PEÑAREDACTOR DE EL TIEMPO
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