El ex presidente finalizó su trabajo de 9 meses con la consecución de una partida mayor en el presupuesto de E.U. del próximo año.
Aunque a simple vista fue poco lo que alcanzó a cosechar, una mirada profunda a su gestión demuestra que Pastrana y el equipo que conformó procuraron cambiar las reglas de juego con Washington en un esfuerzo por garantizar el flujo de la ayuda estadounidense en los años por venir.
Si lo logró, o fracasó en su intento, es algo que solo el futuro se lo revelará a la canciller Carolina Barco, su reemplazo, que toma posesión del cargo a partir de hoy. Este es el balance.
De capa caída Si algo hay de cierto en todo este episodio es que cuando Pastrana llegó a la ciudad, a finales de octubre del año pasado, el interés estadounidense por Colombia venía de capa caída. Tras cinco años de Plan Colombia y más de 3.500 millones de dólares invertidos, E.U. estaba listo para comenzar a "distanciarse" de su compromiso. El fenómeno había sido hasta bautizado con un nuevo término: "Colombiafatiga".
En consecuencia, el tema de discusión tanto en el Congreso como en el departamento de Estado era el de la "colombianización" de la ayuda. En otras palabras, que el país comenzara a asumir parte de los gastos que E.U. venía financiando. De hecho, en un documento conjunto elaborado por ambos países para trazar los derroteros del Plan Colombia en su segunda fase -del 2006 al 2010-, el gobierno de Álvaro Uribe se comprometía al desmonte gradual.
El mismo presidente, cuando visitó Washington en diciembre del año pasado, se los confirmó a varios de los legisladores con los que se reunió. Pero para Pastrana y su entorno esto era un error.
Parte de la causa de la fatiga, dicen fuentes diplomáticas, es que con los años la ayuda se había concentrado en la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo, dejando a un lado su componente social y de desarrollo.
"La afinidad entre el presidente George W. Bush (republicano) y Uribe, y el mundo que siguió a los atentados del 9-11 hacían de este el camino más fácil. Pero en el proceso se terminó por marginar al partido demócrata cuyos miembros, con el ex presidente Bill Clinton a la cabeza, habían sido los artífices originales del Plan", anota otra fuente.
La tarea, entonces, era recuperar el bipartidismo frente al tema colombiano. Y para lograrlo había que seducir nuevamente a los demócratas. El primer paso fue recoger el documento para la segunda fase del Plan y elaborar uno nuevo que hiciera énfasis en el desarrollo económico de un país que debía ser el ancla estadounidense en una región inestable y sacudida por los avances del presidente Hugo Chávez en Venezuela. Y recordar que, de no hacerlo, los avances logrados podían deshacerse y Colombia podía regresar a sus años de virtual "narcodemocracia".
Durante varios meses, Pastrana y compañía visitaron a más de 100 legisladores -en su mayoría demócratas-, con este argumento en mano. El primer efecto de la estrategia llegó con la aprobación en la Cámara de Representantes del presupuesto para el año 2007 en el que se incluyeron más de 30 millones en ayuda adicional para desarrollo y reforma judicial y se realizaron una serie de ajustes que permitirán que Colombia tenga más juego a la hora de decidir en qué se invierte la ayuda estadounidense. Aunque el conteo de los votos demostró que todavía hay mucho demócrata que se opone a la ayuda, los cambios arrastraron a una decena de legisladores que antes hubiesen votado en contra.
Fondos y cambios que aún deben ser aprobados por el Senado, pero que Pastrana se atribuye desde ya. En el Congreso coinciden en que la gestión de Pastrana fue importante en este paso, pero se lo atribuyen también al presidente del Comité de Apropiaciones para las Operaciones Extranjeras Jim Kolbe.
Kolbe, que se retira este año, quiso dejar como legado una política hacia Colombia que sobreviva los embates del tiempo y las nuevas prioridades que han surgido en la política exterior de E.U.
El trabajo, sin embargo, quedó a medio hacer. Según fuentes cercanas a Pastrana, E.U. les había garantizado que bajo este nuevo enfoque, la ayuda se preservaría intacta unos tres años más: es decir, 2007, 2008 y 2009. Pero funcionarios consultados por EL TIEMPO en la administración Bush indican que los primeros recortes -alrededor de 50 millones o más- se verán en el presupuesto del 2008, que se presenta al Congreso en enero del año entrante.
La gran frustración para Pastrana, sin duda, fue el Tratado de Libre Comercio. Cuando asumió en octubre, el cálculo era que para diciembre se cerrarían las negociaciones, lo que garantizaba su aprobación en el primer semestre del año. Pero todo se retrasó y a estas alturas su suerte es incierta. Incluso, si los demócratas recuperan el control del Congreso en las elecciones de noviembre próximo, podría tardarse varios años antes de ser aprobado y con la de que los beneficios comerciales -cero arancel a más de 1000 productos- que se le concedían a Colombia a través del ATPDEA, expiran este 31 de diciembre.
Si el TLC sale, se preservan los beneficios del ATPDEA, y se garantiza la ayuda sin recortes unos cuantos años más, la gestión de Pastrana habrá pasado el examen. De lo contrario, no faltará quien añore "los años maravillosos" del ex embajador y actual presidente del BID., Luis Alberto Moreno.
SERGIO GÓMEZ MASERICorresponsal de EL TIEMPOWashington
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